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La mitología mesoamericana
está poblada por innumerables seres sobrenaturales,
muchos de ellos poco conocidos. Uno de éstos
es el jaguar iguana –representado en la magnífica
pieza que aparece en la portada del núm.
75 de Arqueología Mexicana–, que es
la tapadera de una fuente policroma maya del Clásico
Temprano, que formó parte de una ofrenda
depositada en la Estructura IX de Becán,
Campeche. La pieza ha sido descrita y analizada
por Luz Evelia Campaña, Silviane Boucher
y Yoly Palomo en el núm. 56 de Arqueología
Mexicana y en la memoria de la IV Mesa Redonda de
Palenque. En esta nota quiero señalar su
extraordinario paralelo con esculturas realizadas
en el estilo Cotzumalguapa, de la costa sur de Guatemala,
que, en mi opinión, representan a la misma
criatura.
El animal representado en la tapadera de Becán
se reconoce como una iguana por su larga cola puntiaguda,
sus garras muy estiradas y la cresta sobre la cabeza.
Como lo han indicado Campaña, Boucher y Palomo,
el sombreado con rayas del cuerpo seguramente representa
la piel escamosa, que debió ser verde originalmente.
El cuerpo, las extremidades y la cola están
delineados por una banda delgada con la orilla roja,
surcada por líneas transversales, convención
ampliamente utilizada para representar la piel del
vientre de los reptiles. En la cabeza se combinan
los atributos de los dos animales: la piel escamosa,
la boca alargada y la cresta pertenecen a la iguana,
pero la nariz y especialmente las orejas redondas,
con pequeñas manchas negras en la base, son
de jaguar.
En la tapadera de Becán, el jaguar iguana
ejecuta una verdadera carnicería. Los torsos
cercenados de tres víctimas, probables personajes
mitológicos, yacen con los brazos extendidos
y los ojos cerrados, mientras la sangre brota de
su cintura en gruesas volutas. La víctima
central está tendida en medio de un flujo
de sangre que chorrea de las fauces abiertas del
jaguar iguana, las cuales sujetan una cabeza decapitada.
El ojo desorbitado completa el aspecto pavoroso
de este animal, notoriamente asociado con el sacrificio
humano.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Oswaldo Chinchilla Mazariegos. Arqueólogo.
Doctor en antropología por la Universidad
de Vanderbilt. Curador del Museo Popol Vuh, Universidad
Francisco Marroquín, y catedrático
en la Universidad de San Carlos, Guatemala. Realiza
investigaciones en la zona de Cotzumalguapa desde
1994.
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