arqueología mexicana
Tlatelolco

ÍNDICE 89  
DOSIER: Tlatelolco Códice de Tlatelolco

Breve historia de Tlatelolco

El Centro Cultural Universitario Tlatelolco
La arqueología de Tlatelolco
ARQUEOLOGÍA: El Tajín en el siglo XVIII
Exploraciones arqueológicas ANTROPOLOGÍA FÍSICA: Experiencias de vida. 2
Salvamento arqueológico en Tlatelolco MITOS Y CUENTOS: El mundo se hizo así
El Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco DOCUMENTOS: Códice Osuna
Caja de agua del Colegio de la Santa Cruz PIEZA: Máscara ceremonial de Tlatilco

Mitos y cuentos indígenas mexicanos

Elisa Ramírez

El dios primordial, el creador, los primeros padres hicieron la tierra y el firmamento con su puro soplo, su pensamiento, su canto. Los mitos de nuestro país casi nunca incluyen un relato explícito de la primera creación y apenas se mencionan el caos o la nada iniciales como introducción a otros episodios.
En ese primer momento se crean y ordenan la tierra y el paisaje; se distribuyen las aguas y se traza la primera topografía que permita identificar los diversos signos de las cosmovisiones: direcciones, colores, lugares de residencia, rutas. El mundo inicial muchas veces es desfondado o anegado. Los cauces de las aguas deben hendirse. Los kiliwa cuentan que la rata canguro reparó el fondo por donde escurría; entre los coras, el murciélago es el encargado de hacer los cauces y las barrancas; los mazatecos cuentan que el tlacuache trazó el curso de los ríos. Para los tarahumaras, son los osos quienes dan forma al mundo húmedo y a las piedras blandas.
Los territorios primero se moldean, se estiran, se zurcen y reparan, se tejen –o incluso se baila sobre ellos para amacizarlos, y así crecen paulatinamente para dar cabida a los dioses menores, el hombre y los animales. En casi todos los relatos, la primera creación es modificada radicalmente por la aparición del Sol, el diluvio o por otras desgracias acaecidas en tiempos posteriores.
Hechos de masa, de lodo –de algodón en una versión tepehua–, los dioses modelan a los primeros hombres y a sus compañeras. Se cuenta, entre los tarahumaras, que las personas brotaban del suelo pero sólo vivían un año y morían, como las flores. Desde el principio existieron alianzas y rivalidades entre las primeras criaturas, fueran éstas humanas, animales o divinas: luchan, crean y transforman el universo. Los hombres anteriores, intentos fallidos de creaciones primeras, fueron destruidos o se transforman al aparecer el Sol o después del diluvio: ídolos, sahuaros, montañas, huellas en el paisaje y seres del inframundo son su recuerdo.
Los mitos de creación se conservan, sobre todo, cuando forman el canto o recitativo de ceremonias, rituales y plegarias. Pocas veces son tan explícitos como en las fuentes coloniales. Entre los lacandones, los pima, los huicholes y los kiliwa, encontramos los pocos ejemplos de verdaderos “Génesis” indios. En los demás casos, los relatos se encuentran mezclados con otros mitos, con imágenes cristianas o fragmentados en cuentos, rezos, o bien en imágenes, danzas, rituales y ceremonias que no incluyen palabras.

El mundo se hizo así

Este relato está tomado de Jesús Ángel Ochoa Zazueta, Los kiliwa. Y el mundo se hizo así, ini, México, 1978. Se ha simplificado el nombre y la ortografía de Meltí ‘ipá jalá, Coyote-gente-luna, para dar fluidez al relato. Algunos textos son cantados por el informante, quien prefirió quedar en el anonimato. El mito está muy resumido, y las hazañas de Meltí continúan a lo largo de muchas cuartillas.

Cuando no había nada, cuando todo era oscuridad. Cuando sólo la sombra llenaba los espacios, cuando solamente había tinieblas; cuando no había tierra, ni cielo, ni agua, ni fuego. Cuando no existían las plantas, ni se veían las estrellas en el firmamento, no tronaban en el cielo los rayos, el sol no calentaba, no había luna que marcara el paso del tiempo. Cuando no había nada en esa oscuridad, no había hombres en esa noche perpetua, llegó Meltí ‘ipá jalá.
¿Cómo nació Meltí?, ¿cómo nació la deidad Coyote-gente-luna?

Cantado:
¿De dónde vino Meltí ‘ipá jalá’?
Nadie lo sabe.
¿Cómo es que llegó a la oscuridad
Meltí ‘ipá jalá’?
Todos lo ignoran.

Meltí llegó cargando su gran bastón. Y en esa oscuridad, en esa noche eterna, Coyote-gente-luna, con voz de coyote, gritó aullando a la negrura: “¡Yo soy Meltí ‘ipá jalá.
Meltí gritó mucho, como coyote. Pero en esa gran noche nadie le contestaba, ni nadie pudo enterarse cuánto tiempo duró aullando la deidad llegada del sur.
Como todo era oscuridad, Meltí fue su propia luz; como Meltí venía de donde todo es cóncavo y amarillo, tenía luz propia; con su propia luz iluminó aquella negrura, pues tenía pedernales grandes en las rodillas que echan chispas cuando caminaba. Llegó el gran padre con cara de coyote, y le dijo a la negrura: “¡No estás sola, yo soy la luz!”
Y así le dio la luz a la negrura. En la noche Meltí iluminó todo aquello y entonces se dio cuenta qué tan sólo él estaba.

Cantado:
¡Qué triste está ahí el coyote!
El coyote, la luz y la negrura.
¡La oscuridad sobrecoge!
¡Aúlla el Coyote-gente-luna!


Cantó muy afligido. Como temía enfermarse de soledad, decidió que sería bueno convertirse en padre. Meltí fue al aguaje sureño. Tomó un buche de agua dulce y asperjó con ella hacia el sur, por lo que toda esa región se pintó de amarillo.
Del mismo ombligo, Meltí tomó un buche de agua salada y la sopló hacia el norte, toda esa región se pintó de rojo.
Le gustó tanto cómo iba quedando aquello que tomó otro buche de agua –y como estaba tan entusiasmado, tan contento– se llenó su gran boca de tal manera que cuando la esparció al oeste, la región se inundó. Él era gigante, posaba un pie en el golfo de Cortés y otro en el océano Pacífico. Fue así como del gran buche de agua se formó un gran mar, un mar que, por profundo y picado, resultó muy nocivo para los kiliwa; por eso toda esa región del gran mar quedó teñida de negro.

 

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Elisa Ramírez. Socióloga, poeta, escritora para niños y traductora. Colaboradora permanente de esta revista.




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