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Ciudades
perdidas mayas
Nikolai Grube

El topónimo
Buuk aparece en la Estela 21 de Xultún,
Guatemala. Aunque se hallaba in situ, el glifo buuk
ajaw, señor de Buuk ,
se asocia a uno de los dos cautivos que aparecen
bajo el vencedor, el rey de Xultún, y por
consiguiente no puede ser una referencia al lugar
en que se encontró la estela.
Dibujo: Tomado de Euw y Graham,
1984, p. 74
En los textos
glíficos del Clásico se encuentra
un gran número de nombres de ciudades y asentamientos
mayas. En muchos casos no se han podido identificar
los topónimos o nombres con lugares y sitios
concretos, principalmente por dos razones: o se
refieren a lugares reales que aún no han
sido encontrados por los arqueólogos, o se
trata de tierras míticas sin contraparte
en el mundo real, pero que desempeñan un
papel importante en los mitos de origen de las dinastías
reales.
El
desciframiento de la escritura jeroglífica
maya comenzó en 1958, cuando Heinrich Berlin,
erudito mexicano de origen alemán, reconoció
una categoría de glifos en las inscripciones
que parecían estar asociados con determinados
sitios arqueológicos. Al no encontrar evidencia
segura que los identificara como nombres de lugares
o de linajes, y para evitar cualquier falsa interpretación,
Berlin los llamó glifos emblema. Éstos
están formados por un prefijo con puntos
o círculos, un superfijo con dos elementos
ovales y un signo principal que varía según
cada ciudad.
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