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Por definición,
las falsificaciones se realizan para que aparenten una
gran antigüedad o un origen específico, con
la intención de defraudar. Los arqueólogos
y los historiadores del arte no siempre toman en cuenta
un objeto poco común que carece de procedencia
segura, por la posibilidad de que no sea auténtico,
lo cual daría lugar a interpretaciones erróneas.
Al igual que otros objetos de arte, las esculturas prehispánicas
pueden ser analizadas con distintos métodos, los
cuales incluyen la evaluación estética,
las técnicas científicas y la valoración
de su historia reciente. Desafortunadamente, en favor
o en contra de la autenticidad de un objeto se pueden
emitir juicios subjetivos y deficientes.
El
Luchador:
¿una falsificación?
Nancy Kelker se preguntó si el Luchador era una
falsificación y se contestó que era una
falsificación relativamente reciente, con base
en su postura dinámica, sus proporciones, el detalle
anatómico de la musculatura y el tipo de piedra
con que está fabricado. Kelker consideró
que sus características no son representativas
de la escultura olmeca y propuso que un escultor moderno
lo creó en un momento en que el pasado prehispánico
era visto con “romanticismo”. Argumentó
que ese supuesto escultor usó como modelo los objetos
portátiles antropomorfos hechos de piedra verde,
los cuales pueden mostrar personajes con perforaciones
en las orejas, la cabeza calva y la barba, como en el
Luchador.
Kelker también tuvo duda sobre la historia reciente
de la escultura, la cual se aborda en un artículo
publicado por Gustavo Corona, su penúltimo dueño.
Corona cita textualmente un escrito de 1945 de Carlos
Godard Buen Abad. Corona no aclara la relación
de Godard con la escultura ni con él mismo, y Kelker
no hace ningún esfuerzo por aclarar este punto.
La evaluación estética de Kelker fue fuertemente
refutada por Michael Coe y Mary Miller en 2005, quienes
exponen detalladamente los elementos que sostienen su
pertenencia a la cultura olmeca y aceptan sin reparos
los detalles de su historia reciente, tal como fueron
reportados por Corona. Acertadamente, señalan que
las piezas injustamente juzgadas como falsificaciones
pueden tardar mucho tiempo en recuperar su lugar en los
estudios.
Es verdaderamente sorprendente en este ríspido
intercambio la falta de atención a los detalles
del descubrimiento del Luchador y sus sucesivos dueños,
lo cual es sumamente relevante para valorar su legitimidad.
Parece lógico que un paso indispensable es la verificación
de su historia reciente.
Historia
reciente
En lugar de sumar a esta controversia más opiniones
sobre el estilo de la pieza, para trazar su historia llevamos
a cabo una búsqueda de las personas involucradas
en su descubrimiento y custodia, con base en el breve
relato publicado en 1962 por Gustavo Corona. Así,
intentamos averiguar quiénes habían sido
los dueños anteriores de la pieza, desde su descubrimiento
en 1933 hasta su inclusión en las colecciones del
Museo Nacional de Antropología, en 1964.
Gustavo Corona escribió en su texto lo siguiente:
“Para relatar cuándo fue encontrada y cómo
llegó a mi poder la famosa escultura Olmeca...
habré de ir derecho al grano y hacer punto omiso
de hechos accesorios...”. La investigación
que pre-sentamos tiene la finalidad de aclarar los “hechos
accesorios” que, a nuestro juicio, ayudan a arrojar
luz sobre la autenticidad de la escultura.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN
IMPRESA
_____________________
• Ann Cyphers. Doctora por la UNAM.
Investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas
(IIA), UNAM. Miembro del Comité Científico-Editorial
de esta revista.
• Artemio López Cisneros.
Director de la Casa de Cultura de Minatitlán, Veracruz. |