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Instrumentos
musicales como idiófonos, membranófonos
y aerófonos de esencia divina, fueron
utilizados para fundar ciudades, investir gobernantes,
nombrar pueblos y personas, ataviarse, cantar
poesía, hacer fiestas y sacrificios, ir
a la guerra y honrar a los muertos.
En ozomatli (mono), el undécimo
signo de los días, hay un personaje divinizado,
con cabeza de tortuga y atributos de los dioses
de la lluvia, que toca el tecciztli (a) y el huéhuetl
(b). Códice Borgia, p. 24
Reprografía: Boris
de Swan / Raíces
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Los
instrumentos mesoamericanos pertenecen a los dos grupos
de percusión: idiófonos y membranófonos,
así como a las distintas formas de aerófonos.
La existencia de cordófonos, como el arco musical
(arma de caza y guerra), no se ha demostrado por falta
de pruebas arqueológicas concluyentes. Se presenta
una selección de los instrumentos conocidos.
Los
idiófonos
Son instrumentos musicales cuyo generador de sonido
es el propio cuerpo que vibra. El chicahuaztli
es un idiófono que suena con un golpe indirecto
de sacudimiento, descrito como “palo de sonajas”.
Simbolizaba el rayo solar que fertilizaba la tierra.
Era la insignia de Xipe Tótec, el dios de la
fecundidad de la tierra. En los amoxtin (códices)
está pintado con variantes de forma, tamaño
y color, como atributo de otros dioses –los del
maíz, la muerte, el viento, la vida y los de
la lluvia, así como de la diosa de las aguas
que corren, la medicina y el maíz tierno. Como
símbolo de la fecundidad, se representa erguido
entre la primera pareja humana bajo una manta. En las
excavaciones del Templo Mayor se localizaron dos ejemplares.
El ayauhchicahuaztli, “sonaja o sonajas
de niebla”, descrito como tabla con sonajas, procuraba
mágicamente la lluvia en la fiesta de etzalcualiztli,
“comida de maíz cocido”. En la fiesta
de ochpaniztli, “barrido de caminos”,
un sacerdote lo ejecutaba junto con un danzante y tres
instrumentistas ante Xilonen, “la diosa del maíz
tierno”. Con este instrumento “llevan a
Acatonal al Tlalocan”, dice el himno a Tláloc.
En el Templo Mayor se localizó la punta roja
de un ejemplar asociado con Xipe Tótec.
El teponaztli es un idiófono de golpe
directo, hecho de un tronco de madera ahuecado, con
dos lengüetas en la parte superior que forman una
H en sentido longitudinal. Se tocaba con dos baquetas
con punta de hule llamadas ólmaitl.
El teponazoani lo ejecutaba de dos formas:
sentado en el piso, colocaba el instrumento sobre un
rodete de zacate o tule trenzado; de pie, lo colocaba
sobre un soporte de madera con o sin rodete. Los mayas
lo nombraron tunkul; los mixtecos, qhu;
los zapotecas, nicàche; los otomíes,
nobiuy; y los tarascos, cuiringua.
Su elaboración evidencia conocimientos musicales
que rebasan un nivel primario, ya que las dos lengüetas
de ejemplares conservados producen sonidos afinados
con intervalos musicales de segunda mayor, tercera mayor
o menor, cuarta o quinta. Hay quince ejemplares en el
Museo Nacional de Antropología, con apariencia
zoomorfa y humana.
El teponaztli se tocaba en los honores que
hacían los viejos, cantando y bailando, a los
guerreros principales muertos en la guerra o capturados
para el sacrificio, como el guerrero Huitznáhuatl
en la derrota de los mexicas ante los tarascos. Marcaba
el son de muchos cantos y danzas de la comunidad. Daba
el nombre a una clase de cantos llamados teponazcuícatl,
“canto al son del teponaztli”.
Se utilizó como piedra de sacrificio de cautivos,
después de una escaramuza en la fiesta de panquetzaliztli,
“levantamiento de banderas”.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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• Mtro. Luis Antonio Gómez
G. Investigador del Centro Nacional de Investigación,
Documentación e Información Musical “Carlos
Chávez” del INBA, México. Realiza
investigación sobre iconografía musical
prehispánica.
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