Esta idea muy difundida y que escuchamos en no pocas ocasiones no está ajustada a la realidad. Basta acudir a documentos de soldados que fueron testigos de los hechos de la conquista, como los relatos de Bernal Díaz del Castillo, y a las Cartas de Relación de Hernán Cortés para percatarse que tal idea está muy lejos de ser verdad. A esto se unen diversas fuentes indígenas en las que podemos leer mayor información sobre el tema, tal como lo veremos a continuación.
Cuando Cortés sitia las ciudades mexicas de Tenochtitlan y Tlatelolco pone en práctica un plan para tratar de vencer la resistencia indígena. Nos dice el capitán español en su tercera Carta de Relación, enviada al rey de España, que una de las estrategias que empleó fue la de cortar el agua potable que llegaba a Tenochtitlan por medio del acueducto que la traía desde Chapultepec: “que era quitarles el agua dulce que entraba a la ciudad, que fue muy grande ardid” (Cortés, s.f., pp. 325-326).
Para el ataque divide sus fuerzas en tres grandes grupos y prepara los bergantines para asolar estas ciudades. Como se recordará, Tenochtitlan se encontraba en medio del lago de Texcoco y se unía a tierra firme a través de grandes calzadas como las de Tacuba, por el poniente, la de Tepeyac, por el norte, y la de Iztapalapa hacia el sur, además de miles de canoas que transportaban personas y productos entre las dos ciudades lacustres y la tierra firme. Pues bien, Cortés pone a Pedro de Alvarado en la ciudad de Tacuba con “treinta de caballo, y diez y ocho ballesteros y escopeteros, y ciento y cincuenta peones de espada y rodela, y más de veinte y cinco mil hombres de guerra de los de Tascaltécal”. A Cristóbal de Olid lo ubica en Coyoacan con “treinta y tres caballos, y diez y ocho ballesteros y escopeteros, y ciento y sesenta peones de espada y rodela, y más de veinte mil hombres de guerra de nuestros amigos…”. Gonzalo de Sandoval ocupa Iztapalapa con “veinticuatro de caballo, y cuatro escopeteros y trece ballesteros, y ciento y cincuenta peones de espada y rodela; los cincuenta dellos, mancebos escogidos, que yo traía en mi compañía, y toda la gente de Guajucingo [Huejotzingo] y Chururtecal [Cholula] y Calco [Chalco], que había más de treinta mil hombres” (Cortés, s.f., pp. 323-324)
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
_________________________
Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH. |