Ti’
Ik’ Way-nal,
“En el Lugar del Abismo Negro”
En
la pintura 2 del Grupo 2 de la cueva de Joljá,
Chiapas, se ven dos personajes y, entre ambos,
un altar que combina su forma con la de la fecha
9 ajaw. Foto: Jorge
Pérez de Lara |
Para
los antiguos mayas, la cueva simbolizó la matriz
o cavidad primordial que generó la vida. Dotada
de oscuridad permanente, la caverna negaba los principios
ordenadores de la superficie terrestre, el espacio
regido por el movimiento del Sol y las estrellas.
Era el espacio alterno de la muerte y la resurrección
de las plantas, los animales y de la propia estirpe
humana.
Regida por deidades
y seres mitológicos de la noche, la cueva se
constituyó como la entrada al mundo subterráneo,
la fauce de la montaña. A menudo, las estalactitas
y estalagmitas fueron visualizadas como los afilados
dientes de esa monstruosa entidad terrestre.
Las cuevas también eran el hábitat de
deidades de la fertilidad, como Chaahk, el dios de la
lluvia, y la diosa lunar, patrona del nacimiento, la
medicina y las aguas subterráneas. Los mayas
yucatecos creían que cuando la Luna desaparecía
del horizonte (durante la conjunción), ella moría
o se iba a dormir a una cueva o un pozo, sólo
para resurgir nuevamente.
Durante la época prehispánica, numerosas
cuevas de la región maya se convirtieron en destinos
de peregrinación y en escenarios de intensa actividad
ritual, particularmente durante el periodo Clásico.
Las ceremonias más comunes fueron las ofrendas
de alimentos e incienso a las deidades, los sacrificios
humanos, los autosacrificios sangrientos, las prácticas
funerarias y los ritos de fertilidad. Algunas cavernas
conservan imágenes y textos glíficos que
revelan la identidad de los piadosos dignatarios que
las visitaron.
Arte
pictórico en
cavernas de Yucatán
El norte de la península yucateca es la región
donde se encuentra la mayor concentración de
pinturas rupestres, particularmente la zona Puuc. Algunas
obras pictóricas de la cueva de Loltún
parecen ser las más antiguas de toda el área
maya. Probablemente son del periodo Protoclásico
(100-300 d.C.); sin embargo, solamente se preservan
fragmentos de algunos personajes y detalles de textos
glíficos. Un texto muestra la fecha 8 muluk,
realizada en un estilo muy temprano. Otro, más
tardío, incluye el nombre de Akan, deidad relacionada
con la muerte y las bebidas alcohólicas. La cueva
de Acum muestra varios ejemplos del dios de la muerte
y uno de ellos lo presenta sosteniendo una antorcha,
como si diera una lúgubre bienvenida a los recién
fallecidos.
Cerca de Loltún se encuentra la cueva de Actún
Ch’on, donde fue plasmada una extraordinaria escena
con tres personajes. El del lado izquierdo cruza un
brazo sobre su pecho y lo posa sobre su hombro, gesto
corporal que indica disposición al diálogo.
Se dirige a un cautivo arrodillado que muestra el pene
erecto y que posiblemente será sacrificado. Por
su estilo, esta obra parece haber sido realizada en
el Clásico Tardío. Como veremos después,
existen otras representaciones de individuos que exhiben
su miembro viril.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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Guillermo Bernal Romero. Maestro en estudios mesoamericanos
(UNAM), con estudios de arqueología (ENAH). Especialista
en escritura glífica maya. Colaborador del Proyecto
Arqueológico Palenque y director del Museo de
Sitio Alberto Ruz Lhuillier (1998-2005). Desde 2006
es investigador del Centro de Estudios Mayas, IIFL,
UNAM.