Durante
la temporada de campo de 1998 en Comalcalco, Tabasco,
se recuperó la urna funeraria núm. 26,
ubicada en la fachada sur de los templos II y IIA de
la Plaza Norte. La urna se encontraba bajo un túmulo
formado por ladrillos unidos con mortero de concha de
ostión y repellado con una fina capa de estuco.
Al retirar los ladrillos, quedó al descubierto
una urna, boca bajo, colocada sobre un piso de ladrillos,
encima del cual se localizaba un entierro primario,
correspondiente a un adulto de sexo masculino. El esqueleto
estaba desarticulado e incompleto: sólo se recuperaron
fragmentos de huesos largos, el coxis, rótulas,
unas cuantas vértebras cervicales y algunas piezas
dentales. El individuo estaba acompañado por
una ofrenda que contenía 90 pendientes de concha
de caracol. Destacan 34 piezas que muestran entre cuatro
y seis cartuchos glíficos en una de sus caras,
trazados mediante finas incisiones.
También se localizaron 30 aguijones de cola de
raya de la especie Dasyatis sabina de distintos tamaños,
algunos de ellos fragmentados. De estos aguijones, 25
presentan de 6 a 22 cartuchos glífi-cos en uno
de sus lados, todos ellos ejecutados con gran maestría.
También se recuperaron fragmentos de pirita;
siete dijes, antropomorfos y amorfos, manufacturados
en serpentina, concha y jadeíta; 72 cuentas semiesféricas;
52 dientes de tiburón con perforación
bicónica; un excéntrico de pedernal; dos
núcleos de obsidiana negra; nueve navajas de
obsidiana gris, y siete punzones de cola de raya; todo
lo cual estaba cubierto por abundante polvo de cinabrio.
Al fondo del depósito se localizó un amontonamiento
de material orgánico en el que había puntas
de aguijones de raya de diferentes tamaños, espinas
de erizo de mar, cinabrio en polvo y probablemente restos
de otros materiales como madera, piel de jaguar, papel
y plumas. Las puntas de cola de raya y las navajas de
obsidiana eran objetos relacionados con el autosacrificio.
Asimismo, los dijes de serpentina, jadeíta y
concha eran utilizados en la adivinación, otra
sobresaliente actividad de los sacerdotes mayas. El
material orgánico asociado pudo ser parte de
una bolsa de piel de jaguar, como la que lleva un personaje
representado en uno de los aguijones de raya, la cual
contenía los materiales necesarios para efectuar
la adivinación.
Los dientes de tiburón, las cuentas de jadeíta,
los pendientes de concha y las espinas de raya fueron
ofrendas muy comunes. El contenido epigráfico
de estos materiales indica que están asociados
a ritos que ocurrieron en un periodo de 14 años,
desde 763 hasta 777 d.C., y que fueron realizados por
el sacerdote Aj Pakal Tahn en la ciudad maya de Joy
Chan (Comalcalco).
La
espina
Entre las culturas mesoamericanas, como la maya, los
aguijones o espinas de raya formaron parte muy importante
de los instrumentos de corte utilizados por los yajawk’ahk’,
“señores de fuego”, y los gobernantes
durante los rituales de autosacrificio. La práctica
de este ritual consistía en que el individuo
extraía sangre de alguna parte del cuerpo: lengua,
frente o miembro viril –donde se alojaba la mayor
energía fertilizante–, para posteriormente
derramarla sobre papeles, los cuales al ser quemados
producían humo, a través del cual se visualizaban
seres incorpóreos.
La espina de raya pertenece a la especie Dasyatis sabina,
cuyo nombre común es raya látigo. Habita
en el fondo arenoso de las aguas costeras desde la península
de Florida hasta las costas de Brasil. La raya de esta
especie tiene un aguijón con una punta sumamente
filosa y los extremos aserrados.
La pieza, trabajada finamente por un hábil escriba,
muestra 16 cartuchos glíficos. Los grabados tuvieron
que realizarse mientras el aguijón permanecía
fresco, cuando conserva su consistencia cartilaginosa,
ya que horas más tarde de haberse extraído
la espina su textura se torna sumamente dura.
Los cartuchos glíficos se encuentran en orden
descendente: el primero proporciona la fecha de cuenta
larga de 9.17.0.0.7, 7 manik, 0 pop (31 de
enero de 771 d.C.), fecha que corresponde al inicio
de la mayor parte de los textos que fueron recuperados
junto con la ofrenda que acompañaba al individuo
enterrado en la urna funeraria núm. 26.
La mayoría de los textos en los pendientes de
concha y las espinas de raya, como la pieza que nos
ocupa, se refieren a rituales anuales efectuados por
el yajaw k’ahk’, “señor
de fuego”, Aj Pakal Tahn, quien estuvo acompañado
por diversas deidades tutelares relacionadas con la
lluvia.
Estos rituales se llevaron a cabo en el Templo de las
Nubes, localizado en la Plaza Norte de Comalcalco. Aj
Pakal Tahn era parte de un selecto grupo de sacerdotes
de finales del siglo VIII en la antigua ciudad maya
de Joy Chan. Sus obligaciones sacerdotales incluían
la adoración de deidades mediante sangrías
y otros actos de penitencia, la mayoría realizadas
dentro de los templos localizados en el centro de su
ciudad.
_____________________
• Ricardo Armijo Torres.
Arqueólogo y candidato a doctor en antropología
por la ENAH. Director del Proyecto Arqueológico
Comalcalco.