arqueología mexicana
Coyolxauhqui. La diosa de la Luna

ÍNDICE 102  
Coyolxauhqui. La diosa de la Luna El Museo Nacional en 1865
El Proyecto Templo Mayor. A más de 30 años El pecio Cuarenta Cañones. Joya arqueológica
Coyolxauhqui en el mito K’inich Janaab’ Pakal
El monolito de Coyolxauhqui.
Investigaciones recientes
ANTROPOLOGÍA FÍSICA: Una visión de la vida y de
la muerte en el México prehispánico
Las otras imágenes
de Coyolxauhqui
HISTORIA DE LOS CÓDICES: Los Códices de Azoyú
y el Lienzo de Tlapa
Coyolxauhqui y el Templo Mayor
DOCUMENTO: Códice Magliabechiano
ARQUEOLOGÍA: La Piedra de Tízoc CUENTO: El caballo blanco

El pecio Cuarenta Cañones
Joya arqueológica en el Caribe mexicano
Vera Moya Sordo, Rafal Reichert

La historia de la navegación en la región del Caribe es de continuos viajes de exploración, comercio, contrabando y conflictos bélicos. Desde mediados del siglo XVII hasta el XIX los ingleses lograron el dominio de este espacio marítimo y el tránsito de embarcaciones cargadas de productos valiosos, sobre todo maderas preciosas, que iba desde Belice, pasando por Yucatán y Jamaica, hasta cruzar el océano y arribar al Viejo Mundo. En el Banco Chinchorro naufragó un barco con una carga considerable de armamento: ¿se trata de una nave militar o corsaria?, ¿qué causó su pérdida en aquel paraje?

arqueología en el Caribe mexicano
Foto: Eugenio Aceves / Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS)

Desde sus inicios, mediante la localización y registro arqueológico de gran número de restos de naufragios, la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha emprendido diversas acciones para la protección y difusión del patrimonio cultural sumergido que yace en aguas territoriales. Se han estudiado las particularidades y generalidades de los hallazgos, principalmente los procesos de formación de los contextos arqueológicos, así como su probable cronología y filiación cultural. Uno de los ejemplos más interesantes es el pecio Cuarenta Cañones: se trata de los restos de un navío probablemente inglés del siglo XVIII, que yace en la laguna interior de Banco Chinchorro, en el Caribe mexicano.
No sabemos con certeza la fecha exacta del hundimiento de la embarcación, ni cuándo se volvió a saber de él, pero una tradición oral entre los pescadores de la región cuenta, por lo menos desde mediados del siglo pasado, que en el lugar se hallaban 40 cañones –de los cuales, tras años y años de continuo saqueo, se redujeron a 36. En la búsqueda de tesoros, se ha extraído objetos, y no sólo aquellos que se encuentran en la superficie del lecho marino, sino, de manera destructiva, se han detonado explosivos para liberar material solidificado. Pese a esta lamentable situación, Cuarenta Cañones aún preserva información importante para su investigación histórica y arqueológica, particularmente en relación con los procesos de navegación en el área, actividades militares, tecnología naval, vida cotidiana a bordo, así como náutica, entre otros.

El Banco Chinchorro

La Reserva de la Biosfera Banco Chinchorro es un área natural protegida que se localiza a unos 30 km mar adentro frente al municipio de Othón P. Blanco, estado de Quintana Roo. Forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM), el cual comienza al noreste de la península de Yucatán, en Cabo Catoche, y desciende atravesando Belice y Guatemala hasta la Bahía de Honduras. La formación geológica del banco es la de un atolón y se encuentra rodeado por un collar de arrecife. Sus partes más altas se mantienen a la altura de la superficie del agua, de manera que en su interior se forma una laguna.
Como muchos otros puntos naturales de referencia para la navegación en la región, el Banco Chinchorro ha sido un obstáculo geográfico difícil de sortear. Por aquellos “húmedos caminos” era fácil confundir las referencias y más aún durante tormentas o huracanes, cuando las embarcaciones que transitaban por las rutas del Caribe hacia Europa, buscaban protección y refugio en el interior de su laguna rodeada de manglares, o en la cara protegida de alguno de sus tres cayos, llamados respectivamente Lobos (al sur), Centro y Norte. De manera que cuando los barcos se acercaban a la barrera arrecifal a barlovento, donde convergen fuertes corrientes y vientos, había pérdidas irremediables. El carácter ambiguo de Chinchorro, a la vez protector de embarcaciones y trampa natural, hace de él un gran cementerio, obra de cinco siglos de accidentes navales.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Vera Moya Sordo. Licenciada en arqueología por la ENAH y estudiante de la maestría en historia por la UNAM. Investigadora de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH.
Rafal Reichert. Licenciado y maestro en arqueología por la Universidad de Varsovia, Polonia. Candidato a doctor en historia por la UNAM. Especialista en historia militar y naval del Caribe.


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