Cada hombre descubre
lo que estaba espiritual
y culturalmente preparado para descubrir.
M. Eliade
¿Qué
tienen que decirnos los mitos de los volcanes
a nosotros, gente de la ciudad? ¿Qué
tienen que decirnos los campesinos que los han
repetido durante siglos y que sueñan
con las montañas convertidas en personas?
En primer lugar que los volcanes están
vivos y con ellos el cosmos entero. Que esa
vida es un don que se nos obsequia y que muy
pocas veces sabemos apreciar.

En la perspectiva
mítica los volcanes son personas y montañas
simultáneamente porque se trata de inmensos
cuerpos naturales en los que ha irrumpido lo
sagrado, en los que se asienta y personifica
un espíritu que está abierto a
la comunicación onírica y ritual
con los humanos, con aquellos que han sido elegidos
desde “Lo Alto” para tal tarea.
Gregorio Popocatépetl y Rosita Iztaccíhuatl.
Foto: Julio Glockner
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En
Mesoamérica el mundo fue concebido como un ámbito
sagrado. Los humanos, los animales, las plantas, pero
también la tierra, el agua, el cielo y las montañas
poseían algo más que su sensible materialidad:
tenían un espíritu, una entidad anímica
con la cual era posible comunicarse a través
de los sueños, mediante visiones inducidas por
trances extáticos o por medio de la oración
y la actividad ritual. El milenario culto a los volcanes
Popocatépetl e Iztaccíhuatl corresponde
a esta cosmovisión y algunos de sus componentes
han llegado hasta nuestros días debido a un profundo
mestizaje cultural con el cristianismo traído
a estas tierras por los conquistadores europeos. El
antiguo culto a Tláloc, señor de la lluvia,
el rayo y las tormentas, estrechamente vinculado con
el culto a Chalchiuhtlicue, señora de los ríos,
los manantiales y las lagunas, hoy se ha transformado,
mediante un complejo proceso de aculturación
que recoge elementos tanto del periodo colonial como
del México moderno, en un culto a Gregorio Popocatépetl
y Rosita Iztaccíhuatl.
En
el principio fue el mito…
Los mitos son relatos de carácter sagrado que
nos hablan del origen del cosmos y de las cosas y seres
que lo habitan. El mito de la diosa Tlaltecuhtli refiere
la existencia de este ser fantástico que caminaba
por las aguas primigenias y en todas las coyunturas
tenía ojos y bocas con las que mordía
salvajemente. Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, convertidos
en serpientes, la partieron en dos y con ambas mitades
hicieron la tierra y el cielo. Entonces descendieron
los demás dioses y para compensar el daño
que se había infligido a Tlaltecuhtli, hicieron
de sus cabellos y su piel árboles, flores y yerbas;
de sus ojos pozos, fuentes y pequeñas cuevas;
de la boca ríos y cavernas grandes, de la nariz
valles y montañas. Para calmar su llanto y conseguir
que rindiera frutos había que alimentarla con
sangre humana.
Este mito de origen permite entender algunos aspectos
de los rituales que se llevan a cabo en las laderas
de los volcanes, a más de 4 000 m de altura.
Rituales que presuponen la existencia de un Espíritu
de la Montaña, llamado Gregorio Popocate-petzintli,
con quien se establece una relación ceremonial
de reciprocidad para obtener de él buenas lluvias
que permitan cosechas abundantes. A cambio, los campesinos,
por medio de sus especialistas en el manejo mágico
del clima, entregan flores, música, copal, bebida,
comida y eventualmente alguna vestimenta y adornos personales.
Entre la comida que los campesinos de Xalitzintla, Puebla,
ofrendan al volcán y a los espíritus de
otras montañas, destaca la sangre de un guajolote
sacrificado durante el ritual de petición de
lluvias, sangre que se deposita en un recipiente al
pie de las cruces que presiden el lugar sagrado conocido
como El Ombligo. Como su nombre lo sugiere, se trata
de un Centro del Mundo, un sitio desde donde es posible
establecer comunicación con el mundo celeste
de las deidades y con los antepasados que habitan en
el inframundo. Para preservar su carácter de
relato sagrado, el mito debe mantener un vínculo
con una ritualidad que le permite actualizarse constantemente,
cuando ese vínculo desaparece el mito inicia
su degradación hasta convertirse en leyenda o
cuento.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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• Julio Glockner Rossainz. Investigador
del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de
la Universidad Autónoma de Puebla. Su último
libro, en colaboración con otros autores: La
realidad alterada. Drogas, enteógenos y cultura
(2006). Trabaja en el proyecto: “Enteógenos
y chamanismo”.