arqueología mexicana
Los dioses mayas

ÍNDICE 88  
DOSIER: Los dioses mayas ARQUEOLOGÍA: El Luchador

Dioses mayas. Una aparición tardía

PIEZA: Mosaicos ceremoniales. Calakmul
Popol Vuh. Libro sagrado de los mayas
MITOS Y CUENTOS: Las primeras personas
Arquitectura y religión en el siglo XVI DOCUMENTOS: Representaciones arqueológicas
Dioses mayas Mapa de Oztotícpac
ANTROPOLOGÍA FÍSICA: Experiencias de vida. 1 RELIGIÓN: Agua y fuego en el mundo náhuatl

PIEZA
Los mosaicos ceremoniales de la
Estructura III de Calakmul

Representaciones de la divinidad
Sofía Martínez del Campo Lanz


Mosaico de cinturón ceremonial de la Tumba 1, Estructura III de Calakmul, Campeche. Montaje de 2005, al concluir
su última intervención en el Taller de Restauración del Museo Nacional de Antropología.
Foto: boris de swan / raíces

Mosaico de cinturón ceremonial de la Tumba 1, Estructura III de Calakmul, Campeche. Montaje de 1989
Foto: marco antonio pacheco / raíces


Desde su concepción de la creación del mundo, los antiguos mayas consideraban al soberano como la manifestación de la divinidad en la Tierra. Esta aseveración sobre su naturaleza superior debía de ser preservada y para ello los dignatarios mostraban su herencia legítima de forma tangible mediante representaciones materiales. Primero, para acceder al trono, durante el resto de su vida para mantener su fortaleza y su posición en el poder, y en el momento de la muerte para convertirse en dioses. Las máscaras ceremoniales con las que serían inhumados eran el instrumento para hacer posible este devenir.
En 1988 se descubrieron en Calakmul, Campeche, tres rostros de mosaico de jade de espléndida manufactura y una vasija tetrápode con la efigie del personaje inhumado en el asa de la tapa, un hallazgo extraordinario durante el Proyecto Arqueológico Calakmul, dirigido en aquel entonces por William J. Folan. Las piezas eran parte de una ofrenda perteneciente al Clásico Temprano, localizada en la tumba 1 de la Estructura III, que contenía además innumerables piezas de las que Sophia Pincemin hizo un minucioso registro (Pincemin, 1994). Los tres mosaicos fueron reconstruidos por primera vez en 1989 y casi dos décadas después han sido nuevamente intervenidos como parte del Proyecto Máscaras Funerarias, de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del inah, para devolverles sus valores originales. La nueva restauración de la máscara funeraria, junto con su tocado, tuvo lugar en 2005, la del cinturón ceremonial concluyó en junio de 2007 y el mosaico de pectoral se encuentra en pleno proceso de restauración.
Durante el montaje de los mosaicos se incorporaron las teselas de jade y las aplicaciones de concha que no fueron utilizadas en las propuestas de 1989, en su primera reconstrucción, y que permanecieron en pequeñas cajas, junto con las de la máscara y el ajuar de la Estructura VII de Calakmul, en la bodega de bienes culturales del Centro inah Campeche hasta 2003 (Martínez del Campo, 2004, p. 10). En octubre de ese año fueron trasladadas a la ciudad de México y a partir de entonces han quedado bajo resguardo del Taller de Restauración del Museo Nacional de Antropología, con la idea de irlas incorporando a sus correspondientes mosaicos. La correcta ubicación de las piezas en la máscara funeraria y en el rostro del cinturón ceremonial ha derivado en un cambio sustancial de su fisonomía. Lo mismo sucederá con el pectoral en unos meses más, cuando su intervención haya concluido. El estudio mineralógico de las tres máscaras fue realizado por Ricardo Sánchez (SLAA/INAH) y Jasinto Robles (Centro INAH Michoacán); la identificación de las conchas, por Adrián Velázquez, Belem Zúñiga (MTM) y Norma Valentín (SLAA/INAH); y el seguimiento antropométrico, por Arturo Romano y Josefina Bautista (DAF/INAH).
La máscara funeraria de la Estructura III de Calakmul es ahora un mosaico con 146 teselas de jade y 49 aplicaciones de concha de tres especies, y se complementa con un tocado con 48 teselas de jade y un par de orejeras de jade, concha y hematita especular. Su fisonomía refleja la de un adulto masculino con deformación tabular oblicua y una aplicación que continúa la línea de la nariz hacia la frente; presenta arcos superciliares altos; párpados anchos y delineados; pómulos sobresalientes; ojos pequeños y oblicuos, constituidos cada uno por tres piezas de conchas de Pinctada mazatlanica; boca abierta y ajaguarada, formada por aplicaciones de Spondylus princeps, y una sola pieza de Pinctada mazatlanica curvada, cortada en forma de ik e incisa al centro, que representa los dientes superiores proyectados hacia adelante; tiene la barbilla pronunciada y una ancha banda de Spondylus calcifer circunda su rostro. Estos mismos rasgos distintivos son los que presenta la efigie del personaje de la vasija tetrápode.
La boca abierta es un símbolo del ajaw, en lengua maya dios o señor, “aquel que habla”, y aparece en tres objetos de la ofrenda: el rostro de la vasija, la máscara funeraria y el mosaico del cinturón. En las dos primeras piezas, además, el dignatario lleva un tocado con forma de ave a la que desde principios del Clásico se le otorgó el significado de ajaw. Es semejante al pájaro mitológico que aparece en el tocado de la deidad GI de la tríada de Palenque, Chiapas, representado en el cuerpo de una urna para ofrendas fechada entre 250 y 450 d.C. (Fields, 2005, p. 132), o a la que adorna el tocado del personaje de la Estela 11 de Piedras Negras, Guatemala (Schele, 1986, p. 112). Por otro lado, para reiterar la elevada naturaleza del dignatario, en la tapa de la vasija tetrápode fue tallado un pendiente con la forma que acostumbraba utilizarse en el periodo temprano para denominar ajaw. Como complemento, una de las teselas del mosaico de pectoral fue tallada con esa misma forma y otra presenta un glifo inciso que al parecer, en un primer reconocimiento, nombra al personaje (Guillermo Bernal, comunicación personal, agosto de 2007).
El mosaico de cinturón ceremonial, por su parte, está constituido actualmente por 100 teselas de jade, 38 aplicaciones de concha y caracol y 101 placas de hematita especular. Muestra el rostro de un individuo masculino joven con evidente deformación tabular oblicua; ojos muy amplios de Oliva y Strombus gigas para la esclerótica y hematita especular para el iris; boca abierta de Spondylus princeps enmarcada bajo el labio inferior por teselas de color ocre, y una sola pieza de caracol Strombus gigas curva e incisa, equivalente a los incisivos superiores e inferiores; una delgada banda de Spondylus princeps, ahora incompleta, circundaba su rostro. Tres atributos lo convierten en un adorno central de cinturón único hasta nuestros días: Las líneas ondulantes de Spondylus princeps que salen de las comisuras de la boca y fueron cortadas y talladas en forma de S para el lado derecho del rostro y de Z para el lado izquierdo, rematadas con un medio círculo; las ligeras curvaturas talladas en su plano horizontal son tan precisas, que se adaptan perfectamente al contorno de las mejillas. La cuenta nasal, conformada por dos piezas de Spondylus princeps en forma de hoz, diseñadas para colocarse una sobre la otra. Y el tocado, que descansa sobre una diadema de nudo central. Las piezas centrales de Spondylus princeps que lo constituyen semejan el corte de pelo escalonado que acostumbraban llevar los adornos de cinturón de los señores de alto rango, como puede verse en el Dintel 3 de Yaxchilán, Chiapas (Graham, 1978:17); en su parte media, se observan dos ojos conformados por aplicaciones de Strombus gigas y hematita especular rodeados por placas delgadas de este último material, dando la impresión de mirarnos desde la oscuridad. Este tipo de cabezas de cinturón con frecuencia representaba la versión humana de ajaw pero también al Jaguar del Lirio Acuático, a GI, a GIII o a los Gemelos Remeros, entre otros (Schele, 1986, p. 71), todos ellos representaciones de la dualidad. Se abre entonces la posibilidad de que el recién restaurado mosaico de cinturón ceremonial sea una abstracción plástica del día y de la noche, del Sol diurno y del Sol nocturno, de la muerte y del renacimiento, conceptos inseparables de la deidad, quien era inhumada junto con el soberano, para divinizarlo.

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• Sofía Martínez del Campo Lanz. Licenciada en restauración de bienes muebles por la encrym, INAH. Se ha especializado en la restauración de ajuares y máscaras funerarias de jade y concha. Coordinadora del Proyecto Máscaras Funerarias de la CNME, INAH.


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