arqueología mexicana
LA guerra en mesoamérica

ÍNDICE 84
SERIE: Arquitectura en Mesoamérica. I. Urbanismo
DOSIER: La guerra en Mesoamérica ARQUEOLOGÍA: Arqueología en El Cajón, Nayarit

La guerra en la antigua Mesoamérica

Las chías sagradas del Templo Mayor de Tenochtitlan
Los antiguos mayas en guerra PIEZA: Dos máscaras de Dzibanché, Quintana Roo
La guerra entre los zapotecos DOCUMENTO: Relación de Michoacán
Iconografía guerrera en la escultura de Tula, Hidalgo EXPOSICIÓN: “Persia: Fragmentos del paraíso. Tesoros del Museo Nacional de Irán”
El macuáhuitl. Un arma del Posclásico Tardío en Mesoamérica CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO: Algo de eso, todo eso, nada de eso

PIEZA
Dos máscaras de Dzibanché, Quintana Roo
Imágenes del Clásico mesoamericano
Sofía Martínez del Campo Lanz


Máscara de la ofrenda de la cámara 1 de la Estructura II o Templo de los Cormoranes, Dzibanché, Quintana, Roo. Arriba: Montaje de 1996. Página siguiente: Montaje de 2006, al concluir la nueva intervención en el Taller de Restauración del Museo Nacional de Antropología.
Fotos. izquierda: Archivo Máscaras Funerarias. derecha: Gerardo Cordero

A partir del Renacimiento europeo, la concepción de la belleza perfecta ha sido expresada por las culturas occidentales a través del cuerpo y del rostro humano en sus proporciones clásicas. Es por ello natural que la modificación de la imagen en cuanto a su simetría y a la proporción de sus formas pueda representar para el observador una dilución del ideal de belleza aprendido y apreciado culturalmente. Lo anterior nos lleva a comprender de forma cabal que un objeto no es estético por sí mismo, lo será, sólo, en la opinión del observador que lo aprecie de tal manera.
La fisonomía humana, tantas veces representada en la plástica maya del Clásico, es evidencia ineludible de la concepción estética que los antiguos mayas tenían de sí mismos. Lo es también de la observación minuciosa de sus artistas, quienes plasmaban a los nobles personajes de manera fiel, retratando cada una de las peculiaridades que los distinguían. Durante poco más de cinco décadas hemos sido sorprendidos por algunos de estos objetos rescatados de los sepulcros, objetos que, de ser comprendidos, nos llevan a un amplio conocimiento de la cultura de la que forman parte. Se trata de las máscaras funerarias de mosaico de piedra verde, testimonio de ocasiones ceremoniales y de eventos rituales de los antiguos pobladores, manifestación material y concepción espiritual durante su vida en la tierra.
El universo metafórico presente en el ritual de enterramiento llega así hasta nosotros de forma tangible, como vestigios de épocas pasadas que en realidad han de considerarse como verdaderas obras de arte de exquisita manufactura y fuente de acercamiento a esa antigua civilización. Son hallazgos que forman parte fundamental de ese universo en vista de que el papel del rostro y en general de la cabeza en el mundo prehispánico son de suma importancia. Para la sociedad mesoamericana, la cabeza era la parte del cuerpo donde podía exhibirse la jerarquía de hombres y mujeres, y era en el rostro donde se podía descubrir el reflejo de la honra derivada de la edad y de la valentía (López Austin, 1980). Aquel personaje sepultado con un ajuar funerario y una máscara de piedra verde se contaba entre los elegidos de la sociedad maya, como lo indican la valía y el significado del material con el que se recreaba su rostro.
Los resultados de la investigación y el análisis interdisciplinarios de estos mosaicos hablan de ellos como de un testimonio vivo de la imagen de esos hombres, quienes compartían el ideal de la belleza divinizada representado en la deformación de los rasgos de su rostro. Tanto en la máscara de Pakal el Grande, de Palenque, como en aquellas procedentes de las zonas arqueológicas de Calakmul, Oxkintok, La Rovirosa y Dzibanché, estas asimetrías no son fortuitas, se encuentran plasmadas en las teselas que, al unirse con precisión en el conjunto del mosaico, revelan las diferencias antropomórficas, característica notable de estos rostros que nos miran.

 

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA


Máscara de la ofrenda del nicho en la escalera de la Estructura I o Templo del Búho, Dzibanché, Quintana, Roo. Arriba: Montaje de 1996. Página siguiente: Montaje de 2006, al concluir la nueva intervención en el Taller de Restauración del Museo Nacional de Antropología.
Fotos. izquierda: Archivo Máscaras Funerarias. derecha: Gerardo Cordero

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Sofía Martínez del Campo Lanz. Licenciada en restauración de bienes muebles por la ENCRYM, INAH. Se ha especializado en la restauración de ajuares y máscaras funerarias de jade y concha. Coordinadora del Proyecto Máscaras Funerarias de la CNMA, INAH.







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