
En Acatlán, “Cerro
de la Joya” (a), los habitantes de las mixtecas
Alta y Baja establecieron
relaciones de parentesco. Códice de Tulane, lám.
9.
Reprografía: Boris de Swan / Raíces
La
Mixteca Baja, en los límites de los actuales
estados de Oaxaca, Guerrero y Puebla, es una zona con
una historia casi desconocida. Sin embargo, la zona
es rica en documentos pictográficos que hasta
ahora han sido poco estudiados. Además de algunos
códices genealógicos, hay pinturas que
tratan sobre el tributo, la tenencia de la tierra y
la producción de sal.
“A la Mixteca
Baja pusieron nombre de Ñuniñe, por ser
tierra cálida”. Con esta breve frase introdujo
fray Antonio de los Reyes en 1593 esa poco conocida
región mixteca en los límites de los actuales
estados de Oaxaca, Guerrero y Puebla. La región
es montañosa y forma parte de la Sierra Madre
del Sur, con la Mixteca Alta al sureste y la Montaña
de Guerrero al oeste, pero sus cumbres no alcanzan las
alturas de estas vecinas. Aproximadamente la mitad de
la Mixteca Baja está situada entre los 1 200
y 1 400 msnm y sus ríos llevan el agua de la
Sierra Madre del Sur hacia la cuenca del río
Atoyac-Balsas al norte.
Hoy en día, la Mixteca Baja es una zona aislada
y notoriamente marginada, sobre todo en su parte occidental.
En la parte oriental, alrededor de Huajuapan y Tequixtepec,
la existencia de un estilo particular manifiesto en
los materiales arqueológicos del periodo Clásico
–llamado Ñuiñe– fomentó
el interés de arqueólogos desde la década
de los sesenta, pero la arqueología e historia
de la mayor parte de la región es virtualmente
un capítulo desconocido. No obstante, existen
importantes testimonios históricos –entre
ellos documentos pictográficos del siglo XVI–
que han recibido escasa atención hasta la fecha.
A la llegada de los europeos a la Mixteca, el territorio
estaba distribuido entre varios importantes señoríos
mixtecos. El nombre para la región (Ñuniñe)
es también el nombre mixteco de Tonalá,
quizás un lugar emblemático de la región.
Este señorío incluía –seguramente
mediante una red de relaciones genealógicas–
a los “sub-señoríos” de Atoyac
y Silacayoapan. Otros centros de importancia eran Acatlán,
Chila, Petlalcingo, Ixitlán y Piaxtla en el actual
estado de Puebla; Ihualtepec-Suchiquilazala, Juxtlahuaca
y Tecomaxtlahuaca en la parte occidental oaxaqueña,
y Huajuapan, Huajolotitlán, Tezoatlán,
Tequixtepec y Coyotepeji en la parte oriental.
Los
documentos
Los gobernantes de estos señoríos promovieron
la producción de libros genealógicos,
documentos tributarios y mapas, de los cuales algunos
se han conservado hasta hoy. En total se han identificado
diez documentos provenientes de esta área: el
Rollo de Tulane, los códices llamados
Dehesa, Egerton 2895 y Becker
II, los mapas de San Vicente del Palmar,
de Xochitepec, el Poscortesiano No. 36
y el llamado Lienzo Mixteco III, así
como el Códice de Tecomaxtlahuaca y
la Genealogía de Igualtepec.
Durante mucho tiempo, un importante problema relacionado
con estos documentos era la falta de un lugar de procedencia
precisa para la mayoría de ellos. Sólo
el origen del Códice de Tecomaxtlahuaca
estaba bien establecido.
Rollo de Tulane. En 1991, Mary Eliza-beth Smith
demostró que en el Rollo de Tulane se
representan 15 generaciones de la casa real de Acatlán
(aproximadamente desde inicios del siglo XIII hasta
mediados del siglo XVI) y registra la participación
de los gobernantes de Teozacualco, señorío
de gran prestigio en la Mixteca Alta, en su fundación
durante la segunda mitad del siglo XII. La presencia
de gobernantes y nobles de la Mixteca Alta en la Mixteca
Baja en una fecha tan temprana llama la atención
y sugiere una política de expansión desde
la Alta hacia la Baja. Un segundo linaje en este rollo
es quizás el de Chila.
ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN
IMPRESA
_____________________
Sebastián van Doesburg.
Doctor en letras por la Universidad de Leiden, Países
Bajos. Investigador en la Biblioteca Francisco de Burgoa
de la Universidad Autónoma Benito Juárez
de Oaxaca, en donde coordina varios proyectos de investigación
sobre documentos pictográficos de Oaxaca y Puebla
y sobre la documentación colonial escrita en
la lengua chochona (o ngiwa) de la región de
Coixtlahuaca y Tamazulapan.