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LA guerra en mesoamérica

ÍNDICE 84
SERIE: Arquitectura en Mesoamérica. I. Urbanismo
DOSIER: La guerra en Mesoamérica ARQUEOLOGÍA: Arqueología en El Cajón, Nayarit

La guerra en la antigua Mesoamérica

Las chías sagradas del Templo Mayor de Tenochtitlan
Los antiguos mayas en guerra PIEZA: Dos máscaras de Dzibanché, Quintana Roo
La guerra entre los zapotecos DOCUMENTO: Relación de Michoacán
Iconografía guerrera en la escultura de Tula, Hidalgo EXPOSICIÓN: “Persia: Fragmentos del paraíso. Tesoros del Museo Nacional de Irán”
El macuáhuitl. Un arma del Posclásico Tardío en Mesoamérica CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO: Algo de eso, todo eso, nada de eso

DOSIER

Los antiguos mayas en guerra
David Stuart

Las investigaciones de las décadas recientes no sólo han cambiado nuestras ideas sobre la cultura maya, vista durante mucho tiempo como pacífica. Ahora se sabe que no sólo fueron sociedades en constantes enfrentamientos, sino que la guerra entre ellas fue una práctica de gran complejidad y con distintas variantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Itzamnaaj B’alam II (derecha), señor de Yaxchilán, sujeta por el cabello a Aj Nikon, quien besa el escudo de su captor como gesto de sumisión. Dintel 45, Yaxchilán, Chiapas.
Foto: Michael Calderwood / Raíces

De acuerdo con Apocalypto, producción hollywoodense en exhibición en cines en los días que escribo este artículo, los mayas fueron una cultura salvaje y sedienta de sangre, en la que la guerra era violenta, con grupos de asalto formados por soldados de elite que aterrorizaban las zonas rurales en búsqueda de cautivos para someterlos, secuestrarlos y llevarlos a la ciudad con el propósito de sacrificarlos. Las recreaciones del pasado según Hollywood casi nunca son precisas y la virulenta visión del guionista y director de esta película, Mel Gibson, no es la excepción. Aun así, si bien su idea sobre los conflictos y la guerra entre los mayas es simplista y hasta sádica, se basa en un añejo enfoque académico según el cual las acciones militares de los mayas se realizaban a una escala reducida y consistían principalmente en incursiones contra los poblados vecinos en búsqueda de víctimas para el sacrificio. Los defensores de este modelo llegaron a descartar cualquier posibilidad de que la guerra entre los mayas implicara conflictos geopolíticos a gran escala, grandes ejércitos, expansión territorial o cualquier otra motivación “nacional”. Este modelo de guerra basada en incursiones aún tiene sus seguidores, aunque visto en retrospectiva parece ser un vestigio de una visión más antigua de los mayas como una civilización pacífica, incapaz de sostener guerras declaradas, o al menos, por mucho, no tan militaristas como sus vecinos mesoamericanos. Sin embargo, la evidencia con que se cuenta ahora, mucha de ella nueva, indica que las incursiones fueron sólo uno de varios tipos de conflicto y que los mayas fueron en muchos sentidos tan militaristas como las culturas del Centro de México.
El militarismo y los conflictos comienzan a aparecer como temas destacados en el arte y las inscripciones en el Preclásico Tardío (300 a.C.-200 d.C.). Con frecuencia, en los monumentos de ese periodo se muestran cautivos atados, ya sea arrodillados ante un rey o bajo sus pies, como un símbolo de sometimiento total. Al parecer, los prisioneros también eran miembros de la elite, tal vez otros gobernantes, y llevan inscrito su nombre en el tocado.
En una época posterior, durante el Clásico Tardío, el arte asociado a los gobernantes aún enfatizaba la guerra como símbolo de autoridad, y los cautivos de la elite eran un elemento central de las representaciones. Esa imaginería enfocada en algún gobernante y uno o dos cautivos es un modo de representación muy antiguo y tradicional, aunque no es un indicador confiable de la naturaleza de la guerra entre los mayas, ni de la escala de los conflictos en los que se capturó a los prisioneros.

TIPOS DE GUERRA
¿Qué distinguía a la guerra maya en comparación con otras culturas mesoamericanas? Debemos recordar que la civilización maya ocupaba un vasto territorio, que abarcaba tierras bajas y altas, en el cual numerosos reinos independientes se desarrollaron, alcanzaron su apogeo y decayeron, y que necesariamente compitieron por controlar regiones y recursos. Ninguno logró dominar el antiguo mundo maya bajo una estructura imperial, de la manera en que pensamos que lo hicieron Monte Albán en los Valles Centrales de Oa-xaca, o Teotihuacan y Tenochtitlan en la Cuenca de México.
La guerra entre los mayas debe haber variado bastante a lo largo del tiempo y el espacio y no existió un tipo único. Las incursiones a pequeña escala entre poblaciones vecinas ciertamente existieron, pero también hubo conflictos regionales de mayor envergadura, que en ocasiones duraron décadas e incluyeron la conquista y dominación de un reino por otro. En estos casos, es probable que los gobernantes reunieran nutridos ejércitos, así como la infraestructura necesaria para iniciar y mantener conflictos bélicos. Desafortunadamente, las inscripciones no registran detalles sobre el número de combatientes, ni señalan las causas de las guerras de conquista. Sin embargo, encontramos indicios de grandes batallas en los famosos murales de Bonampak, Chiapas, en los que se representan grupos de soldados que combaten a muerte en alguna zona rural, mostrada como un fondo verde y boscoso. La existencia de fortificaciones en varios sitios también es un claro indicio de violentos conflictos a gran escala durante buena parte de la historia de los mayas. Los profundos fosos que se han encontrado en Becán y Edzná, en Campeche, corresponden al Preclásico, alrededor de 100 a.C., casi mil años antes de la apresurada construcción de muros defensivos en Dos Pilas, Guatemala, levantados por una comunidad bajo asedio con la piedra de los templos y monumentos. Éstos son los ejemplos más obvios de fortificaciones mayas, pero muchos se preguntan por qué no son más comunes. Es posible que muchas de las fortificaciones fueran construcciones temporales, similares a las grandes palizadas de madera descritas por Cortés durante su larga marcha a través del área maya en 1521, las que no habrían dejado huellas arqueológicas obvias, pero que pueden ser localizadas si se investiga cuidadosamente.

Traducción: Enrique Vela

ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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David Stuart. Profesor Schele de arte y escritura mesoamericanas. Departamento de Arte e Historia del Arte de la Universidad de Texas, en Austin. Miembro del Consejo de Asesores de esta revista.

ESPECIAL 28
VIGENTE
TEOTIHUACAN

NÚMERO 93
VIGENTE
LA PINTURA MAYA

ARTÍCULOS EN LÍNEA

Hallazgos en el recinto
ceremonial de Tenochtitlan

Raúl Barrera Rodríguez,
Gabino López Arenas

A partir de las investigaciones realizadas hasta ahora es posible proponer, de manera preliminar, que la edificación encontrada sea el calmécac.


El Códice Madrid.
Un viejo documento revela nuevos secretos

Gabrielle Vail,
Anthony Aveni

En sus 112 páginas, contienen augurios agrícolas y astronómicos.

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