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Tlatelolco

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El Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco DOCUMENTOS: Códice Osuna
Caja de agua del Colegio de la Santa Cruz PIEZA: Máscara ceremonial de Tlatilco

Antropología física Experiencias de vida
en vestigios humanos

Parte 2
Josefina Mansilla Lory, María Elena Salas Cuesta

Como especialidad de la antropología física, la osteología antropológica busca el conocimiento integral del hombre
en su contexto bio-eco-cultural a lo largo de su historia.

La paleopatología registra la antigüedad, la evolución, la expresión y el desarrollo de las enfermedades óseas a lo largo del tiempo, y examina cómo los seres humanos han reaccionado ante los padecimientos en diferentes circunstancias de su ambiente bio-eco-cultural. Cráneo con treponematosis, enfermedad causada por treponemas o espiroquetas.
Foto: Boris de Swan / Raíces

Padecimientos que dejan huella en el esqueleto
La paleopatología registra la antigüedad, la evolución, la expresión y el desarrollo de las enfermedades óseas a lo largo del tiempo, y examina cómo los seres humanos han reaccionado ante los padecimientos en diferentes circunstancias de su medio ambiente bio-eco-cultural. Proporciona evidencia primaria acerca del estado de salud de grupos del pasado y es un campo que incluye la investigación multi e interdisciplinaria y contribuye al conocimiento del ser humano. La historia de las enfermedades y el análisis de los cambios en los padecimientos a lo largo del tiempo y el espacio es una labor muy compleja, que puede ser de utilidad en la interpretación de problemas de salud actuales, y en su predisposición.
La investigación de evidencias primarias de lesiones en los esqueletos y momias, así como de los datos secundarios, por medio de fuentes documentales e iconográficas es la base para el examen paleopatológico.
Este tipo de estudios permite conocer las condiciones y características de los cambios óseos cuando no hay influencia de medicamentos, como los antibióticos y los antivirales. Algunas enfermedades reconocidas en esqueletos de poblaciones desaparecidas muestran las mismas características físicas que tienen actualmente. Los agentes patógenos son en general los mismos y son las frecuencias de la prevalencia de enfermedades y los diferentes patrones geográficos los que se han modificado a lo largo del tiempo. La globalización ha dispersado las enfermedades, a veces con efectos devastadores. Los cambios en el ecosistema han eliminado algunas enfermedades y han hecho que otras se incrementen a nivel local.
Las investigaciones paleoepidemiológicas han ido más allá de un diagnóstico; se trata de identificar los procesos que condujeron a esa modificación ósea o condición patológica, en términos de prácticas sociales que las pudieron haber provocado.
Los cambios óseos por enfermedades representan una adaptación, ya sea formando hueso, destruyéndolo o ambos procesos mezclados. La ausencia de anormalidades no necesariamente implica una constitución sana, puede ocurrir que en algunos sujetos la muerte no permita su expresión. Así, la ausencia de evidencia no significa en todos los casos que no hubiera enfermedades.
Los métodos de estudio son múltiples e interdisciplinarios. La observación macroscópica de las alteraciones esqueléticas anormales, su descripción y distribución son prerrequisitos para el diagnóstico del proceso patológico. Además del examen macroscópico, son de gran ayuda la imagenología (radiografía convencional, ortopantomografía, radiografía digital, tomografía computarizada y tomografía combinada con análisis computarizado para reconstrucción tridimensional), los análisis histológicos y microscópicos (ópticos, electrónicos de transmisión, de barrido, de fuerza atómica, de espectroscopía de la energía dispersiva de los rayos X), así como los análisis químicos (isótopos estables, elementos traza) y moleculares (pcr).
En el reconocimiento y diagnóstico de las enfermedades óseas existe el problema de que en los esqueletos gran parte de la información ha desaparecido, al perderse las partes blandas, lo cual hace imposible medir directamente los cambios fisiológicos, que son los evualuados por un médico mediante análisis clínicos. La imposibilidad de medir directamente los cambios fisiológicos nos remite a indicadores secundarios que dejan su huella en el hueso y los dientes.
Hay muchas limitaciones para este tipo de investigaciones, ya que lo que vemos en los huesos son lesiones, no enfermedades. Así, sólo es posible estudiar las huellas de enfermedades con una larga duración que sí dejan evidencia en los huesos –es decir, degenerativas o crónicas, que permiten la evolución de diferentes modificaciones del tejido óseo–, y los rastros de los sucesos traumáticos, como las fracturas. Sin embargo, en la mayoría de los casos, por ahora, no es posible distinguir la causa de muerte.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Josefina Mansilla Lory. Doctora en antropología física por la unam. Investigadora de la Dirección de Antropología Física del inah, en donde coordina los proyectos “Estudio de las agresiones ambientales (estrés) en poblaciones desaparecidas de México” y “Las momias de México”. Especialista en estudios sobre poblaciones desaparecidas.
María Elena Salas Cuesta. Maestra en ciencias antropológicas, con especialidad en antropología física. Investigadora de la Dirección de Antropología Física del inah, en donde coordina el proyecto “Rasgos no-métricos o discontinuos en cráneos prehispánicos y coloniales (parentesco)”.

ESPECIAL 28
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NÚMERO 94
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