El término macuáhuitl –de
maitl, “mano”, y cuáhuitl,
“madera” o “palo”– fue
utilizado por los antiguos nahuas para nombrar el conocido
bastón de madera de cerca de 70 a 80 cm de largo,
provisto de navajas de obsidiana. Si somos estrictos
con su morfología y cometido, el macuáhuitl
no cumplía una función contundente, como
la macana, y mucho menos se le puede denominar espada,
pues esta arma, hasta donde sabemos, tiene dos funciones:
punzar y cortar, y el macuáhuitl azteca
sólo cumple la última característica.
Considero que no tiene una verdadera equivalencia occidental
y, por consiguiente, el macuáhuitl es
un arma completamente mesoamericana.
Había por lo menos dos variedades: el famoso
macuáhuitl de cerca de 70 a 80 cm de
largo, provisto de por lo menos seis a ocho navajas
por lado, y el macuahuilzoctli, de cerca de
50 cm de largo y con unas cuatro navajas por lado. Es
probable que la primera sea aquella a la que los españoles
llamaron “de a dos manos”, pues la equiparaban
con su famosa espada mandoble o montante, usada efectivamente
con las dos manos.
DISTRIBUCIÓN
No se tienen registros de esta arma antes del Posclásico;
lo que hay son referencias a ciertas armas que si bien
tenían funciones parecidas, no son antecedentes
directos del macuáhuitl mexica. Otro
problema es el desconocimiento y la confusión
de los investigadores al considerar a todo aquel palo
con navajas como un macuáhuitl, sin
pensar que tienen funciones totalmente distintas.
Hasta donde sabemos, las evidencias más tempranas
del uso de este tipo de instrumentos en Mesoamérica
son de la zona maya. Pese a lo que se pudiera pensar,
en el Altiplano Central no hay ningún registro
de esa arma antes del Posclásico Tardío.
El origen y distribución de esta arma es un problema
aún vigente. El que no aparezca, hasta el momento,
en el registro arqueológico de Mesoamérica
antes del Posclásico, no significa que no se
haya utilizado, por lo menos no a gran escala como ocurrió
con la lanza o el átlatl.
FUENTES HISTÓRICAS
Sabemos más de esta arma mexica por las fuentes
escritas que por la arqueología. Algunos cronistas
hablan de ella cuando llegaron a las costas:
...vinieron por la costa muchos escuadrones de indios
del pueblo de Potonchan, que así se dice, con
sus armas de algodón que les daba a la rodilla
[el ichcahupilli], y arcos y flechas, y lanzas
y rodelas, y espadas que parecen de a dos manos, y hondas
y piedras, y con sus penachos, de los que ellos suelen
usar (Díaz del Castillo, 1999, IV y V).
Otros describen con cierta exageración su uso
en la guerra: “Sus armas eran unas navajas agudas,
de pedernales, puestas de una parte y de otra de un
bastón, y era esta arma tan furiosa, que afirmaban
que de un golpe echaban con ella la cabeza de un caballo
abajo, cortando toda la cerviz (Acosta, 1962). Pero
de todos ellos, la descripción más detallada
e interesante es la de Francisco Hernández de
Córdova.
En varios códices se da cuenta del uso y forma
de esa arma, y destaca el hecho de que nunca se ha encontrado
asociada a algún uso ritual, con excepción
de la famosa ceremonia del sacrificio gladiatorio. En
ésta, al guerrero capturado durante las guerras
floridas se le sujetaba del tobillo a una gran piedra
llamada temalácatl; para ser liberado,
tenía que derrotar a siete guerreros de la elite
mexica, armados con un escudo y un macuáhuitl
provisto de navajillas de obsidiana, en tanto que al
guerrero capturado se le proporcionaba un escudo y un
palo de madera decorado con plumas de algodón
que simulaban el filo de obsidiana.
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Marco Cervera Obregón. Arqueólogo por
la ENAH. Sus principales temas de investigación
son la guerra y el armamento mesoamericanos.