arqueología mexicana
LOS VOLCANES DE MÉXICO

ÍNDICE 95 Mitos y sueños de los volcanes
DOSIER: Los volcanes en México Los volcanes en el arte.
El entorno volcánico en México ARQUEOLOGÍA: Guerreros de Nayarit
Simbolismo de los volcanes La producción de objetos de concha.Xochicalco
Los grandes volcanes y la arqueología PIEZA: El tlalpanhuéhuetl de Malinalco
El memorial a Motecuhzoma II MITOS Y CUENTOS: Nacimiento del Sol y la Luna 1
José Luis Lorenzo y los glaciares HISTORIAS DE CÓDICES: El Códice Vindobonensis
El Popocatépetl y la lluvia de fuego DOCUMENTOS: Códice Moctezuma

Mitos y cuentos indígenas mexicanos

Elisa Ramírez

El Sol y la Luna nacen en los tiempos primordiales y suelen aparecer en los relatos como seres humanos antes de ascender al firmamento. Estos mitos pueden clasificarse en dos grandes categorías: la inmolación de una persona en una enorme hoguera, como se narra en los mitos del Norte de México y en náhuatl –desde los tiempos prehispánicos–, o el ascenso al cielo de dos hermanos o gemelos extraordinarios, como se cuenta en Oaxaca y en Veracruz.

Nacimiento del Sol y la Luna 1

Una variante del ciclo de los gemelos es el mito de Chiapas, que habla también de una rivalidad entre hermanos; el menor, xut o k’ox, sube al cielo con su madre (“El K’ox”, en Arqueología Mexicana, núm. 50, julio-agosto de 2001, p. 87). Y, como siempre, encontramos un buen número de versiones atípicas.
El niño que debe inmolarse para convertirse en Sol tras su sacrificio lleva una marca previa y visible: es buboso, cojea, es lagañoso y tiene alguna enfermedad –en la piel casi siempre–, es huérfano. El Sol y la Luna suelen estar emparentados: el Sol es hermano o hijo de la Luna, y en algunas versiones la Luna es otro Sol, equívoco o previo, que debe someterse a él, brillando menos y siguiéndolo en su ruta. Entre coras y huicholes, un hermano se convierte en Sol y el otro en estrella vespertina; en algunas más la Luna es previa a ambos. Del mismo modo, el Sol y Luna pueden ser marido y mujer.
El personaje sacrificado en ocasiones tiene un acompañante: a veces se sacrifica a otras criaturas de las cuales salen pájaros o astros. El niño, aunque se niegue al sacrificio en un principio, suele aceptarlo voluntariamente. Cuando el niño ha saltado a la hoguera, una mujer, un viejo, un compañero, salta detrás, convirtiéndose en Luna. Una versión huichola abunda sobre las características del niño: cojo y tuerto, vestido de ceremonia, con sandalias, aros, plumas y bolsas para tabaco; armado con arco y flechas, pintado.
El Sol nace y sólo unos cuantos mitos contemporáneos hablan de su tránsito por el inframundo y su lucha contra las fuerzas de la oscuridad. Cuando por fin clarea el alba anunciando su aparición, el Sol aún no puede asomarse hasta ser debidamente nombrado, para que pueda saludársele y recibírsele de manera adecuada. Los animales deben adivinar su nombre y el rumbo por donde debe aparecer. Quienes pueden identificarlos son premiados; los que equivocan la respuesta son castigados. “Luego salió del otro lado en Wirikuta [en el oriente]. Salió de la cueva de Reunari, allá en el Cerro Quemado” ( Lumholtz, 1904, II, pp. 106-107). En el Quemado todo es negro y la montaña está coronada por una enorme rueda de piedras, donde nació el Sol, de cara al este, enfrentando el desierto sagrado. Cada año, los peregrinos visitan el santuario, en su colecta anual de peyote.
Para nombrarlo, se proponen distintas opciones: “el que está en lo alto”, “el que calienta”, “el que es rojo”. Sólo el guajolote, al decir Tau en wirrárica, adivina su verdadero nombre. Nuestro Padre Sol le premió dándole una cola que parece rayos de luz contra el horizonte temprano y un fino collar de chaquiras rojas que luce orgullosamente al cuello (Ramírez Castañeda y Valdés, 1981). En otras versiones lo bautiza el conejo; los principales mexicaneros lo castigaron rompiéndole el hocico porque no les gustó que llamara Juan al Sol, o, según los tepehuanos, “Dios padre”, pero ni modo, ya se llamaba así. En los cuentos –más que en los mitos–, los días de la semana también serán nombrados. Quien lleva la cuenta y fija esta nominación, que no es prehispánica, es el conejo sabiohondo o licenciado de los cuentos. El gallo también anuncia el amanecer. Muchos subrelatos asocian al amanecer primero anécdotas que marcan para siempre hábitos y características de muchos animales.
La ruta, la temperatura y la altura del Sol son rectificados tras su nacimiento para que su calor y luz sean los justos: para alejarlo hay que colocar sostenes al cielo, para que no queme la superficie de la tierra.

…nació asustado y tiernito y todo lo empezó a quemar […] muchos le gritaron al sol que se subiera un escalón más arriba porque quemaba mucho […] y así el sol se subió por cinco escalones hasta llegar en medio. El sol ya que había llegado al quinto escalón, les dijo que tenían que ponerle cuatro pinos en los rumbos cardinales para que no se cayera […] Por eso los huicholes tenemos que ir todos los años a Wirikuta y a los cuatro rumbos a dejar ofrendas, pues si no, el mundo se cae y todo desaparece (Gutiérrez, 2003).

 

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Elisa Ramírez. Socióloga, poeta, escritora para niños y traductora. Colaboradora permanente de esta revista.






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