De acuerdo con Apocalypto, producción
hollywoodense en exhibición en cines en los días
que escribo este artículo, los mayas fueron una
cultura salvaje y sedienta de sangre, en la que la guerra
era violenta, con grupos de asalto formados por soldados
de elite que aterrorizaban las zonas rurales en búsqueda
de cautivos para someterlos, secuestrarlos y llevarlos
a la ciudad con el propósito de sacrificarlos.
Las recreaciones del pasado según Hollywood casi
nunca son precisas y la virulenta visión del
guionista y director de esta película, Mel Gibson,
no es la excepción. Aun así, si bien su
idea sobre los conflictos y la guerra entre los mayas
es simplista y hasta sádica, se basa en un añejo
enfoque académico según el cual las acciones
militares de los mayas se realizaban a una escala reducida
y consistían principalmente en incursiones contra
los poblados vecinos en búsqueda de víctimas
para el sacrificio. Los defensores de este modelo llegaron
a descartar cualquier posibilidad de que la guerra entre
los mayas implicara conflictos geopolíticos a
gran escala, grandes ejércitos, expansión
territorial o cualquier otra motivación “nacional”.
Este modelo de guerra basada en incursiones aún
tiene sus seguidores, aunque visto en retrospectiva
parece ser un vestigio de una visión más
antigua de los mayas como una civilización pacífica,
incapaz de sostener guerras declaradas, o al menos,
por mucho, no tan militaristas como sus vecinos mesoamericanos.
Sin embargo, la evidencia con que se cuenta ahora, mucha
de ella nueva, indica que las incursiones fueron sólo
uno de varios tipos de conflicto y que los mayas fueron
en muchos sentidos tan militaristas como las culturas
del Centro de México.
El militarismo y los conflictos comienzan a aparecer
como temas destacados en el arte y las inscripciones
en el Preclásico Tardío (300 a.C.-200
d.C.). Con frecuencia, en los monumentos de ese periodo
se muestran cautivos atados, ya sea arrodillados ante
un rey o bajo sus pies, como un símbolo de sometimiento
total. Al parecer, los prisioneros también eran
miembros de la elite, tal vez otros gobernantes, y llevan
inscrito su nombre en el tocado.
En una época posterior, durante el Clásico
Tardío, el arte asociado a los gobernantes aún
enfatizaba la guerra como símbolo de autoridad,
y los cautivos de la elite eran un elemento central
de las representaciones. Esa imaginería enfocada
en algún gobernante y uno o dos cautivos es un
modo de representación muy antiguo y tradicional,
aunque no es un indicador confiable de la naturaleza
de la guerra entre los mayas, ni de la escala de los
conflictos en los que se capturó a los prisioneros.
TIPOS DE GUERRA
¿Qué distinguía a la guerra maya
en comparación con otras culturas mesoamericanas?
Debemos recordar que la civilización maya ocupaba
un vasto territorio, que abarcaba tierras bajas y altas,
en el cual numerosos reinos independientes se desarrollaron,
alcanzaron su apogeo y decayeron, y que necesariamente
compitieron por controlar regiones y recursos. Ninguno
logró dominar el antiguo mundo maya bajo una
estructura imperial, de la manera en que pensamos que
lo hicieron Monte Albán en los Valles Centrales
de Oa-xaca, o Teotihuacan y Tenochtitlan en la Cuenca
de México.
La guerra entre los mayas debe haber variado bastante
a lo largo del tiempo y el espacio y no existió
un tipo único. Las incursiones a pequeña
escala entre poblaciones vecinas ciertamente existieron,
pero también hubo conflictos regionales de mayor
envergadura, que en ocasiones duraron décadas
e incluyeron la conquista y dominación de un
reino por otro. En estos casos, es probable que los
gobernantes reunieran nutridos ejércitos, así
como la infraestructura necesaria para iniciar y mantener
conflictos bélicos. Desafortunadamente, las inscripciones
no registran detalles sobre el número de combatientes,
ni señalan las causas de las guerras de conquista.
Sin embargo, encontramos indicios de grandes batallas
en los famosos murales de Bonampak, Chiapas, en los
que se representan grupos de soldados que combaten a
muerte en alguna zona rural, mostrada como un fondo
verde y boscoso. La existencia de fortificaciones en
varios sitios también es un claro indicio de
violentos conflictos a gran escala durante buena parte
de la historia de los mayas. Los profundos fosos que
se han encontrado en Becán y Edzná, en
Campeche, corresponden al Preclásico, alrededor
de 100 a.C., casi mil años antes de la apresurada
construcción de muros defensivos en Dos Pilas,
Guatemala, levantados por una comunidad bajo asedio
con la piedra de los templos y monumentos. Éstos
son los ejemplos más obvios de fortificaciones
mayas, pero muchos se preguntan por qué no son
más comunes. Es posible que muchas de las fortificaciones
fueran construcciones temporales, similares a las grandes
palizadas de madera descritas por Cortés durante
su larga marcha a través del área maya
en 1521, las que no habrían dejado huellas arqueológicas
obvias, pero que pueden ser localizadas si se investiga
cuidadosamente.
Traducción: Enrique Vela
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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David Stuart. Profesor Schele de arte y escritura mesoamericanas.
Departamento de Arte e Historia del Arte de la Universidad
de Texas, en Austin. Miembro del Consejo de Asesores
de esta revista.