La agricultura en Mesoamérica
La gran invención |
| NOTICIAS_________________________________________________________________ |
Nayarit
Localizan petrograbado vinculado a la red Aztatlán |
|
Recientes trabajos de reconocimiento de arqueólogos del Centro INAH Nayarit en la zona montañosa del altiplano meridional de Nayarit, permitieron dar con un petrograbado iconográficamente vinculado a la tradición pictórica del complejo cultural Aztatlán (850/900-1350 d.C.) del Occidente de México, cuya zona nuclear se desarrolló en las tierras bajas costeras del norte de Nayarit y el sur de Sinaloa. El sitio, conocido localmente como el Cantil de las Ánimas, se localiza en la zona de transición entre la subprovincia fisiográfica de las sierras neovolcánicas nayaritas y el declive de la Sierra Madre Occidental, cerca de Jesús María Cortés, localidad perteneciente al municipio de Tepic, a una altitud promedio de 225 msnm.
Se trata de un complejo panel con representaciones de carácter simbólico trabajadas en bajorrelieve; cubren una superficie de casi 4 m de largo por 2 m de ancho, cuyo frente se orienta hacia el sur. Todos los diseños se distribuyen a lo largo de una banda horizontal dispuesta sobre un soporte pétreo de rocas ígneas extrusivas (basaltos) del Terciario, que forman un plano vertical o cantil de aproximadamente 10 m de altura sobre su talud.
Sobresale en su composición una marcada división dicotómica del espacio en términos del contenido simbólico de las representaciones, pues en la mitad oriental del panel se concentran diseños relacionados con la fertilidad.
Mauricio Garduņo Ambriz, Centro INAH Nayarit |

Nubes de lluvia, caracoles seccionados y vulvas femeninas.
Foto: Mauricio Garduño Ambriz |
NOTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA
Colima
Entierros en el sitio El Diezmo-Adonai
|
|
En mayo de 2011, durante trabajos de rescate arqueológico en un predio rústico de apenas cinco ha ubicado en plena zona urbana del municipio de Colima, se encontraron restos humanos que, posteriormente, pudimos asociar a materiales culturales de la fase Capacha (1500-1000 a.C.). Se continuó excavando tanto para recuperar el entierro como para confirmar que, en efecto, se trataba de un contexto funerario donde habían sido inhumados varios individuos, y no de un hallazgo aislado.
En un área de 12 m2 se recuperaron diez entierros, nueve de ellos asociados a la fase Capacha, considerada como del Preclásico Temprano, y sólo uno asociado con material de la fase Colima (400-600 d.C.). Confirmada la importancia del contexto se delimitó la superficie del espacio funerario, cerrando la excavación a fin de integrar el estudio e investigación del sitio llamado El Diezmo-Adonai mediante un proyecto de investigación específico con objetivos y metodología concretos. Por las características de las evidencias se consideró pertinente integrar esta investigación al “Proyecto de Investigación Arqueológica El Formativo en Colima: una continuidad ocupacional”, en cuyas varias temporadas se han efectuado trabajos enfocados a refutar la supuesta discontinuidad ocupacional en el valle de Colima. |
Uno de los entierros de El Diezmo-Adonai asociado a la fase Capacha. Foto: Laura Almendros y Ramón López
Arqlga. Laura Almendros López, Arqlga.
Maritza Cuevas Sagardi, Arqlgo. Rafael
Platas Ruiz, Centro INAH Colima |
NOTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA
Ciudad de México
Cráneos y piedra sacrificial
en la Plaza Manuel Gamio
|
|
Desde 2009 se han retirado alrededor de 8 000 m3 de escombro de la Plaza Manuel Gamio, en el Centro Histórico de la ciudad de México, donde el INAH construye un nuevo vestíbulo de acceso a la zona arqueológica y museo de sitio del Templo Mayor de Tenochtitlan, y de nueva cuenta emergen a la luz vestigios arqueológicos que fueron sagrados para los mexicas.
El hallazgo de dos depósitos rituales (uno sobre el otro) entre los 7 y 8 m de profundidad en la esquina noreste de la Plaza Manuel Gamio, al pie del Templo Mayor de la etapa VI (1486-1502) y atrás del Cuauhxicalco (1440-1469) ocurrió el pasado mes de agosto de 2012.
Con el propósito de complacer a los dioses y al mismo tiempo obtener sus bondades, los mexicas realizaron un depósito ritual (ofrenda 157) de por lo menos 45 cráneos y más de 250 mandíbulas humanas. Se trata de un ejemplo de las muchas ofrendas que clausuraron ritualmente la ocupación de un espacio arquitectónico. Algunos de esos cráneos fueron modificados con el fin de elaborar lo que conocemos como máscaras-cráneo, aunque al parecer éstas nunca se concluyeron. Esas máscaras, a las que se ha vinculado con el culto a Mictlantecuhtli, dios de la muerte, eran empleadas como elementos votivos en los templos, en algunas ceremonias religiosas y como dones a los dioses al formar parte de ofrendas.
Raúl Barrera, Estibaliz Aguayo,
R. Berenice Jiménez |

La ofrenda 157 consta de unos 45 cráneos
y más de 250 mandíbulas humanas.
Fotos: Melitón Tapia/INAH, PAU–MTM–INAH
|
NOTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA
| Homenaje a Mario Vázquez |

Foto: Héctor Montaño / DMC / INAH
México es poseedor de una enorme riqueza cultural. Sus museos albergan tanto la presencia del pasado como las expresiones artísticas actuales. Los artistas anónimos, en un mundo prehispánico pleno de formas, colores y mitos, lograron arrancar a la naturaleza sus componentes para transformarlos, por medio de su poder creador, en verdaderas obras de arte plasmadas en la piedra, el barro y el muro hecho color. Nada los detenía para imprimir su sello de múltiples maneras en aquellas presencias que, al paso de los siglos, se han convertido en vestigios de aquel pasado y que hoy cobran realidad en un presente que nos permite observar, absortos, a los hombres que fueron y la manera en que dejaron su impronta.
Larga es la tradición de museos en México. En 1825 se funda el Museo Nacional por mandato de Guadalupe Victoria; a partir de ese instante se establecen recintos similares en diversos estados de la República. Sin embargo, el siglo xx acoge una proliferación de museos de todo tipo y diferente vocación, entre los que destacan los que albergan nuestro acervo prehispánico. Como medios de comunicación y transmisores de nuestra historia, muestran una gran diferencia con algunos museos europeos. Éstos se formaron en no pocas ocasiones bajo una actitud colonialista que despojaba a otros países de sus bienes arqueológicos. En México, por el contrario, los museos de arqueología exhiben las culturas que nos antecedieron y que son parte de nuestra historia. Por ello es importante transmitir al observador esa historia y su devenir mediante las obras del pasado.
Para lograr cabalmente lo anterior y que estos recintos cumplan con su función didáctica como medios de difusión, es necesario contar con la persona que tiene la invaluable y alta responsabilidad de servir como vínculo entre los objetos exhibidos en el museo y la mejor manera de presentarlos ante los espectadores. No es tarea fácil. Un buen museógrafo requiere conocimientos que van desde saber de las colecciones por exhibir, su historia, características y propiedades, hasta la forma más adecuada de sacar a cada objeto sus valores y cualidades. Y es aquí donde entra otro componente más: la sensibilidad. Sin ella, poco podría lograr el museógrafo.
Eduardo Matos Moctezuma
|
NOTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA |



|
|