En los relieves y pinturas
murales de la Parroquia de San Miguel Arcángel
de Ixmiquilpan los pintores indígenas dejaron
una constancia clara de su culto solar ancestral,
el cual está vinculado con la ideología
de la guerra sagrada.
Los otomíes del municipio
de Ixmiquilpan (quienes se autonombran hñähñu)
conservan una rica tradición que incluye
aspectos esenciales de la antigua cosmovisión
mesoamericana. Una parte importante de este patrimonio
es el profundo respeto hacia las fuerzas naturales,
entre ellas Zidada Hyadi, el venerado padre
Sol, quien comparte su nombre con la deidad
cristiana, introducida por los españoles
hace cinco siglos: Zidada Hesu, venerado
padre Jesús. Asimismo el nombre otomí
de la Luna, Zinänä (venerada madre),
se extiende a la Virgen María.
Los antepasados de los ixmiquilpenses dejaron
constancia de sus tradiciones culturales en los
muros y bóvedas de la iglesia parroquial
de San Miguel, levantada durante la segunda mitad
del siglo XVI bajo la supervisión de misioneros
de la Orden de San Agustín. La decoración
original del templo combina motivos del Renacimiento
con otros elementos propios del lenguaje visual
de los antiguos habitantes del Centro de México.
No es raro encontrar signos pictóricos
indígenas en la decoración de los
conventos novohispanos del siglo XVI; sin embargo,
las pinturas de Ixmiquilpan son únicas
por la manera en que presentan un conjunto temático
de signos indígenas, estructurados con
coherencia, en los muros de un templo cristiano.
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