Los
mexicas son el único pueblo del Posclásico
mesoamericano del que contamos con fuentes que
describen detalladamente las fiestas dedicadas
a los dioses de la lluvia. Estas fiestas se
vinculaban con los ciclos del tiempo y del clima,
el culto a los cerros y el ciclo agrícola.
Mediante el ritual el hombre trataba de influir
sobre el equilibrio de las fuerzas de la naturaleza
para hacerlas propicias.

Los tlaloque
eran los dioses de la lluvia y de las tempestades,
que se originan en las altas montañas,
y eran personificación y deificación
de los cerros. También eran patronos
de gremios profesionales. En los rituales eran
representados por víctimas humanas o
por sacerdotes. a) Tláloc, b) Nappatecuhtli,
c) Tomiyauhtecuhtli. Primeros Memoriales,
ff. 261v, 264v y 267r. Reprografías:
Marco Antonio Pacheco y Boris de Swan / Raíces
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El
Posclásico de Mesoamérica fue un mundo
complejo, presidido por la interacción de pueblos,
migraciones, guerras y luchas por el poder. Esta sociedad
era el producto de un proceso histórico de más
de dos milenios que generó formaciones sociales
estratificadas y los primeros estados mesoamericanos.
En el Centro de México el Estado teotihuacano
dejó su huella en aspectos socioeconómicos,
políticos y religiosos de las sociedades que
sucedieron a la gran metrópoli, aspectos que
fueron reinterpretados posteriormente por los toltecas,
los tolteca-chichimecas y los pueblos nahuas que dominaron
el escenario político del Posclásico.
Los mexicas que construyeron su Estado a partir de Tenochtitlan,
su capital, entre los siglos XIV y XVI, heredaron estas
complejas tradiciones históricas. En su centro
simbólico del Templo Mayor, el dios de la lluvia,
Tláloc, era la principal deidad, venerada al
lado de Huitzilopochtli. Este culto tiene antecedentes
en Tula y Teotihuacan, y aun en los arcaicos relieves
en roca del santuario de Chalcatzingo, que pertenece
al horizonte olmeca del Altiplano Central.
Por otra parte, los mexicas son el único pueblo
del que disponemos, gracias a la labor de los cronistas
españoles del siglo XVI, de detalladas descripciones
del ciclo anual de fiestas. Entre éstas destacan
los textos de fray Bernardino de Sahagún y fray
Diego Durán. Sus descripciones pueden ser completadas
por imágenes de algunos códices, como
el Borbónico, o los Primeros Memoriales
de Sahagún, fuentes invaluables que escaparon
a la destrucción iconoclasta de los conquistadores.
En otros pocos códices prehispánicos del
Altiplano Central o de Oaxaca que sobrevivieron al cataclismo
de la conquista, no existe lamentablemente ningún
registro comparable al caso mexica. Por lo tanto, en
este breve ensayo nos basamos en el material mexica
y en la interpretación de esas fiestas que he
elaborado a lo largo de muchos años (Broda, 1971,
1987, 2001, 2004).
El
ritual y las fuerzas de la naturaleza
El estudio del ritual nos permite acercarnos a la compleja
cosmovisión de la sociedad prehispánica,
en la que el hombre trataba de influir ritualmente en
el equilibrio de las fuerzas de la naturaleza para hacerlas
propicias.
Las fiestas aztecas eran representaciones dramáticas
de un enorme poder sugestivo, bajo cuyo encanto actuaban
sacerdotes, espectadores y víctimas. Este efecto
dramático hace comprensible los ritos sangrientos
que formaban una parte central del culto. Las víctimas
no se sacrificaban simplemente a los dioses, sino que
eran la representación viva de éstos,
de manera que los dioses mismos eran sacrificados en
el ritual. Por medio de su sacrificio se querían
provocar los fenómenos que regían o personificaban
aquéllos. Los sacrificios humanos no fueron nunca
actos de devoción, sino que se les atribuía
una fuerza causal que debía producir los efectos
deseados; estaban basados en el principio mágico
del do ut des (“doy para que des”).
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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• Johanna Broda. Doctora en etnología,
investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas
de la UNAM y profesora de posgrado en la UNAM y la ENAH.
Especialista en calendarios, ritual y cosmovisión
mexicas, particularmente del culto de los dioses de
la lluvia y de los cerros.