| Antes
de la conquista española los pueblos mesoamericanos,
y algunos de sus vecinos, practicaban juegos con el balón
y también con la pelota. (Según el Diccionario
del uso del español de María Moliner,
“pelota” se define como “bola de material
elástico, hueca o maciza, que se emplea para jugar”;
“balón” se define como “pelota
grande para jugar; particularmente la de futbol”.
Aunque actualmente los balones son huecos, en tiempos
prehispánicos eran macizos.) Se distinguía
perfectamente entre los diferentes juegos, así
como nosotros no corremos el riesgo de confundir el beisbol
con el tenis o el jai alai con el futbol. Por lo tanto,
debemos abandonar la desafortunada costumbre de hablar
en singular del juego de pelota mesoamericano. Pelota
y balón designan objetos de tamaño y función
diferentes; la pelota puede asirse con la mano y en principio
no excede el volumen de una toronja. Cuando los jugadores
utilizaban el cuerpo para lanzar o golpear, sólo
se les permitía hacerlo con la cadera, el pecho,
el antebrazo y las manos. También podían
servirse de un instrumento semejante a un bastón,
un mazo o ponerse un guante para golpear el balón,
o para aventar y recibir la pelota. El juego se podía
llevar a cabo tanto en una cancha especialmente construida
como en algún lugar improvisado; en este último
caso, se empleaban metas o marcadores móviles,
o simples rayas trazadas en el suelo podían bastar.
El número de jugadores variaba y se formaban dos
equipos. Es posible que en algunos juegos, los participantes
jugaran de manera individual. Con frecuencia usaban protecciones
acolchadas que les ayudaban a soportar el golpe de la
pelota o del balón, o para atenuar el inevitable
contacto con el suelo a causa de ciertos movimientos.
Según parece, esos juegos eran brutales e incluso
peligrosos. Se concedía un lugar importante al
ritual, con ceremonias y sacrificios –antes o después
del partido–, en las competencias deportivas. A
determinados juegos se han asociado objetos simbólicos
(yugos, hachas, palmas, manoplas, piedras perforadas,
etc.), que pueden haber desempeñado un papel activo
–todavía en discusión– en el
desarrollo del partido.
Hemos dado un lugar muy importante (¿desmesurado?)
al juego de balón impulsado con la cadera (ulama
de cadera), que se jugaba en canchas especialmente construidas
con esta finalidad, de las que hoy se conocen los vestigios
de aproximadamente 1 600. Si bien la arqueología
permite apreciar la distribución espacial y temporal
de las canchas y por tanto del juego de balón,
la importancia de los otros juegos todavía está
por determinarse. En algunos sitios había varias
canchas que pertenecen a la misma época, pero son
diferentes. ¿Se practicaban otros juegos de los
que no quedaron huellas? Aunque siga aumentando el inventario
de las canchas en toda Mesoamérica y se acumulen
las imágenes de diversos juegos de pelota y balón,
nuestras lagunas continuarán siendo inmensas. Estamos
lejos todavía de la elaboración de una tipología
satisfactoria para esos juegos, así como de retrazar
su distribución en el tiempo y en el espacio, y
aún más de conocer las respectivas reglas
o de determinar los actores y lo que estaba en juego.
Las finalidades o funciones de esos juegos rara vez se
mencionan: representación de un episodio mítico,
alegoría cósmica, espectáculo, deporte,
pelea simulada, ocasión para apostar, etc. En numerosas
ocasiones se ha observado la asociación del juego
con el sacrificio humano, aunque sin comprender bien la
naturaleza de la relación entre estos dos ritos.
En este artículo sugerimos que el juego de balón
con bates y bastones, tal como está pintado en
el mural 2 del pórtico 2 de Tepantitla, Teotihuacan
–junto con otros juegos, entre ellos el ulama de
cadera–, tenía la función esencial
de hacer la selección de las víctimas para
los sacrificios.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
Traducción: Luz María
Santamaría.
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Claude-François Baudez.
Director de investigación honorario del Centre
National de la Recherche Scientifique de Francia. Ha realizado
investigaciones arqueológicas en Costa Rica, Hoduras
y México. |