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LA religión mexica

ÍNDICE 91  
DOSIER: La religión mexica HIST. DE ARQUEOLOGÍA: El peregrinar la Piedra del Sol
Los mexicas ante el cosmos ARQUEOLOGÍA: El arte rupestre, Guanajuato
El mundo sobrenatural ANTROPOLOGÍA FÍSICA: El cuerpo humano
Los “2 000 dioses” de los mexicas PIEZA: Espina con inscripción de Comalcalco
Ochpaniztli. La fiesta de las siembras MITOS Y CUENTOS: Nuestro Abuelo el fuego
Historia sobre religión mexica DOCUMENTOS: Códice Madrid
La cosmovisión de los nahuas CONCURSO: La sangre y el oro

PIEZA
Espina con inscripción
de Comalcalco, Tabasco

Ricardo Armijo Torres

Durante la temporada de campo de 1998 en Comalcalco, Tabasco, se recuperó la urna funeraria núm. 26, ubicada en la fachada sur de los templos II y IIA de la Plaza Norte. La urna se encontraba bajo un túmulo formado por ladrillos unidos con mortero de concha de ostión y repellado con una fina capa de estuco. Al retirar los ladrillos, quedó al descubierto una urna, boca bajo, colocada sobre un piso de ladrillos, encima del cual se localizaba un entierro primario, correspondiente a un adulto de sexo masculino. El esqueleto estaba desarticulado e incompleto: sólo se recuperaron fragmentos de huesos largos, el coxis, rótulas, unas cuantas vértebras cervicales y algunas piezas dentales. El individuo estaba acompañado por una ofrenda que contenía 90 pendientes de concha de caracol. Destacan 34 piezas que muestran entre cuatro y seis cartuchos glíficos en una de sus caras, trazados mediante finas incisiones.
También se localizaron 30 aguijones de cola de raya de la especie Dasyatis sabina de distintos tamaños, algunos de ellos fragmentados. De estos aguijones, 25 presentan de 6 a 22 cartuchos glífi-cos en uno de sus lados, todos ellos ejecutados con gran maestría.
También se recuperaron fragmentos de pirita; siete dijes, antropomorfos y amorfos, manufacturados en serpentina, concha y jadeíta; 72 cuentas semiesféricas; 52 dientes de tiburón con perforación bicónica; un excéntrico de pedernal; dos núcleos de obsidiana negra; nueve navajas de obsidiana gris, y siete punzones de cola de raya; todo lo cual estaba cubierto por abundante polvo de cinabrio.
Al fondo del depósito se localizó un amontonamiento de material orgánico en el que había puntas de aguijones de raya de diferentes tamaños, espinas de erizo de mar, cinabrio en polvo y probablemente restos de otros materiales como madera, piel de jaguar, papel y plumas. Las puntas de cola de raya y las navajas de obsidiana eran objetos relacionados con el autosacrificio. Asimismo, los dijes de serpentina, jadeíta y concha eran utilizados en la adivinación, otra sobresaliente actividad de los sacerdotes mayas. El material orgánico asociado pudo ser parte de una bolsa de piel de jaguar, como la que lleva un personaje representado en uno de los aguijones de raya, la cual contenía los materiales necesarios para efectuar la adivinación.
Los dientes de tiburón, las cuentas de jadeíta, los pendientes de concha y las espinas de raya fueron ofrendas muy comunes. El contenido epigráfico de estos materiales indica que están asociados a ritos que ocurrieron en un periodo de 14 años, desde 763 hasta 777 d.C., y que fueron realizados por el sacerdote Aj Pakal Tahn en la ciudad maya de Joy Chan (Comalcalco).

La espina
Entre las culturas mesoamericanas, como la maya, los aguijones o espinas de raya formaron parte muy importante de los instrumentos de corte utilizados por los yajawk’ahk’, “señores de fuego”, y los gobernantes durante los rituales de autosacrificio. La práctica de este ritual consistía en que el individuo extraía sangre de alguna parte del cuerpo: lengua, frente o miembro viril –donde se alojaba la mayor energía fertilizante–, para posteriormente derramarla sobre papeles, los cuales al ser quemados producían humo, a través del cual se visualizaban seres incorpóreos.
La espina de raya pertenece a la especie Dasyatis sabina, cuyo nombre común es raya látigo. Habita en el fondo arenoso de las aguas costeras desde la península de Florida hasta las costas de Brasil. La raya de esta especie tiene un aguijón con una punta sumamente filosa y los extremos aserrados.
La pieza, trabajada finamente por un hábil escriba, muestra 16 cartuchos glíficos. Los grabados tuvieron que realizarse mientras el aguijón permanecía fresco, cuando conserva su consistencia cartilaginosa, ya que horas más tarde de haberse extraído la espina su textura se torna sumamente dura.
Los cartuchos glíficos se encuentran en orden descendente: el primero proporciona la fecha de cuenta larga de 9.17.0.0.7, 7 manik, 0 pop (31 de enero de 771 d.C.), fecha que corresponde al inicio de la mayor parte de los textos que fueron recuperados junto con la ofrenda que acompañaba al individuo enterrado en la urna funeraria núm. 26.
La mayoría de los textos en los pendientes de concha y las espinas de raya, como la pieza que nos ocupa, se refieren a rituales anuales efectuados por el yajaw k’ahk’, “señor de fuego”, Aj Pakal Tahn, quien estuvo acompañado por diversas deidades tutelares relacionadas con la lluvia.
Estos rituales se llevaron a cabo en el Templo de las Nubes, localizado en la Plaza Norte de Comalcalco. Aj Pakal Tahn era parte de un selecto grupo de sacerdotes de finales del siglo VIII en la antigua ciudad maya de Joy Chan. Sus obligaciones sacerdotales incluían la adoración de deidades mediante sangrías y otros actos de penitencia, la mayoría realizadas dentro de los templos localizados en el centro de su ciudad.

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Ricardo Armijo Torres. Arqueólogo y candidato a doctor en antropología por la ENAH. Director del Proyecto Arqueológico Comalcalco.

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La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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