Por muchos
años se ha debatido sobre el abandono masivo
de algunas de las ciudades más importantes
de las Tierras Bajas del sur del área maya
en el siglo IX de nuestra era. El proceso se conoce
como el colapso del Clásico maya
y ha despertado la imaginación de muchos
mayistas, viejos y jóvenes por igual.
Muchas son las teorías
propuestas para dar cuenta de ese acontecimiento.
La de mayor arraigo tiene que ver con una supuesta
degradación ambiental producida por cambio
climático, agravada por un explosivo incremento
poblacional en los años precedentes. Existe
evidencia reciente que tiende a apoyar esta tesis
pero, también, información que la
contradice. La región del colapso
es de una diversidad ambiental tal que hace improbable
el que un cambio climático, de haber ocurrido
en esas fechas, haya tenido un impacto parejo
en toda su gran extensión: en esa región
se mezclan situaciones ribereñas, lacustres
y de bajos inundables estacionalmente; se alternan
zonas de topografía ondulante, de macizos
montañosos y de sabanas; se encuentran
suelos profundos, ricos en nutrientes y bien drenados,
así como tierras de baja productividad
agrícola; existen, en fin, importantes
diferencias en precipitación pluvial anual.
Lo que sí parecería ser una constante
en toda la región afectada es el hecho
de que previo al éxodo masivo se dio un
fuerte incremento poblacional. Así, para
algunos de los estudiosos de la historia maya,
explicar el colapso maya equivale a encontrar
la razón de ese incremento poblacional,
tarea nada insignificante si se toma en consideración
que no existen datos confiables sobre la demografía
de los sitios implicados.
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IMPRESA
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Enrique Nalda. Arqueólogo y doctor en antropología.
Investigador de la Dirección de Estudios
Arqueológicos, INAH. Miembro del Comité
Científico-Editorial de esta revista.