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Padecimientos
que dejan huella en el esqueleto
La paleopatología registra la antigüedad,
la evolución, la expresión y el desarrollo
de las enfermedades óseas a lo largo del tiempo,
y examina cómo los seres humanos han reaccionado
ante los padecimientos en diferentes circunstancias de
su medio ambiente bio-eco-cultural. Proporciona evidencia
primaria acerca del estado de salud de grupos del pasado
y es un campo que incluye la investigación multi
e interdisciplinaria y contribuye al conocimiento del
ser humano. La historia de las enfermedades y el análisis
de los cambios en los padecimientos a lo largo del tiempo
y el espacio es una labor muy compleja, que puede ser
de utilidad en la interpretación de problemas de
salud actuales, y en su predisposición.
La investigación de evidencias primarias de lesiones
en los esqueletos y momias, así como de los datos
secundarios, por medio de fuentes documentales e iconográficas
es la base para el examen paleopatológico.
Este tipo de estudios permite conocer las condiciones
y características de los cambios óseos cuando
no hay influencia de medicamentos, como los antibióticos
y los antivirales. Algunas enfermedades reconocidas en
esqueletos de poblaciones desaparecidas muestran las mismas
características físicas que tienen actualmente.
Los agentes patógenos son en general los mismos
y son las frecuencias de la prevalencia de enfermedades
y los diferentes patrones geográficos los que se
han modificado a lo largo del tiempo. La globalización
ha dispersado las enfermedades, a veces con efectos devastadores.
Los cambios en el ecosistema han eliminado algunas enfermedades
y han hecho que otras se incrementen a nivel local.
Las investigaciones paleoepidemiológicas han ido
más allá de un diagnóstico; se trata
de identificar los procesos que condujeron a esa modificación
ósea o condición patológica, en términos
de prácticas sociales que las pudieron haber provocado.
Los cambios óseos por enfermedades representan
una adaptación, ya sea formando hueso, destruyéndolo
o ambos procesos mezclados. La ausencia de anormalidades
no necesariamente implica una constitución sana,
puede ocurrir que en algunos sujetos la muerte no permita
su expresión. Así, la ausencia de evidencia
no significa en todos los casos que no hubiera enfermedades.
Los métodos de estudio son múltiples e interdisciplinarios.
La observación macroscópica de las alteraciones
esqueléticas anormales, su descripción y
distribución son prerrequisitos para el diagnóstico
del proceso patológico. Además del examen
macroscópico, son de gran ayuda la imagenología
(radiografía convencional, ortopantomografía,
radiografía digital, tomografía computarizada
y tomografía combinada con análisis computarizado
para reconstrucción tridimensional), los análisis
histológicos y microscópicos (ópticos,
electrónicos de transmisión, de barrido,
de fuerza atómica, de espectroscopía de
la energía dispersiva de los rayos X), así
como los análisis químicos (isótopos
estables, elementos traza) y moleculares (pcr).
En el reconocimiento y diagnóstico de las enfermedades
óseas existe el problema de que en los esqueletos
gran parte de la información ha desaparecido, al
perderse las partes blandas, lo cual hace imposible medir
directamente los cambios fisiológicos, que son
los evualuados por un médico mediante análisis
clínicos. La imposibilidad de medir directamente
los cambios fisiológicos nos remite a indicadores
secundarios que dejan su huella en el hueso y los dientes.
Hay muchas limitaciones para este tipo de investigaciones,
ya que lo que vemos en los huesos son lesiones, no enfermedades.
Así, sólo es posible estudiar las huellas
de enfermedades con una larga duración que sí
dejan evidencia en los huesos –es decir, degenerativas
o crónicas, que permiten la evolución de
diferentes modificaciones del tejido óseo–,
y los rastros de los sucesos traumáticos, como
las fracturas. Sin embargo, en la mayoría de los
casos, por ahora, no es posible distinguir la causa de
muerte.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN
IMPRESA
_____________________
• Josefina Mansilla
Lory. Doctora en antropología física por
la unam. Investigadora de
la Dirección de Antropología Física
del inah, en donde coordina
los proyectos “Estudio de las agresiones ambientales
(estrés) en poblaciones desaparecidas de México”
y “Las momias de México”. Especialista
en estudios sobre poblaciones desaparecidas.
• María Elena
Salas Cuesta. Maestra en ciencias antropológicas,
con especialidad en antropología física.
Investigadora de la Dirección de Antropología
Física del inah, en
donde coordina el proyecto “Rasgos no-métricos
o discontinuos en cráneos prehispánicos
y coloniales (parentesco)”. |