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La olmeca ha sido considerada como
la primera civilización mesoamericana: surgió
entre 1250 y 600 a. C. y se le identifica por un estilo
peculiar (Niederberger, 1987). Para llegar a este postulado
tuvieron que pasar muchos años, desde que se descubrieron
los primeros vestigios olmecas en Hueyapan, Veracruz,
a finales del siglo XIX, hasta la posterior aceptación
de su mayor antigüedad en relación con las
altas culturas del Clásico, como la maya y la teotihuacana
(Covarrubias, 1942; Jiménez Moreno, 1942).
Debido a que en la costa del Golfo se siguieron localizando
los testimonios más notables de la cultura olmeca,
surgió la idea, muy difundida, de que se había
originado en un área limítrofe entre Veracruz
y Tabasco, a la que se llamó el “corazón
olmeca”, desde la cual se difundiría hacia
otras regiones menos desarrolladas.
A diferencia de otros investigadores, Miguel Covarrubias,
en 1957, propuso que el estilo olmeca se había
originado en la costa o en los valles de la vertiente
del Pacífico, entre Guerrero y Oaxaca. Posteriormente
la mayoría de los arqueólogos desechó
esta idea y el estilo olmeca se ubicó hacia 1200
a.C. en San Lorenzo, Veracruz, lo que hizo pensar que
aquí era más temprano y, con base en el
parecido estilístico, lo olmeca del resto de las
regiones, incluido Guerrero, parecía ser más
tardío, alrededor de 900 a.C. o posterior. El contacto
de la costa del Golfo con Guerrero se explicaba por la
necesidad de los olmecas de la zona nuclear de materias
primas –serpentina y posiblemente jadeíta–,
usadas en la elaboración de hachas y otros objetos
de piedra. Sin embargo, en Guerrero ya habían aparecido
elementos de estilo olmeca tan antiguos, al parecer, como
las primeras manifestaciones de estilo olmeca de San Lorenzo,
con lo cual se tomaría en cuenta otra vez la hipótesis
de Covarrubias y se confirmaría la de Niederberger,
quien postulaba una sincronía en el inicio de las
ocupaciones en ambas regiones hacia 1250 a.C., caracterizadas
por una iconografía de estilo olmeca.
El estilo olmeca apareció en todo el estado de
Guerrero en diversas formas: objetos portátiles,
figurillas de barro y de piedra, cerámica con diseños
olmecas, escultura de bulto o grabada y pinturas en cuevas,
este último rasgo casi ausente en el resto de Mesoamérica.
Muchas piezas portátiles de estilo olmeca se encuentran
en colecciones privadas o en museos, y son muy pocas las
que provienen de excavación controlada, únicas
de las que se puede asegurar su antigüedad. Entre
estas últimas destacan una serie de figurillas
de barro conocidas como baby face, vasos con motivos de
la iconografía olmeca alrededor del borde o en
las paredes y vasijas-rostro como las excavadas en la
“zona de lomeríos” en Teopantecuanitlán
y en un espacio funerario en Chilpancingo.
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LA EDICIÓN IMPRESA
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• Rosa Ma. Reyna
Robles. Doctora en antropología por la UNAM. Investigadora
de la Dirección de Salvamento Arqueológico
del INAH. Expresidenta del Colegio Mexicano de Antropólogos.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y del Consejo
de Asesores de Arqueología Mexicana.
• Paul Schmidt Schoenberg. Doctor en antropología
por la Tulane University. Ha realizado investigación
arqueológica en varias regiones, principalmente
en Guerrero. Investigador del IIA, UNAM, donde tiene a
su cargo el proyecto de “Arqueología de superficie
Chilapa-Zitlala, Guerrero”.
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