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SALUD Y ENFERMEDAD, EN EL MÉXICO ANTIGUO


Portada: Representación de un enfermo. Cultura del Occidente. Clásico. Procedencia desconocida. Museo Regional de Tepic, Nayarit.
Foto: Michael Calderwood


ÍNDICE 74  
DOSSIER Spa: Salute per Aqua, el temazcalli

La obra de arte. Conservar el pasado
para fundamentar el presente

El cataclismodemográfico
de la conquista
Testimonios de las enfermedades La medicina tradicional indígena
Medicina y salud en Mesoamérica El ámbar de Chiapas. Una gema con historia
Las enfermedades en Mesoamérica MUSEOS: Regional de Nayarit, en Tepic
Las enfermedades de la aristocracia Maya La Guelaguetza y las Fiestas de los Lunes del Cerro
Las huellas de las enfermedades en los huesos GUÍA DE VIAJEROS: Teotihuacan, Edo. de México
El temazcal arqueológico CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO

 

HISTORIA DEL ARTE

LA OBRA DE ARTE
Conservar el pasado para fundamentar el presente

Beatriz de la Fuente

Incontables han sido las obras materiales que la humanidad ha producido a lo largo de un desarrollo milenario y de las cuales tenemos amplia gama de evidencias. Desde las más pequeñas y de carácter íntimo y personal hasta las de enormes dimensiones y de índole variada, todas nos hablan –con diversos lenguajes e intensidades– de búsquedas, deseos, inquietudes y logros de aquellos antiguos creadores en su tránsito existencial. Nos hablan del sólido fundamento en el pasado social común, del actuar en el presente –su propio presente, individual y colectivo– y de la certeza del futuro.
Es legítimo decir que el Homo sapiens se ha distinguido por dar formas concretas a los más recónditos pensa-mientos y afanes que permean la vida, los que pueden enunciarse bajo las tres preguntas fundamentales del devenir: quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos. Para responderlas, la humanidad ha creado multitud de expresiones, entre ellas las que acuden al lenguaje de las formas plásticas: arquitectura, pintura, escultura, dibujo, grabado, orfebrería, alfarería, pluma-ria, lítica. Habré de ocuparme aquí de dos de ellas, puesto que han sido razón básica de mi interés profe-sional: la escultura y la pintura.
Las formas plásticas suelen presentarse bajo diversas apariencias que tal vez las hagan merecedoras del cali-ficativo de artísticas, de acuerdo con diferentes rasgos y criterios. Si bien es cierto que existe alguna discusión al respecto, no hay duda de que la obra de arte resuelve en imágenes, y gracias a esa materialidad, la experien-cia humana del mundo. Es entonces cuando los ámbitos de la realidad conceptual, intangible y nouménica, se aproximan a los de la concreta, tangible y fenoménica, los tocan y se entremezclan.
Para nosotros, los modernos humanos que volvemos lo ojos a esos múltiples y disímbolos testimonios del pa-sado, resulta de valor incalculable el objeto así produ-cido. Manifiesta y comunica obras per se y antiguas formas de vida, experiencias religiosas y trascenden-tales, y respuestas dadas por los creadores y sus sociedades.

El gobernante maya Ahkal Mo’ Naab’ I, costado este del sarcófago de Pakal. Clásico. Templo de las Inscripciones, Palenque, Chiapas. [ep]
Foto: Carlos Blanco / Raíces

ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Beatriz de la Fuente. Doctora en historia. Investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Estéticas (UNAM) y del Sistema Nacional de Investigadores. Miembro de El Colegio Nacional y de nuestro Comité Científico-Editorial.
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CHICHÉN ITZÁ

NÚMERO 91
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LA REGIÓN MEXICA

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Los mexicas ante el cosmos
Alfredo López Austin
La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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