arqueología mexicana
LOS VOLCANES DE MÉXICO

ÍNDICE 95 Mitos y sueños de los volcanes
DOSIER: Los volcanes en México Los volcanes en el arte.
El entorno volcánico en México ARQUEOLOGÍA: Guerreros de Nayarit
Simbolismo de los volcanes La producción de objetos de concha.Xochicalco
Los grandes volcanes y la arqueología PIEZA: El tlalpanhuéhuetl de Malinalco
El memorial a Motecuhzoma II MITOS Y CUENTOS: Nacimiento del Sol y la Luna 1
José Luis Lorenzo y los glaciares HISTORIAS DE CÓDICES: El Códice Vindobonensis
El Popocatépetl y la lluvia de fuego DOCUMENTOS: Códice Moctezuma

PIEZA
El tlalpanhuéhuetl de Malinalco
Estado de México
Daniel Díaz

Nombre: Tlalpanhuéhuetl de Malinalco.
Cultura: Mexica.
Periodo: Posclásico Tardío.
Material: Madera.
Medidas: 97 cm de altura, 52 cm de diámetro máximo.
Localización: Museo de Antropología e Historia, Centro Cultural Mexiquense, Toluca, estado de México.
Foto: marco antonio pacheco / raíces

El tambor fue uno de los instrumentos musicales que los mesoamericanos tocaban en la celebración de sus fiestas, actos rituales y en la guerra. Hasta ahora, mediante las fuentes y piezas arqueológicas se sabe que existieron dos tipos de tambor vertical, el tlalpanhuéhuetl, “tambor que está sobre el suelo”, y el huéhuetl o tambor pequeño. Los ejecutantes del talpanhuéhuetl lo hacían sonar golpeando con las manos la piel colocada en uno de sus extremos.
Uno de los más famosos ejemplares de tlalpanhuéhuetl es el que, de acuerdo con el arqueólogo José García Payón y el investigador Xavier Noguez, fue utilizado hasta principios del siglo XX por los habitantes del barrio de Santa Mónica, Malinalco. Por órdenes de José Vicente Villada (gobernador del estado de México entre 1889-1895 y 1897-1904) fue trasladado al Museo de Arqueología, en Toluca, estado de México, fundado por él en la década de 1890.
El tlalpanhuéhuetl está tallado espléndidamente y tiene una rica iconografía que está vinculada con la época imperial de los mexicas, características que llamaron la atención de investigadores de Mesoamérica, entre ellos Eduard Seler, Mar-shall Saville, Javier Romero, José García Payón y Xavier Noguez. Los trabajos de estos eruditos han contribuido al conocimiento del simbolismo de los grabados del tambor.
El arqueólogo José García Payón, en un trabajo de 1947, afirma que la madera que se utilizó para hacer el tambor es de tepehuaje –Lysiloma acapulcensis (Kunth) Benth, árbol originario de México de madera muy dura cuyo tronco puede medir hasta 75 cm de diámetro– y que el parche era de cuero de borrego. Javier Romero dice que quizá originalmente era de piel de jaguar, como se ve en las representaciones de los códices. Es probable que cuando lo vio Payón, la piel fuera de borrego y estuviera templada con clavos metálicos encajados en el tlalpanhuéhuetl, algunos de los cuales son hoy visibles, aunque doblados, en el patrón de perforaciones de la parte superior del tambor.

Las grabados
Nahui ollin. En una cara del tambor está grabado este glifo que de acuerdo con la cosmogonía mexica representa la era en la que vivimos, el “sol de movimiento”. Los cuatro círculos que están abajo representan el número nahui: 4.

Guerreros águila
. Hay dos representaciones de ellos: una a un lado del glifo nahui ollin y otra en uno de los soportes, que tienen forma de almena. Entre las plumas de las alas y la cola está un técpatl, cuchillo de pedernal, y de sus ojos sale un glifo de atl, agua, como si fuera llanto. En una de las manos llevan una pámitl, bandera que representa el sacrificio, y en la cabeza un aztaxelli, adorno de plumas que era divisa de los guerreros mexicas; al frente del pico y las garras está la representación de atl-tlachinolli, metáfora que significa guerra.

Guerreros jaguar. De éstos se ven tres imágenes: una al lado del glifo nahui ollin y otras dos en los soportes. Debajo de los ojos está el glifo atl y llevan una pámitl, un aztaxelli y el glifo atl-tlachinolli frente al hocico y en las garras.

El llanto de los guerreros. Eduard Seler dice que el glifo atl debajo de los guerreros significa penitencia y ayuno, actos que realizaban quienes capturaban a un guerrero y pasaban la noche en vela con él antes de su sacrificio.

Xochipilli-Macuilxóchitl. Este dios lleva un disfraz de águila cuyas alas están unidas a un torzal (elemento entrelazado), bajo el cual se ven ocho chalchíhuitl, que para los mexicas eran símbolo de objeto precioso. Debajo del pico del disfraz y a cada lado de los pies está el glifo cuícatl, canto. El dios lleva en una mano un abanico y en la otra una sonaja, y en ambas muñecas, un adorno con una flor y lazos, atavíos con los que aparece en algunos códices.

Atl-tlachinolli, “agua-hoguera”. Se trata de metáfora para nombrar a la guerra, ya fuera ésta florida o no. En el tlalpanhuéhuetl se le ve de tres maneras: en una sólo se entrecruza, en otra forma un torzal y en otra más sólo se ve el glifo atl. En el glifo tlachinolli se aprecian unos elementos en forma de gancho que representan a la tierra.

Aztamécatl, “cuerda blanca”. Está adornada con plumas de águila y de garza; se ve en el torzal de atl-tlachinolli y cerca de una de las garras del guerrero jaguar que está en uno de los soportes.

Escudos con plumones. Se ven en la banda en donde está el torzal de atl-tlachinolli; se trata de cinco escudos adornados con plumones y flechas, que están relacionados con la guerra y con las deidades solares.

El “sacrificio gladiatorio”
Los elementos del tlalpanhuéhuetl de Malinalco están relacionados con los sacrificios de los prisioneros capturados durante la guerra y que se llevaban a cabo en la fiesta de tlacaxipehualiztli, “desollamiento de hombres”. Previamente, en la fiesta ofrecida a Xochipilli-Macuilxóchitl, los captores o quienes compraban a alguien destinado al sacrificio lo entregaban a los sacerdotes para que lo prepararan para el sacrificio. Una noche antes, el captor pasaba la noche en vela con su prisionero; luego le arrancaba unos cabellos de la coronilla y un sacerdote le teñía el cuerpo de blanco y rojo, le pegaba plumones, y le ponía un gorro cónico con adornos de papel bifurcados en la punta. Después, el prisionero era conducido, con música de tambores y otros instrumentos, hasta el temalá-catl, rueda de piedra, en donde lo recibía un sacerdote que lloraba y lo llamaba hijo. Con un aztamécatl se le ataba por la cintura y se le daban “cuatro garrotes” para que se defendiera de dos guerreros águila y de dos jaguares armados con un macuáhuitl, arma de madera con navajones de obsidiana en los lados, semejante a una espada. Cuando el guerrero era vencido, un sacerdote le extraía el corazón sobre el temalácatl y lo depositaba en el cuauhxicalli, vasija del águila. Su cuerpo era desollado y la piel era entregada a otros participantes en la fiesta, quienes se vestían con ella.
En las excavaciones de la zona arqueológica de Malinalco, dirigidas por el arqueólogo José García Payón, se localizaron el monumento VI, que era un temalácatl, y en el templo llamado Cuauhtinchan, excavado en el piso, un cuauhxicalli

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Daniel Díaz. Arqueólogo por la ENAH. Iconógrafo de esta revista.


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