arqueología mexicana
LOS VOLCANES DE MÉXICO

ÍNDICE 95 Mitos y sueños de los volcanes
DOSIER: Los volcanes en México Los volcanes en el arte.
El entorno volcánico en México ARQUEOLOGÍA: Guerreros de Nayarit
Simbolismo de los volcanes La producción de objetos de concha.Xochicalco
Los grandes volcanes y la arqueología PIEZA: El tlalpanhuéhuetl de Malinalco
El memorial a Motecuhzoma II MITOS Y CUENTOS: Nacimiento del Sol y la Luna 1
José Luis Lorenzo y los glaciares HISTORIAS DE CÓDICES: El Códice Vindobonensis
El Popocatépetl y la lluvia de fuego DOCUMENTOS: Códice Moctezuma

Mitos y sueños de los volcanes
Julio Glockner

Cada hombre descubre lo que estaba espiritual
y culturalmente preparado para descubrir.
M. Eliade

¿Qué tienen que decirnos los mitos de los volcanes a nosotros, gente de la ciudad? ¿Qué tienen que decirnos los campesinos que los han repetido durante siglos y que sueñan con las montañas convertidas en personas? En primer lugar que los volcanes están vivos y con ellos el cosmos entero. Que esa vida es un don que se nos obsequia y que muy pocas veces sabemos apreciar.

En la perspectiva mítica los volcanes son personas y montañas simultáneamente porque se trata de inmensos cuerpos naturales en los que ha irrumpido lo sagrado, en los que se asienta y personifica un espíritu que está abierto a la comunicación onírica y ritual con los humanos, con aquellos que han sido elegidos desde “Lo Alto” para tal tarea. Gregorio Popocatépetl y Rosita Iztaccíhuatl.
Foto: Julio Glockner

En Mesoamérica el mundo fue concebido como un ámbito sagrado. Los humanos, los animales, las plantas, pero también la tierra, el agua, el cielo y las montañas poseían algo más que su sensible materialidad: tenían un espíritu, una entidad anímica con la cual era posible comunicarse a través de los sueños, mediante visiones inducidas por trances extáticos o por medio de la oración y la actividad ritual. El milenario culto a los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl corresponde a esta cosmovisión y algunos de sus componentes han llegado hasta nuestros días debido a un profundo mestizaje cultural con el cristianismo traído a estas tierras por los conquistadores europeos. El antiguo culto a Tláloc, señor de la lluvia, el rayo y las tormentas, estrechamente vinculado con el culto a Chalchiuhtlicue, señora de los ríos, los manantiales y las lagunas, hoy se ha transformado, mediante un complejo proceso de aculturación que recoge elementos tanto del periodo colonial como del México moderno, en un culto a Gregorio Popocatépetl y Rosita Iztaccíhuatl.

En el principio fue el mito…
Los mitos son relatos de carácter sagrado que nos hablan del origen del cosmos y de las cosas y seres que lo habitan. El mito de la diosa Tlaltecuhtli refiere la existencia de este ser fantástico que caminaba por las aguas primigenias y en todas las coyunturas tenía ojos y bocas con las que mordía salvajemente. Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, convertidos en serpientes, la partieron en dos y con ambas mitades hicieron la tierra y el cielo. Entonces descendieron los demás dioses y para compensar el daño que se había infligido a Tlaltecuhtli, hicieron de sus cabellos y su piel árboles, flores y yerbas; de sus ojos pozos, fuentes y pequeñas cuevas; de la boca ríos y cavernas grandes, de la nariz valles y montañas. Para calmar su llanto y conseguir que rindiera frutos había que alimentarla con sangre humana.
Este mito de origen permite entender algunos aspectos de los rituales que se llevan a cabo en las laderas de los volcanes, a más de 4 000 m de altura. Rituales que presuponen la existencia de un Espíritu de la Montaña, llamado Gregorio Popocate-petzintli, con quien se establece una relación ceremonial de reciprocidad para obtener de él buenas lluvias que permitan cosechas abundantes. A cambio, los campesinos, por medio de sus especialistas en el manejo mágico del clima, entregan flores, música, copal, bebida, comida y eventualmente alguna vestimenta y adornos personales. Entre la comida que los campesinos de Xalitzintla, Puebla, ofrendan al volcán y a los espíritus de otras montañas, destaca la sangre de un guajolote sacrificado durante el ritual de petición de lluvias, sangre que se deposita en un recipiente al pie de las cruces que presiden el lugar sagrado conocido como El Ombligo. Como su nombre lo sugiere, se trata de un Centro del Mundo, un sitio desde donde es posible establecer comunicación con el mundo celeste de las deidades y con los antepasados que habitan en el inframundo. Para preservar su carácter de relato sagrado, el mito debe mantener un vínculo con una ritualidad que le permite actualizarse constantemente, cuando ese vínculo desaparece el mito inicia su degradación hasta convertirse en leyenda o cuento.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Julio Glockner Rossainz. Investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla. Su último libro, en colaboración con otros autores: La realidad alterada. Drogas, enteógenos y cultura (2006). Trabaja en el proyecto: “Enteógenos y chamanismo”.







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