|
I.
LAS CIVILIZACIONES ORIGINARIAS
Captar la diferencia que hay entre cultura y civilización
es importante en este contexto. El concepto de cultura,
en su sentido antropológico, comprende el conjunto
de atributos y elementos que caracterizan a un grupo
humano, así como cuanto se debe a su creatividad.
En lo que concierne a aquello que lo caracteriza,
sobresalen sus formas de actuar y vivir, valores y
visión del mundo, creencias y tradiciones.
En lo que toca a su capacidad creadora, son clave
sus sistemas de organización social, económica
y religiosa, sus formas de comunicación, adquisición
y transmisión de conocimientos, adaptación
al medio ambiente y aprovechamiento de sus recursos.
En este sentido, todo lo que hace y crea un grupo
humano es, en última instancia, cultura.
El concepto de civilización, en su acepción
antropológica, no se contrapone a cultura,
sino que es una forma más desarrollada de ella.
En una civilización hay vida urbana, es decir,
ciudades y formas más complejas de organización
social, política, económica y religiosa,
especialización en el trabajo y creaciones
tales como precisos cómputos del tiempo, escritura,
centros educativos y producción de lo que hoy
llamamos arte.
Ahora bien, en los procesos civilizatorios que ha
desarrollado la humanidad, hay algunos que deben reconocerse
como originarios, es decir, que en su origen se han
producido autónomamente. Todas las otras civilizaciones,
por muy desarrolladas que hayan llegado a ser, deben
considerarse como derivadas o encaminadas por distintos
núcleos civilizatorios. En la historia universal
son pocos los casos de civilizaciones originarias.
En Egipto y Mesopotamia surgieron dos muy importantes
núcleos civilizatorios que influyeron luego
en el ámbito del Cercano Oriente, en Fenicia
y Palestina, en las islas del mar Egeo y otros lugares.
Grecia, que llegó a ser dueña de una
extraordinaria cultura, no fue una civilización
originaria, ya que es impensable sin la influencia
de Egipto. Otro tanto puede afirmarse respecto de
los persas y otros pueblos que recibieron la influencia
de los mesopotamios.
Fuera de Europa pueden identificarse otros dos núcleos
civilizatorios originales: los de los valles del río
Indo y del río Amarillo, este último
en China. El primero influyó en Indonesia,
Indochina y otros lugares. El segundo permeó
culturalmente a toda China, Corea, Japón y
varias regiones más.
ARTÍCULO
COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
______________________________
• Miguel León-Portilla. Doctor en filosofía
por la UNAM. Miembro de las academias mexicanas de
la Historia y de la Lengua, del Colegio Nacional y
de la National Academy of Sciences, E.U.A. Autor de
numerosas publicaciones y profesor de la Facultad
de Filosofía y Letras de la UNAM. Miembro del
Comité-Científico Editorial de esta
revista.
|