LA GRAN INUNDACIÓN
DE 1629
Bernardo García Martínez

Este biombo,
titulado La mui noble y leal ciudad de México
y pintado hacia 1690 por Diego Correa, nos muestra
a la ciudad de México desde el poniente
(con el sur a la derecha) sesenta años
después del momento que estudiamos aquí.
Compárese esta vista con la de Gómez
de Trasmonte, de 1628, reproducida más
adelante. Óleo sobre tela. 582 x 200 cm.
Museo Nacional de Historia (MNH), Chapultepec,
ciudad de México.
Foto: Marco Antonio Pacheco
/ Raíces
La
ciudad colonial de México prosperó
a pesar de las dificultades que le planteaba su
entorno natural en medio de un lago. Llegó
un momento en que su situación se hizo
casi insostenible, pues quedó inundada
por varios años. Se propuso mudarla a la
ribera del lago, donde tendría un asiento
más favorable, pero se impuso el punto
de vista de quienes querían dejarla en
su lugar original.
La
ciudad de México está situada, como
es bien sabido, en una cuenca cerrada por naturaleza,
es decir, en un recinto fisiográfico cuyas
aguas no tienen salida natural hacia tierras más
bajas y el mar. El que dicha cuenca sea conocida
comúnmente como Valle de México
es inexacto desde el punto de vista geomorfológico,
pero esa pequeña violencia al purismo en
las expresiones es aceptada por casi todos. Además,
la cuenca ya no es cerrada pues se le han abierto
salidas artificiales por las cuales fluye el agua
que se desea extraer. El que se haya hecho violencia
a la naturaleza es algo también generalmente
aceptado, o al menos rara vez cuestionado.
Casi todas las cuencas cerradas suelen albergar
cuerpos de agua, resultado de las precipitaciones
y escurrimientos de las laderas, los cuales tienden
a ser salobres cuando su limitada circulación
se combina con un suelo de naturaleza salina.
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