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El Edificio
4 es el primer palacio de Tula que ha sido explorado de
manera detallada. La información que resultó
de su exploración permite conocer la vida cotidiana,
política y ritual de los gobernantes de Tula, en
particular, y de la sociedad y cultura tolteca en general,
en el Posclásico Temprano, así como su influencia
en los grupos de la Cuenca de México en el Posclásico
Tardío.
En la sociedad tolteca hubo un sector que regía
y representaba el estatus imperial; esta clase dominante,
para detentar y justificar su poder, requería demostrarse
como tal y por eso levantó grandes y complejos
edificios en los que se atendían las diversas necesidades
religiosas, económicas, militares y políticas.
Además, se construyeron residencias para ese grupo
gobernante.
Tenemos conocimiento de la existencia de edificios de
la zona monumental asociados a esas necesidades, como
las pirámides B y C, las tres canchas de juego
de pelota, el Palacio Quemado, el Edificio K, el Coatepantli
y el Tzompantli. Existe también un conjunto iconográfico
en esculturas de piedra como los Atlantes, los Chac Mool,
estelas, portaestandartes y lápidas. Sin embargo,
quedan por resolver aspectos como los lugares en que vivía
la clase dominante y los usos específicos que se
daba a esos recintos, entre otros.
Aunque hay algunas investigaciones, como las del Palacio
de Charnay y las unidades residenciales en la periferia
del recinto sagrado, no abordan esos espacios como aposentos
de los gobernantes toltecas El arqueólogo Jorge
Acosta planteó que el palacio donde pernoctaban
los reyes se encontraba dentro del recinto y que se trataba
de un espacio situado entre la Pirámide B y la
Pirámide C, al que llamó Palacio al Este
del Vestíbulo o Edificio 4. El planteamiento de
Acosta fue resultado de las excavaciones en que se descubrió
la entrada principal del edificio, que constaba de una
banqueta-altar en cuyas molduras se ven en relieve personajes
ricamente ataviados, como si formaran parte de una procesión
de lo que parece ser la entronización de uno de
los gobernantes de Tula.
Esta representación es similar a la descripción
que hace Sahagún de una ceremonia de entronización
de los reyes mexicas, en la que participan grandes personalidades
de distintos reinos.
En el interior de este edificio, Acosta excavó
una franja en el eje norte-sur, y entre los elementos
arquitectónicos que descubrió estaban una
serie de cuartos y una sala, que consideró eran
los espacios en que vivían los gobernantes. Esta
distribución arquitectónica, según
Acosta, presenta una gran similitud con las unidades de
los mexicas durante el Posclásico Tardío.
En especial, el Edificio 4 y la Casa de las Águilas
tienen una gran semejanza, aunque no tengan las mismas
funciones.
En numerosas fuentes históricas es patente la filiación
tolteca-mexica. Los mexicas proclamaban un origen glorioso,
y se decían procedentes o herederos de una cultura
que fue, en su momento histórico, la más
poderosa del mundo prehispánico; por ello, para
enaltecer un pasado glorioso, los mexicas retomaron elementos
culturales que por adaptación o tradición
tienen correspondencia u origen tolteca. Prueba de ello,
además de los elementos iconográficos, son
las similitudes en cuanto a ubicación, relación
espacial y arquitectónica entre los edificios de
los recintos de Tula y Tenochtitlan.
EL
EDIFICIO 4
Entre 2002 y 2004 se llevaron a cabo las primeras exploraciones
arqueológicas en el Edificio 4 de Tula, un palacio
del Posclásico, en las que hubo valiosos hallazgos
arqueológicos, entre ellos gran variedad de contextos
que nos hablan de las actividades que se llevaron a cabo
ahí, tanto cuando estaba en uso como después
de su abandono. Asimismo, se encontraron diferentes tipos
de ofrendas, indicio de la importancia del edificio.
Debido a su ubicación, en el sector noreste del
recinto sagrado, y por su planeación arquitectónica,
se trata sin duda de un espacio de acceso restringido,
cuya función y uso fueron exclusivos de la clase
dominante, con características ideológicas
y religiosas sumamente marcadas. Además, su ubicación
central permite el dominio físico y visual del
espacio urbano de Tula. Entre la Pirámide B y el
Edificio 4 hay un estrecho vínculo arquitectónico
y por tanto funcional, debido a que el edifico es el único
que tiene acceso directo a la pirámide. Se trata
de espacios dedicados a ceremonias de la elite, relacionados
con el gobierno, el poder y la guerra, por lo que se podría
considerar a la Pirámide B como una capilla o santuario
real de los residentes del Edificio 4, un palacio real
ARTÍCULO COMPLETO EN
LA EDICIÓN IMPRESA
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Fernando Báez Urincho. Arqueólogo por la
ENAH. Participó en el proyecto “Investigación,
conservación y mantenimiento para la zona arqueológica
de Tula, Hidalgo”. Trabaja en el Centro INAH Guerrero,
en el proyecto “Delimitación y registro para
el estado de Guerrero”.
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