El
portaincesario fue localizado en el séptimo cuerpo,
fachada oeste, del Templo de la Cruz de Palenque, Chiapas.
Estaba enterrado dentro del relleno constructivo y fue
excavado por la arqueóloga Martha Cuevas durante
la temporada 1997 en el Grupo de las Cruces del proyecto
del pari, dirigido por Merle Greene Robertson.
El mascarón central muestra el rostro del dios
GI, numen de atributos celestes, solares y acuáticos;
fue uno de los tres dioses patronos de la ciudad. GI
muestra tres puntos debajo de cada ojo (uno de sus rasgos
característicos) y luce un tocado de cocodrilo,
animal con el que guarda una relación significativa.
El texto glífico del Tablero Sur del trono del
Templo XIX, en Palenque, relata que en el tiempo mítico
(3298 a.C.) el dios GI decapitó a un cocodrilo
sobrenatural llamado Way Paat Ahiin Tz’ihbal Paat
Ahiin, “El Cocodrilo de la Cavidad en el Lomo,
el Cocodrilo del Lomo Pintado”, y señala
que este sacrificio provocó una gran inundación
de sangre. El dios GI es aludido como “El de la
Inundación, El del Taladrado del Fuego”.
Todo parece indicar que la inmolación del reptil
y la creación del fuego le permitió formar
y consolidar la superficie terrestre. La inscripción
señala que después del sacrificio: “fue
formada (la tierra), por el trabajo del dios GI”.
Las ofrendas de incienso y sangre que se quemaban en
el brasero de este portaincensario tuvieron el propósito
de “alimentar” ritualmente a GI y, seguramente,
también el de conmemorar su gesta mítica.
En la parte superior del portaincesario se encuentra
una garza, otro animal emblemático de GI. La
garza está dotada con las alas típicas
de Xib Muut, advocación de Itzamnaaj como deidad
patrona de las aves. Encima de la garza se encuentra
una diadema decorada con una serpiente sobrenatural
y en el remate, otro ser alado, de rostro humano y tocado
cónico, excepcional dentro de los programas iconográficos
palencanos.
La ubicación de este portaincesario de GI en
el Templo de la Cruz no resulta extraña, ya que
este edificio estuvo consagrado al culto de esa entidad.
De hecho, la pieza originalmente debió estar
emplazada en la fachada frontal de dicho templo, en
uno de los 20 nichos que sirvieron para albergar portaincesarios.
Un texto del santuario del Templo de la Cruz refiere
que 20 “varones” o aspectos de GI estaban
colocados en la plataforma de esta construcción.
Después de un periodo de uso ceremonial (habitualmente,
un katún) terminó la vida ritual útil
del portaincesario, fue sustituido y terminó
siendo enterrado en la fachada oeste del mismo edificio,
al igual que otros ejemplares descubiertos en esa área.
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• Guillermo Bernal
Romero. Maestro en estudios mesoamericanos (UNAM). Especialista
en escritura glífica maya. Colaborador del Proyecto
Arqueológico Palenque y director del Museo de
Sitio Alberto Ruz Lhuillier (1998-2005). Desde 2006
es investigador del Centro de Estudios Mayas, IIFL,
UNAM.