En
los últimos 70 años de la época
prehispánica, Ocotelulco adquirió
importancia religiosa, económica y política,
que superó a la de los demás señoríos
tlaxcaltecas. En ese periodo el sitio tuvo a
su disposición los medios intelectuales
y materiales para realizar imponentes rituales.

Un dios prehispánico
venerado en Ocotelulco, Tlaxcala, fue Tezcatlipoca,
de quien se ve el rostro de
perfil y con el
ojo cerrado en el fondo de este cajete. Ocotelulco,
Tlaxcala.
Foto: Archivo de Eduardo,
Contreras Martínez
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En
un lomerío de poca elevación, al norte
de la ciudad de Tlaxcala, se asientan tres pequeñas
poblaciones, a saber, San Miguel Tlamahuco, Acxotla
del Río y San Francisco Ocotelulco, bajo las
cuales se encuentran los vestigios de lo que a fines
de la época prehispánica fue uno de los
más importantes pueblos tlaxcaltecas: Ocotelulco.
Las huellas de su extensión y grandeza se dejan
ver en los cientos de fragmentos de cerámica
doméstica y ritual diseminada en los predios
aún baldíos donde, en varios de ellos,
es posible también observar alineamientos de
piedra a los que los lugareños dan por nombre
“te cercos”.
Poco es lo que conocíamos hasta hace unos años
acerca de este sitio arqueológico, el cual fue
escenario de importantes acontecimientos previos a la
conquista de México-Tenochtitlan y del inicio
de la conversión religiosa de los nativos.
De la estancia en este lugar del ejército español
y años después de los primeros franciscanos,
derivaron crónicas en las que se describen templos,
casas de los nobles, calles y su gran mercado, que proporcionan
un retrato de los últimos años de la etapa
prehispánica y su transformación tras
la conquista.
El arquitecto Jorge R. Acosta, atraído por una
denuncia referente a la presencia de vestigios de tradición
prehispánica, recorrió en 1954 algunas
terrazas ubicadas en torno a la iglesia del pueblo de
San Francisco Ocotelulco, donde encontró alineamientos
de piedra y ladrillo.
Ya en la década de los setenta del siglo anterior,
arqueólogos del Proyecto Arqueológico
Puebla-Tlaxcala –promovido por la Fundación
Alemana para la Investigación Científica–,
a cargo del maestro Ángel García Cook,
recorrieron el lomerío e identificaron el antiguo
asentamiento prehispánico. Lo definieron como
pueblo grande y establecieron como probable fecha de
fundación el siglo XII de nuestra era.
A principios de 1990 se realizaron las primeras exploraciones
en las terrazas localizadas al norte de la iglesia de
San Francisco Ocotelulco, donde observé alineamientos
de piedra y ladrillo, quizás los mismos que vio
el arquitecto Jorge R. Acosta 36 años antes.
La iglesia es un referente clave para ubicar los contextos
explorados hasta ahora, aun cuando no es una estructura
antigua, ya que el inicio de su construcción
fue a fines del siglo XIX. Está orientada de
este a oeste y se compone de una pequeña nave
con sacristía y un atrio que todavía es
usado como cementerio. La entrada da a las dos principales
calles del pueblo, de nombres Grecia y Liverpool, en
las cuales ya no queda predio libre donde construir,
pero en los otros tres sectores colindantes hay varios
terrenos de cultivo en los que se observan fragmentos
de ladrillos, cerámica y obsidiana.
Exploraciones
de 1990
Visibles en la superficie de tierra de la entonces calle
de Perú (hoy parte de la zona arqueológica),
había alineamientos de piedra, los restos de
una caja de ladrillo y en el corte de la terraza norte,
fragmentos de un piso de estuco. El objetivo de esta
primera exploración fue corroborar si los indicios
correspondían a contextos prehispánicos
e intentar definir sus características. Así,
en la terraza contigua al edificio eclesiástico
de la comunidad se localizaron los restos de un pequeño
templo o teocalli, del que se han identificado
tres etapas constructivas (área A). De la intermedia
y la última es una escalinata estucada y los
restos de otra inconclusa, debido probablemente a la
llegada de los españoles. A la más antigua
corresponde un pequeño recinto ceremonial con
un piso estucado delicadamente pulido, delimitado por
los muros de una plataforma; al fondo se encuentran
dos subestructuras policromadas, una banca y un altar
central adosado.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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• José Eduardo Contreras
Martínez. Arqueólogo. Investigador del
Centro INAH Tlaxcala. Responsable de la zona arqueológica
de Ocotelulco desde 1990 hasta la fecha.