A mediados de 1934
una periodista norteamericana llamada Emma Reh entregó
al arqueólogo Alfonso Caso (en ese entonces
director del Museo Nacional de Arqueología,
Historia y Etnografía) un códice que
ella había recibido de manos de un comerciante
español, con el objeto de venderlo al mejor
precio posible. El dueño del manuscrito, Félix
Muro, quien vivía en la ciudad de Oaxaca, pretendía
obtener el equivalente a 300 dólares en moneda
nacional pero, en el caso de que Reh no pudiese venderlo,
pedía que se lo regresara en poco tiempo.
Después de que Emma Reh depositó el
códice en el museo (desobedeciendo las órdenes
del propio Muro, quien le había dicho que no
lo llevara ahí, porque seguramente no iban
a poder comprarlo), Caso ordenó una investigación
sobre el lugar de origen del manuscrito, ya que si
lograba comprobar que el códice provenía
de un archivo oficial, lo iba a decomisar. El encargado
de dicha investigación fue Esteban Avendaño,
quien fungía como guardián de ruinas
arqueológicas de la Mixteca en el poblado de
Nochixtlán, Oaxaca.
Mientras daba comienzo la investigación, Caso
recibió una carta desde Oaxaca de Félix
Muro, en la cual le reclamaba que hubiera tomado el
documento de su propiedad, además de indicarle
que, si no le interesaba el códice, se lo debía
devolver. Al poco tiempo, Caso responde a Muro, le
dice que está esperando el dictamen de los
peritos del Museo Nacional para comprobar su autenticidad
y, con base en ello, resolver si se realiza la compra
del manuscrito que, desde luego, tenía que
ser a un precio considerable. Sin embargo, Félix
Muro no toma en cuenta la proposición de Caso
y le pide 1 000 pesos por el códice y, en caso
de no quererlo, que se lo devuelva a la brevedad posible
por correo certificado, pues le reitera que él
es el propietario.
Caso escribe a Muro para decirle que ya tiene autorizada
la compra del códice en 400 pesos, pero que
si no acepta venderlo en tal cantidad, él,
Muro, sería el único responsable de
que el manuscrito saliera del país, pues sólo
tendría el documento en sus manos con una autorización
legal que lo comprometiera a conservarlo en perfecto
estado.
Durante ese lapso, Caso comienza a recibir información
de Esteban Avendaño, quien le notifica que
ha podido comprobar que ese códice es el mismo
que se intentó vender desde octubre de 1933
en la ciudad de Tlaxiaco. De acuerdo con las indagaciones
de Avendaño, el códice estaba en manos
de un indígena que quería venderlo al
señor Manuel Recalde, un empleado que trabajaba
en la casa de los Muro en Tlaxiaco. El indígena
no pudo hallar a Recalde, pues éste se había
ido a la ciudad de Oaxaca, y entonces le mostró
el documento a Leonardo Muro (hermano de Félix),
quien al no encontrarle interés se lo devolvió
al indígena para que fuera a buscar a Recalde.
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