arqueología mexicana
Las culturas de sonora

ÍNDICE 97 Las misiones, Sonora. Arquitectura e historia
Las culturas de Sonora Transformación y permanencia entre los seris
La historia prehispánica de Sonora ANTROPOLOGÍA FÍSICA : La momificación
La cultura hohokam del sur de Arizona EPIGRAFÍA :Nuevos hallazgos en la región Puuc
El Fin del Mundo, Sonora MITOS Y CUENTOS:Nacimiento del Sol y la Luna 2
La Playa, Sonora HISTORIA DE LOS CÓDICES:Códice Mendoza
Cerro de Trincheras, Sonora PIEZA: El chamán de Tlatilco
Manifestaciones gráfico rupestres, Sonora DOCUMENTO: Códice de Cholula
La Pintada, Sonora CUENTO HISTÓRICO :En capilla

Mitos y cuentos indígenas mexicanos

Elisa Ramírez

Nacimiento del Sol y la Luna 1

textil oaxaqueño
Textil oaxaqueño. Foto: M.A. Pacheco / Raíces

En el sur de México, Sol y Luna son gemelos, hermanos del mismo sexo o cuates, niño y niña. Nacen de una muchacha preñada por una pluma o un ave, salen de unos huevos encontrados por una vieja cuyo origen desconocemos o simplemente se aparecen, como en la versión chatina donde una vieja los protege del Mal Aire que les persigue.
Los ciclos de los gemelos o cuates de Oaxaca incluyen, además, la lucha de los hermanos contra la abuela y su esposo venado, las múltiples vicisitudes de su huída, que marcan las características de muchos animales o seres que los ayudan en la ruta y explican, también, las manchas en la cara de la Luna y su brillo más opaco. El ascenso final del Sol y la Luna son parte mínima del relato, su culminación tras tan complejos vericuetos resulta escueta.

Cada vez que la gente pasaba cerca de un árbol de pochota, se escuchaba un ruido que brotaba del interior del tronco. Intentaron abrir el tronco el Cometa y el Rayo; por fin el Pájaro Carpintero quebró la madera y aparecieron dos huevos en el interior. Una anciana pidió los huevos, los envolvió en su pañuelo y se los llevó a su casa. Al llegar a su casa puso los huevos en un chical de los que se usan para guardar las tortillas. Allí los dejó y todos los días los miraba para ver si ya se habían quebrado, pero los huevos seguían intactos. Pasó mucho tiempo. Todos los días la anciana salía de la casa, para buscar la comida de su esposo venado. Un día regresó a su casa y encontró todo desordenado, sus madejas de algodón estaban revueltas (Bartolomé y Barabas, 1983).

El mito chinanteco continúa: con astucia, la abuela descubre que los niños que se convertirían en Sol y Luna tienen quién les avise cuando ella se acerca a la casa y que sacan las madejas para “medir el mundo”. Otro chismoso –generalmente son pájaros– cuenta a los niños que la abuela tiene un marido venado, o que no es su verdadera madre. Los niños matan al amante de la vieja y rellenan el cuero de venado con animales que pican: abejas, avispas, moscardones. A veces le dan a comer a la abuela la carne de su marido muerto, y algún animal o la olla donde lo cocina se burlan de ella: “comiste carne de tu marido”. Quedan marcados como castigo por su impertinencia el colibrí, el zanate, la rana, el sapo, la lagartija.
Tras matar al venado, los niños son perseguidos por la vieja y sus aliados. Las aventuras en la huída o los detalles de sus relaciones cuando viven con la falsa abuela determinan muchas de las características de los animales, aliados o enemigos, del paisaje o de los atributos de los personajes de la historia.
La vieja a veces los sigue hasta el fin del relato; otras, muere en el transcurso del mito. Algunas versiones interrumpen el ciclo tras la muerte del venado; en versiones mixtecas de Guerrero y Puebla, la vieja es la madre del temazcal, pues cuando los niños quieren aliviar a la madre de las picaduras de los insectos la curan con un baño en el que muere asada o asfixiada. Otras veces ellos mismos saltan a ese fuego del temazcal y se convierten en Sol y Luna. En la versión poblana, uno de los hermanos se lleva los cuernos del venado como recuerdo. Por eso la Luna tiene sus dos cuernos (Barlow, 1962).
En la mayoría de las versiones oaxaqueñas continúan su viaje y matan a un águila devoradora en lo alto de una montaña; otras veces es una culebra. Los relatos van minuciosamente intercalados de explicaciones sobre la causa de las cosas más o menos abreviadas o extensas.

 

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Elisa Ramírez. Socióloga, poeta, escritora para niños y traductora. Colaboradora permanente de esta revista.







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