Todo comenzó a finales del siglo XIX con un fragmento de escultura que hoy sabemos que son las piernas de los conocidos atlantes de Tula, Hidalgo. Pero pasó un tiempo y esas piernas sin cuerpo comenzaron un lento proceso de estilización, y todo se transformó en algo que le venía muy bien a la arquitectura de la época, que buscaba ávidamente elementos del pasado para su nuevo estilo neoprehispánico: una manera de ornamentar que tomaba elementos indígenas sin preocuparse mucho por su cronología, origen o función.
En la entrada del mayor cementerio de Argentina, La Recoleta, elegante y aristocrático desde su fundación por los monjes recoletos, hay una extraña tumba cuyo mausoleo pocos comprenden, propiedad de la antigua familia Aldao. Si bien su estilo es art decó y debe haber sido hecha hacia 1920, su arquitectura no se encuadra en nada de lo existente en el país. Porque su origen está lejos, en México y en el siglo XIX. La historia resulta más que insólita y va en su inicio desde Tula al Paseo de la Reforma.
El inicio fue un fragmento de escultura que hoy sabemos que son las piernas de los conocidos
atlantes de Tula. Estaba allí desde hacía siglos y era visto por los lugareños y viajeros. Entre ellos, y creo que el primero en estudiarlas, fue una comisión enviada en 1873 por la Sociedad de Geografía e Historia a cargo de Antonio García Cubas (1832-1912). Más tarde Désiré Charnay (1828-1915) las vería en detalle y publicó sobre el tema en 1884, y lo mismo haría Alfredo Chavero (1841-1906) en 1880 para Vicente Riva Palacio –quien había mandado hacer el monumento a Cuahutémoc poco antes–, ambos viendo la escultura seriamente. Pero pasó un tiempo y esas piernas sin cuerpo comenzaron un lento proceso de estilización en los dibujos de los libros, le fueron desapareciendo los pies tomando forma de dos columnas unidas y los adornos de los huaraches pasaron a ser molduras y capiteles. Y todo se transformó en algo que le venía muy bien a la arquitectura de la época que buscaba ávidamente elementos del pasado para su nuevo estilo neoprehispánico: una manera de ornamentar que tomaba elementos indígenas sin preocuparse mucho por su cronología, origen o función. Así que después que lo publicara Hubert Howe Bancroft (1832-1918) ya totalmente desdibujadas, en sus monumentales 39 volúmenes de historia editados entre 1883 y 1887, las piernas se hicieron definitivamente un par de raras columnas unidas entre sí, inexplicables pero no mucho más que todo el mundo prehispánico, que para ese momento comenzaba a ser entendido científicamente.
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Daniel Schávelzon. Doctor por la UNAM, desde hace años trabaja en arqueología urbana en Buenos Aires, como investigador del Conicet y director del Centro de Arqueología Urbana. Ha publicado casi cincuenta libros sobre temas de arte, arqueología y patrimonio de América Latina. |