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El uso del castellano fue una
de las novedades aportadas por la conquista. El
hecho en sí no planteó gran reto para
un mundo tan ricamente políglota como el
mesoamericano. Para quien hablaba náhuatl,
otomí, tarasco y algún otro idioma
más no debió ser demasiado difícil
adquirir el dominio de la lengua de Berceo (Cervantes
aún no entraba en escena). Los españoles,
por su parte, tuvieron que aprender por lo menos
náhuatl o maya, y así, en pocos años,
Mesoamérica vivió una notable experiencia
lingüística. Entre sus consecuencias
cabe señalar la gradual conformación
del castellano de México y la adopción
de formas y expresiones nuevas en las lenguas amerindias.
Naturalmente el castellano fue ganando preeminencia,
aunque debe notarse que las condiciones de la sociedad
colonial favorecieron la consolidación del
náhuatl como segunda lengua de uso general
incluso entre españoles. La experiencia
lingüística, a fin de cuentas, produjo
una revolución.
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Bernardo García Martínez. Doctor en
historia; profesor de El Colegio de México.
Autor de obras sobre pueblos de indios, sociedad
rural, historia ambiental y geografía histórica.
Miembro del Consejo Científico-Editorial
de esta revista.
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