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Los casi
70 años de investigación y conservación
en la zona arqueológica de Tula, Hidalgo, se han
centrado en la monumentalidad del sitio y en el reconocimiento
de su entorno y su área de influencia. El interés
por complementar la historia cultural del sitio ha dado
origen a un programa que tiene como objetivo comprender
el origen, desarrollo y caída de la gran urbe tolteca.
Tula es considerada, junto con Teotihuacan y Tenochtitlan,
una de las ciudades más grandes del Altiplano Central
mexicano, la cual entre 900 y 1150 d.C. tuvo una extensión
de casi 16 km2 y una población de miles de habitantes.
Asimismo, su área de influencia se extendió
hacia el Centro de México y otras regiones como
el Bajío, la Huasteca, la costa del Golfo, la península
de Yucatán, y hasta regiones más distantes
como el Soconusco, la costa del Pacífico en Chiapas,
Guatemala y El Salvador.
La importancia de Tula también se debe a que hay
datos etnohistóricos sobre diversos aspectos de
su historia y su cultura: nombres de reyes, relatos sobre
la fundación de la ciudad, así como de su
conquista y decadencia. Tula se convirtió en el
prototipo de diversas instituciones y conceptos religiosos
del pueblo mexica. Como resultado de las diversas investigaciones
realizadas en la ciudad, se conoce con exactitud su extensión
y aspectos importantes de su crecimiento y desarrollo,
así como sobre su organización económica,
social y política.
ANTECEDENTES
Las investigaciones sobre la antigua ciudad de Tula comenzaron
en los cuarenta del siglo xx. Por ese entonces, el arqueólogo
Jorge R. Acosta realizó excavaciones y trabajos
de restauración en la zona monumental, los que
continuaron durante los siguientes 20 años. Sus
esfuerzos se centraron en cinco de los edificios que circundan
la plaza central de Tula Grande: las pirámides
B y C –los monumentos más grandes e importantes–,
el Palacio Quemado –gran conjunto arquitectónico
porticado situado al oeste de la Pirámide B–,
el Juego de Pelota 1 –localizado en la plazoleta
norte– y el muro conocido como Coatepantli. La zona
monumental de Tula, con los edificios que han sido excavados
y restaurados hasta la fecha, constituye la principal
zona abierta al público.
En años posteriores, en especial a partir de los
setenta, diversos arqueólogos del inah y de otras
instituciones han realizado proyectos de investigación,
conservación y restauración en la misma
zona monumental, así como investigaciones en otras
áreas de la antigua ciudad.
Entre 1968 y 1970, Eduardo Matos excavó y restauró
dos estructuras importantes: el Juego de Pelota 2, en
el extremo oeste de la plaza principal, y una pequeña
plataforma rectangular que funcionó como Tzompantli,
localizada en la plaza, frente a ese juego de pelota.
En 1979, el Centro Regional Hidalgo realizó algunos
trabajos de conservación en el área monumental.
El mismo centro desarrolló, entre 1980 y 1982,
un programa de excavaciones en diversos puntos de la zona
arqueológica de Tula, como los cerros El Tesoro
y Malinche, trabajos estos últimos coordinados
por Rafael Abascal, que también incluyeron el mantenimiento
de la zona monumental. Se excavó parcialmente la
gran plataforma conocida como Edificio A-C, al lado sur
de la Pirámide C, y una serie de estructuras en
las terrazas inferiores, localizadas fuera de la zona
arqueológica y al oeste de la plaza principal;
estas últimas fueron excavadas y restauradas parcialmente
por Carlos Hernández.
En 1982, Juan Yadeun –de la Dirección de
Monumentos Prehispánicos– realizó
trabajos de mantenimiento, excavación y restitución
de volúmenes de algunos edificios en la plaza principal,
mediante la utilización de muros secos. Entre 1983
y 1988, bajo la dirección del arqueólogo
Roberto Gallegos, se estableció una relación
entre la zona arqueológica y el Parque Nacional
de Sedue, se realizaron trabajos de mantenimiento y protección
en el área monumental del sitio, y la reposición
de las techumbres que protegen las lápidas esculpidas.
También se construyeron pozos de absorción
colindantes con el basamento de la Pirámide B y
una serie de drenajes utilizando poliductos ubicados en
la parte superior del basamento y en sus cuerpos.
ARTÍCULO COMPLETO EN
LA EDICIÓN IMPRESA
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• Robert H. Cobean. Doctor en antropología
por la Universidad de Harvard. Investigador en la Dirección
de Estudios Arqueológicos del INAH. Ha colaborado
en proyectos arqueológicos en el área de
Tula, Hidalgo, durante más de 20 años.
• Luis M. Gamboa Cabezas. Maestro en arqueología.
Investigador del Centro INAH Hidalgo, trabaja en la zona
arqueológica de Tula. Se ha especializado en el
estudio de la sociedad tolteca desde una perspectiva urbanística,
y desarrolla un proyecto cartográfico sobre el
crecimiento de la ciudad de Tula.
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