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Nombre:
Tlalpanhuéhuetl de Malinalco.
Cultura:
Mexica.
Periodo:
Posclásico Tardío.
Material:
Madera.
Medidas:
97 cm de altura, 52 cm de diámetro
máximo.
Localización:
Museo de Antropología
e Historia, Centro Cultural Mexiquense, Toluca,
estado de México.
Foto: marco antonio
pacheco / raíces |
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El
tambor fue uno de los instrumentos musicales que los
mesoamericanos tocaban en la celebración de sus
fiestas, actos rituales y en la guerra. Hasta ahora,
mediante las fuentes y piezas arqueológicas se
sabe que existieron dos tipos de tambor vertical, el
tlalpanhuéhuetl, “tambor que está
sobre el suelo”, y el huéhuetl
o tambor pequeño. Los ejecutantes del talpanhuéhuetl
lo hacían sonar golpeando con las manos la piel
colocada en uno de sus extremos.
Uno de los más famosos ejemplares de tlalpanhuéhuetl
es el que, de acuerdo con el arqueólogo José
García Payón y el investigador Xavier
Noguez, fue utilizado hasta principios del siglo XX
por los habitantes del barrio de Santa Mónica,
Malinalco. Por órdenes de José Vicente
Villada (gobernador del estado de México entre
1889-1895 y 1897-1904) fue trasladado al Museo de Arqueología,
en Toluca, estado de México, fundado por él
en la década de 1890.
El tlalpanhuéhuetl está tallado
espléndidamente y tiene una rica iconografía
que está vinculada con la época imperial
de los mexicas, características que llamaron
la atención de investigadores de Mesoamérica,
entre ellos Eduard Seler, Mar-shall Saville, Javier
Romero, José García Payón y Xavier
Noguez. Los trabajos de estos eruditos han contribuido
al conocimiento del simbolismo de los grabados del tambor.
El arqueólogo José García Payón,
en un trabajo de 1947, afirma que la madera que se utilizó
para hacer el tambor es de tepehuaje –Lysiloma
acapulcensis (Kunth) Benth, árbol originario
de México de madera muy dura cuyo tronco puede
medir hasta 75 cm de diámetro– y que el
parche era de cuero de borrego. Javier Romero dice que
quizá originalmente era de piel de jaguar, como
se ve en las representaciones de los códices.
Es probable que cuando lo vio Payón, la piel
fuera de borrego y estuviera templada con clavos metálicos
encajados en el tlalpanhuéhuetl, algunos
de los cuales son hoy visibles, aunque doblados, en
el patrón de perforaciones de la parte superior
del tambor.
Las
grabados
Nahui ollin. En una cara del tambor está
grabado este glifo que de acuerdo con la cosmogonía
mexica representa la era en la que vivimos, el “sol
de movimiento”. Los cuatro círculos que
están abajo representan el número nahui:
4.
Guerreros águila. Hay dos representaciones
de ellos: una a un lado del glifo nahui ollin
y otra en uno de los soportes, que tienen forma de almena.
Entre las plumas de las alas y la cola está un
técpatl, cuchillo de pedernal, y de
sus ojos sale un glifo de atl, agua, como si
fuera llanto. En una de las manos llevan una pámitl,
bandera que representa el sacrificio, y en la cabeza
un aztaxelli, adorno de plumas que era divisa
de los guerreros mexicas; al frente del pico y las garras
está la representación de atl-tlachinolli,
metáfora que significa guerra.
Guerreros jaguar. De éstos se ven tres
imágenes: una al lado del glifo nahui ollin
y otras dos en los soportes. Debajo de los ojos está
el glifo atl y llevan una pámitl,
un aztaxelli y el glifo atl-tlachinolli
frente al hocico y en las garras.
El llanto de los guerreros. Eduard Seler dice
que el glifo atl debajo de los guerreros significa penitencia
y ayuno, actos que realizaban quienes capturaban a un
guerrero y pasaban la noche en vela con él antes
de su sacrificio.
Xochipilli-Macuilxóchitl. Este dios
lleva un disfraz de águila cuyas alas están
unidas a un torzal (elemento entrelazado), bajo el cual
se ven ocho chalchíhuitl, que para los
mexicas eran símbolo de objeto precioso. Debajo
del pico del disfraz y a cada lado de los pies está
el glifo cuícatl, canto. El dios lleva
en una mano un abanico y en la otra una sonaja, y en
ambas muñecas, un adorno con una flor y lazos,
atavíos con los que aparece en algunos códices.
Atl-tlachinolli, “agua-hoguera”.
Se trata de metáfora para nombrar a la guerra,
ya fuera ésta florida o no. En el tlalpanhuéhuetl
se le ve de tres maneras: en una sólo se entrecruza,
en otra forma un torzal y en otra más sólo
se ve el glifo atl. En el glifo tlachinolli
se aprecian unos elementos en forma de gancho que representan
a la tierra.
Aztamécatl, “cuerda
blanca”. Está adornada con plumas
de águila y de garza; se ve en el torzal de atl-tlachinolli
y cerca de una de las garras del guerrero jaguar que
está en uno de los soportes.
Escudos con plumones. Se ven en la banda en
donde está el torzal de atl-tlachinolli;
se trata de cinco escudos adornados con plumones y flechas,
que están relacionados con la guerra y con las
deidades solares.
El
“sacrificio gladiatorio”
Los elementos del tlalpanhuéhuetl de
Malinalco están relacionados con los sacrificios
de los prisioneros capturados durante la guerra y que
se llevaban a cabo en la fiesta de tlacaxipehualiztli,
“desollamiento de hombres”. Previamente,
en la fiesta ofrecida a Xochipilli-Macuilxóchitl,
los captores o quienes compraban a alguien destinado
al sacrificio lo entregaban a los sacerdotes para que
lo prepararan para el sacrificio. Una noche antes, el
captor pasaba la noche en vela con su prisionero; luego
le arrancaba unos cabellos de la coronilla y un sacerdote
le teñía el cuerpo de blanco y rojo, le
pegaba plumones, y le ponía un gorro cónico
con adornos de papel bifurcados en la punta. Después,
el prisionero era conducido, con música de tambores
y otros instrumentos, hasta el temalá-catl,
rueda de piedra, en donde lo recibía un sacerdote
que lloraba y lo llamaba hijo. Con un aztamécatl
se le ataba por la cintura y se le daban “cuatro
garrotes” para que se defendiera de dos guerreros
águila y de dos jaguares armados con un macuáhuitl,
arma de madera con navajones de obsidiana en los lados,
semejante a una espada. Cuando el guerrero era vencido,
un sacerdote le extraía el corazón sobre
el temalácatl y lo depositaba en el
cuauhxicalli, vasija del águila. Su
cuerpo era desollado y la piel era entregada a otros
participantes en la fiesta, quienes se vestían
con ella.
En las excavaciones de la zona arqueológica de
Malinalco, dirigidas por el arqueólogo José
García Payón, se localizaron el monumento
VI, que era un temalácatl, y en el templo
llamado Cuauhtinchan, excavado en el piso, un cuauhxicalli