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Han
pasado varios siglos desde que la otrora poderosa ciudad
de Teotihuacan fuera abandonada por sus habitantes. Nuevos
pueblos tratan de tener el control del Centro de México,
entre ellos los toltecas, quienes fundan su ciudad de
Tula, en el actual estado de Hidalgo. El poder tolteca
se deja sentir en diversas regiones de Mesoamérica
y hay quienes piensan que los aztecas o mexicas, en sus
inicios, son un grupo más sujeto a ese poder. El
mito y la realidad histórica se entrelazan para
hablarnos acerca de los orígenes de este pueblo.
Hay quienes se inclinan a que los habitantes de Aztlan
formaron parte del imperio tolteca, como tributarios,
en tanto que otros investigadores piensan que este pueblo
siempre estuvo presente dentro de los límites de
la Cuenca de México y que Aztlan era un concepto
mítico. Sea como fuere, las crónicas nos
hablan de un pueblo sometido que, una vez destruido el
poder tolteca, se desplaza en busca de tierras promisorias.
Muchas fueron las peripecias que tuvieron que enfrentar
hasta llegar a asentarse definitivamente en medio del
lago de Texcoco, en donde fundan la ciudad de Tenochtitlan
en terrenos pertenecientes al señor tepaneca de
Azcapotzalco.
Diversas fuentes históricas coinciden en señalar
como el año de fundación el de 1325 d.C.
Ahora sabemos que el 13 de abril de aquel año tuvo
lugar un eclipse solar que comenzó a las 10:54
de la mañana y tuvo una duración de 4 minutos
y 6 segundos, conforme a los cálculos de la astronomía
moderna (Galindo, 1994). Lo anterior nos lleva a pensar
que, ante tal acontecimiento, los sacerdotes mexicas adaptaron
la fundación al fenómeno celeste, pues bien
sabemos las connotaciones que éste tenía:
la lucha entre el Sol y la Luna, entre los poderes diurnos
y nocturnos, expresado en varios mitos. También
sabemos cómo el mexica quiere emular a sus antecesores
toltecas, haciendo suyos varios sucesos de su historia
y mitos. Buen ejemplo de esto lo tenemos en el caso de
la “peregrinación” mexica y algunos
acontecimientos que suceden durante el transcurso de ésta,
que nos recuerdan los que ocurren en el curso de la propia
“peregrinación” de los toltecas. Otro
caso lo vemos cuando el mexica busca las “señales”
del lugar en donde habrán de asentarse en medio
del lago de Texcoco y encuentran corrientes de agua, una
azul y otra roja, con culebras, ranas, peces, tules y
otros elementos, todos blancos, al igual que los toltecas
lo encontraran al llegar a la ciudad sagrada de Cholula,
según la Historia Tolteca-Chichimeca. Al día
siguiente de haber encontrado los símbolos toltecas
mencionados, lo que legitima el lugar, encuentran los
suyos propios, esto es, el águila parada sobre
el tunal, símbolo de Huitzilopochtli.
La edificación de la ciudad siguió patrones
ya establecidos. Como imagen del cosmos, la nueva ciudad
va a orientarse conforme al movimiento solar y a dividirse
en cuatro cuadrantes, como ocurriera en la antigua ciudad
de Teotihuacan. Según algunos cronistas, como Fernando
Alvarado Tezozómoc (1975) y fray Diego Durán
(1951), fue su dios Huitzilopochtli quien instruyó
la manera en que debía de establecerse la ciudad.
Así, en medio de los cuatro barrios se establece
el centro fundamental que forma el espacio sagrado o de
habitación de los dioses.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Eduardo Matos Moctezuma.
Maestro en ciencias antropológicas, especializado
en arqueología. Fue director del Museo del Templo
Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor
emérito del INAH. |