La “Copa con dos deidades femeninas”, de
plata, encontrada en Fars y correspondiente a 3000 a.C.,
es otro de los tesoros de la colección. Las figuras
visten una túnica de piel de oveja y la que está
de pie sostiene unas tablillas. Es probable que la pieza
aluda al océano primigenio, donde se originaban
y a donde regresaban todas las aguas. La inscripción
pertenece a un sistema de escritura llamado protoelamita,
que se desarrolló en Irán entre 3200 y
2700 a.C.
La “Placa de oro con escritura cuneiforme”,
localizada en Ecbatán –una de las capitales
del imperio Aqueménida–, hoy Hamadan, contiene
un texto en el cual Darío II, el Grande, hace
referencia a su linaje y pide protección a Ahura
Mazda para su casa real y su reino.
El recorrido por los tesoros persas empieza con la impresionante
estatua de Darío I, hecha de granito negro y
correspondiente a 550-330 a.C., que muestra escritura
cuneiforme en un lado, y jeroglíficos egipcios
en el otro, que hacen referencia al imperio Aqueménida,
integrado por los reinos de Elam, Bactria, Armenia,
Babilonia, Egipto, Libia, Nubia e India.
Al salir de la exposición, Saadi, poeta del siglo
XII, nos recuerda cómo debemos conducir nuestra
vida: “Todo hombre es como un hueso, siempre ligado
a otro. Juntos, los miembros forman un solo cuerpo y
tienen un mismo origen. Si la vida causa dolor a un
miembro, ninguno de los otros permanecerá indiferente.
Si a ti no te provoca nada el dolor de los demás,
no podremos llamarte ser humano”.
Información:
www.mna.inah.gob.mx
persia@inah.gob.mx

“Relieve en estuco”.
Foto: Héctor Montaño
/ INAH
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“Ahura Mazda y genios
alados”.
Foto: Héctor Montaño
/ INAH |
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Heshmatallah Khorramzadeh. Bibliotecario de la Biblioteca
Daniel Cosío Villegas, El Colegio de México.