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En
territorio mexicano, la Etapa Lítica, que comenzó
con la llegada del hombre al continente americano, se
prolongó por más de 30 000 años.
Pero en las etapas siguientes los cambios se sucedieron
con rapidez sorprendente. Las investigaciones arqueológicas
han situado estos cambios, en las distintas regiones de
México, entre 6800 a 2500 a.C.
En ese periodo el hombre continuó siendo nómada,
pero con la particularidad de tener campamentos estacionales,
establecidos de acuerdo con los ciclos de maduración
de las plantas que recolectaba y de la migración
de los animales. Los instrumentos líticos fueron
entonces más especializados y mejor tallados, como
las puntas de proyectil, empleadas en lanzadardos o átlatl,
los raspadores, las raederas, los cuchillos y las navajas.
En este lapso aparecieron también los artefactos
de piedra pulida, morteros y vasijas, que permitieron
transformar los granos en harina. Asimismo, se han localizado
restos de redes, mantas, cestería y trampas para
pequeños animales.
El rasgo más sobresaliente de esa época
es el comienzo de la domesticación de algunas plantas,
que resultaron esenciales para el desarrollo de las subsecuentes
etapas culturales. Entre las más importantes se
cuentan el maíz, la calabaza, el chile, el aguacate,
el guaje, el zapote negro y el blanco, el amaranto, el
frijol y el algodón. Entre los animales domesticados
se encuentran el perro, presente desde el poblamiento
mismo del continente, y más tarde el guajolote.
Todo esto llevó al surgimiento de la agricultura
y, con ella, de cambios fundamentales en el comportamiento
humano: se inicio la sedentarización y la construcción
de aldeas, se dio un importante aumento de población,
comenzó la producción masiva de cerámica
y el intercambio de materias primas con otras regiones
–para elaborar herramientas y adornos–, y
se desarrolló un rico y complejo sistema funerario
que denota una clara división del trabajo y, en
consecuencia, una marcada estratificación social.
Preclásico
Temprano (2500-1200 a.C.)
A partir del surgimiento de elementos culturales como
la agricultura y la sedentarización, los cambios
serían más rápidos y significativos,
sobre todo si consideramos que el periodo anterior se
prolongó por más de 30 000 años.
Esos procesos tuvieron lugar de manera simultánea
en la Cuenca de México y en el resto del área
que más tarde formará Mesoamérica.
Aunque sobre muchos de estos procesos evolutivos en la
Cuenca de México, durante el Preclásico
Temprano, la información es escasa, la situación
es más clara si se complementa con la de otras
zonas del México antiguo, como las de los actuales
estados de Puebla y Morelos, o bien las regiones de la
costa del Golfo y el Occidente de México. En la
cuenca, la información de este periodo procede
principalmente de Tlapacoya-Zohapilco, y más allá,
de sitios como los de la región de Capacha en Colima,
el Opeño en Michoacán, Ajalpan en Puebla,
Pánuco en Veracruz, Puerto Marqués en Guerrero,
y Tierras Largas y San José Mogote en Oaxaca.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Roberto García Moll.
Arqueólogo. Investigador de la Dirección
de Investigación y Conservación del Patrimonio
Arqueológico, INAH. Presidente del Consejo de Arqueología,
INAH. |