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OTRAS PÁGINAS
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La Sierra Gorda.
de Querétaro
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Pinal de Amoles, Sierra
Gorda de Queretaro
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DOSSIER
El
mundo de la Sierra Gorda
Margarita Velasco Mireles
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La Sierra Gorda de Querétaro
y regiones adyacentes hacia el año
de 1755. La Sierra Gorda y Costa del Seno
Mexicano, copia de 1792. Archivo General de
la Nación. Foto: Jorge Pablo de Aguinaco
/ grupo azabache
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La
Sierra Gorda es un mundo de contrastes: paisajes
imponentes de montañas que esconden ricos
minerales, bosques húmedos de olorosa
madera, pero a la vuelta del camino el chaparral
espinudo se extiende en el horizonte. La vida
es dura en las montañas: hay frío,
lluvia y empinadas cuestas; largas jornadas
en el interior de las minas. El esfuerzo de
los antiguos agricultores-mineros de la Sierra
Gorda quedó plasmado en obras monumentales,
como las ciudades de Ranas y Toluquilla. Conocer
la Sierra Gorda es un privilegio. |
Medio
ambiente
La Sierra Gorda es un vasto paisaje de montañas,
donde la vista alcanza los picos de la Sierra
Alta de Hidalgo, el pinar del Zamorano, la profunda
cañada del Extorax y más allá
de la cuesta de Huazmazontla, los valles intermontanos
de las cinco misiones y, a la distancia, los
lomeríos de la Huasteca.
Un acercamiento a la historia prehispánica
de la Sierra Gorda debe incluir las características
fisiográficas de la región, determinantes
para entender el desarrollo cultural de los
pueblos que la habitaron. La Sierra Gorda es
un ramal de la Sierra Madre Oriental que abarca
la parte noreste del estado de Hidalgo, toda
la norte de Querétaro, el este de Guanajuato
y el sur de San Luis Potosí. Está
conformada por una serie de cadenas montañosas
paralelas con dirección noroeste-sureste,
principalmente de rocas calizas, formadas por
antiguos lechos marinos durante el Jurásico
y el Cretácico, y la intrusión
de rocas ígneas en etapas tardías,
que dieron origen a los yacimientos minerales
en la sierra. A su vez, la composición
calcárea de las rocas afectadas por la
disolución kárstica ha formado
gran cantidad de cavernas y sótanos,
algunos de ellos de cientos de metros de profundidad
y que han alcanzado fama mundial. Asimismo,
la Sierra Gorda presenta alturas que sobrepasan
los 3 000 msnm y cañones que llegan a
los 700 msnm. La serranía crea una barrera
natural que frena el paso de la humedad que
viene de la zona del Golfo, produciendo el efecto
conocido como sombra de montaña,
por lo cual el sector oriental es favorecido
por la humedad y el occidental sufre de sequía.
La topografía, con fuertes cambios de
altitud, crea una gran variedad de microambientes:
bosques de coníferas y encinares en las
cumbres de las montañas y platanares
y caña de azúcar al abrigo de
las profundas cañadas; hacia la vertiente
oriente, bosques caducifolios; y hacia la parte
occidental de la sierra, en colindancia con
el Altiplano norte, vegetación xerófita
y chaparral en el semidesierto, como efecto
de la sombra pluvial.
Las tres principales corrientes fluviales que
cruzan la Sierra Gorda forman parte de la cuenca
del río Pánuco y corren por profundos
cañones: al norte, el río Santa
María Acapulco y sus afluentes, que marca
el límite entre San Luis Potosí
y Querétaro; en la parte media, el río
Peñamiller-Extorax, que une su caudal
al río Moctezuma, el cual corre por la
parte meridional de la región y marca
el límite entre Querétaro e Hidalgo. |

En la lámina 21
de México Ilustrado (1848), John
Phillips muestra una vista de la Sierra
Gorda desde la zona arqueológica
de Ranas.

El 5 de abril, la
cámara fotográfica sacaba
la primera vista del edificio mayor de Toluquilla.
Ingeniero José Ma. Reyes, 1880.

En 1931, el arqueólogo
Eduardo Noguera y el arquitecto Emilio Cuevas
realizaron un recorrido por las zonas de
Ranas y Toluquilla.
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Plano topográfico
de la antigua ciudad y fortaleza de Ranas.
Levantado y dibujado por Pawell Primer, 1879.
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Plataformas y basamento
piramidal que preside el Juego de Pelota
III, en la zona arqueológica de Ranas.
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Plano topográfico
de la antigua ciudad y fortaleza de Toluquilla.
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El Juego de Pelota núm.
2 de Toluquilla es presidido en su extremo
sur por un basamento piramidal.
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Antecedentes
La arqueología de la Sierra Gorda comienza
poco antes de la segunda mitad del siglo XIX,
cuando cuatro ingenieros de minas reportan los
vestigios arqueológicos que encuentran
en sus recorridos por la sierra: el ingeniero
John Phillips, de la compañía
Real del Monte, en 1848; Bartolomé Ballesteros,
de la Sociedad Mexicana de Geografía
y Estadística, en 1872; Mariano Bárcena,
de la Escuela de Ingenieros, en 1873; y José
María Reyes, también de la Sociedad
Mexicana de Geografía y Estadística,
en 1880. Este último organizó
un expedición con apoyo del gobierno
estatal, en la que participó el ingeniero
Primer Pawell, a quien se debe el levantamiento
de los primeros planos de las zonas arqueológicas
de Ranas y Toluquilla. En su reporte, el ingeniero
Reyes incluyó las primeras fotografías
de los monumentos de esos sitios. Los hallazgos
de la Sierra Gorda despertaron interés
entre la comunidad científica de la época,
pero fue hasta el siglo XX, en 1931, cuando
el arqueólogo Eduardo Noguera y el arquitecto
Emilio Cuevas realizaron un recorrido por parte
de la Dirección de Monumentos Prehispánicos,
de la Secretaría de Agricultura y Fomento,
con el objetivo de evaluar el estado de conservación
de ambas zonas. En 1939, el Instituto Panamericano
de Geografía e Historia publicó
el Atlas de Arqueología de la República
Mexicana; de los 27 sitios reportados para el
estado de Querétaro, 23 se localizan
en la Sierra Gorda. Al inicio de los setenta,
la Secretaría del Patrimonio Nacional
publicó el trabajo interdisciplinario
Minería prehispánica en la Sierra
de Querétaro, coordinado por el ingeniero
Adolphus Langenscheidt, el cual marcó
un hito en el estudio de la minería prehispánica.
También en la década de los setenta
comenzó el Proyecto Arqueológico-Minero
de la Sierra Gorda, coordinado por quien esto
escribe; con apoyo del inah y del gobierno del
estado de Querétaro se llevaron a cabo
exploraciones estratigráficas, y con
apoyo de la unam, los nuevos levantamientos
de las zonas arqueológicas de Ranas y
Toluquilla. Posteriormente, en la década
de los ochenta, se realizaron trabajos de consolidación
en ambas zonas, los que permitieron conocer
las características arquitectónicas
y parte del patrón de asentamiento serrano.
A partir de la década de los ochenta
dieron comienzo otros proyectos arqueológicos,
con enfoques distintos, sobre el desarrollo
cultural de la Sierra Gorda. Como parte del
proyecto Atlas Arqueológico
del inah, se hizo el recuento de zonas arqueológicas
del país; en el norte de Querétaro
se registraron más de 500 sitios. Con
el Proyecto Arqueológico de los Valles
de la Sierra Gorda, el arqueólogo César
Quijada dio inicio al estudio del patrón
de asentamiento en el corredor intermontano
entre Río Verde, San Luis Potosí,
y Jalpán, Querétaro. La arqueóloga
Teresa Muñoz estudia la cerámica
prehispánica, el patrón de asentamiento
y la arquitectura en la parte norte del estado
de Querétaro, además de sus vínculos
con las regiones de Río Verde y la Huasteca.
El arqueólogo Jorge Quiroz retomó
la investigación en el área de
los valles de la Sierra Gorda; con un enfoque
interdisciplinario, se ocupa de la región
desde los cazadores-recolectores del Pleistoceno
hasta la época colonial. Por su parte,
los arqueólogos Elizabeth Mejía
y Alberto Herrera, del Centro INAH Querétaro,
han realizado investigaciones a lo largo de
la Sierra Gorda y enfocado su interés
en los últimos años en las zonas
arqueológicas de Toluquilla y Ranas,
respectivamente. Carlos Viramontes estudia a
los recolectores-cazadores del semidesierto
de Querétaro, subárea cultural
estrechamente vinculada con la Sierra Gorda. |
La
cultura serrana
El poblamiento de la Sierra Gorda se produjo
hacia finales del Preclásico por agricultores
mesoamericanos procedentes de la Costa del Golfo
y del Altiplano, aunque, al parecer, la mayor
parte provenía de las tierras bajas de
la planicie costera, como resultado de un movimiento
poblacional que emigró de la planicie
costera y se replegó hacia las laderas
y montañas de la Sierra Madre Oriental,
desde el sur de Tamaulipas hasta el norte de
Hidalgo. Esos agricultores colonizaron la sierra,
se adaptaron a las condiciones ambientales y
aprovecharon los recursos de la región.
La topografía montañosa obligó
a los agricultores a cultivar los valles intermontanos,
los planes y las laderas de los cerros, y desmontaron
el bosque para aprovechar la tierra. El relieve
montañoso también los obligó
a buscar fuentes de agua para asegurar el abasto
de la población. Los ríos corren
por cañadas profundas y estrechas, que
dificultan su aprovechamiento, no así
los manantiales y los pequeños cuerpos
de agua y lagunetas, que fueron las fuentes
más aprovechadas para el consumo diario.
Entre los siglos VI al X d.C. se produjo el
apogeo de la Sierra Gorda. Para esta época,
la población serrana se había
incrementado y el gran número de asentamientos
a lo largo de la sierra dan cuenta de un desarrollo
exitoso, sustentado en una economía basada
en la agricultura y la minería. Es el
momento en el que surgen ciudades como Ranas
y Toluquilla.
Un desarrollo agrícola eficiente permitió
cubrir las necesidades de la población,
que contaba para esa época con un complejo
sistema de terrazas de cultivo sobre las laderas
y en los pliegues de las montañas, construidas
por medio de muros de lajas y lodo, conocidos
como pretiles, usados hoy día
por los campesinos, ya que controlan la erosión
y retienen la humedad del suelo.
Otro factor importante de la economía
serrana fue la minería. Ésta llegó
a la Sierra Gorda durante el Preclásico
Superior, introducida por mineros conocedores
del oficio, que desarrollaron y perfeccionaron
la técnica de explotación de los
yacimientos, de acuerdo con las características
geológicas de la región, donde
el cinabrio (sulfuro de mercurio), entre otros
minerales, desempeñó un papel
importante. Debe destacarse que la minería,
es decir, la actividad de detectar, excavar
y extraer los minerales, incluía una
compleja cadena de tareas debidamente organizadas
por el grupo en el poder, que, en una sociedad
jerarquizada, era el que programaba las distintas
etapas de trabajo: designaba el sitio de explotación,
asignaba tareas, abastecía suministros
y, lo más importante, recolectaba el
producto de la jornada para tasarlo, empacarlo
y almacenarlo para su traslado de la mina a
los almacenes, para, posteriormente, disponer
del valioso producto en el intercambio de bienes
suntuarios mediante las complejas redes de comercio
local o a larga distancia. La Sierra Gorda debió
cubrir buena parte de la demanda de pigmento
rojo de cinabrio en el mercado mesoamericano.
El patrón de asentamiento en la Sierra
Gorda estuvo determinado por la topografía;
los asentamientos se encuentran en la parte
alta de los cerros, en las laderas o en puntos
estratégicos como puertos, planes, cañadas
o divisaderos, que permitían el control
de la región. Es claro que también
hubo una jerarquía en los asentamientos,
de acuerdo con su función. Así,
había desde los grandes centros de poder
como Ranas y Toluquilla, con una estructura
urbana bien planificada, hasta pequeñas
unidades de población asociadas a las
labores agrícolas, los campamentos mineros,
la vigilancia (atalayas) y las garitas.
Arquitectura
La arquitectura adquirió entonces características
distintivas que se pueden observar en los centros
urbanos mayores, donde la disposición
de los basamentos piramidales y las estructuras
de juego de pelota marcaban la pauta del desarrollo
constructivo, y alrededor de las cuales se abrían
las plazas y se disponían los edificios
administrativos y habitacionales. Las estructuras
de planta rectangular y circular se combinaban
en el entramado urbano y se manejaban el talud
rematado por la cornisa volada, las escaleras
semicirculares y los afloramientos de la roca
madre del cerro, que se integraban al paisaje
urbano; todos éstos son elementos distintivos
de la arquitectura regional. Los serranos edificaron
sus estructuras bajo ciertos patrones constructivos:
nivelado el terreno, se apilaban piedras y tierra
para formar el núcleo del edificio y
éste se revestía con un muro de
lajas trabajadas burdamente, para finalmente
colocar una cubierta de lajas calizas bien careadas,
unidas con mortero de arcilla. Las piedras eran
colocadas cuidadosamente y no hay evidencia
de que tuvieran una cubierta de estuco, como
es usual en otros lugares de Mesoamérica.
Sin embargo, sería un error pensar que
lo que conocemos como Sierra Gorda, culturalmente
hablando, sea una unidad homogénea. Gracias
a las recientes exploraciones arqueológicas
se identifican subregiones, donde se marcan
con mayor o menor intensidad los vínculos
con las regiones culturales vecinas, como la
Huasteca, Río Verde, el Tunal Grande,
o con algunos de los cazadores-recolectores
del Altiplano norte, poblaciones con las que
los agricultores-mineros de la Sierra Gorda
mantuvieron relación a lo largo de su
historia. Es interesante resaltar que la Sierra
Gorda mantuvo vínculos más estrechos
con sus vecinos del oeste, norte y este, que
con los pueblos del Altiplano, con quienes parece
distanciarse. |

Nuestro amigo, el señor
Sotero, agricultor
y minero de la Sierra Gorda queretana,
nos muestra una bocamina prehispánica.

Los afloramientos rocosos
del cerro fueron aprovechados como parte
del sistema constructivo.
Las vasijas eran parte
de las ofrendas funerarias. Algunas contenían
alimentos y otras, estaban asociadas al
juego o contenían cinabrio.
Vaso de tecalli o alabastro
que formaba parte de la ofrenda de un personaje
de la jerarquía gobernante de Ranas.
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Enterramientos
Poco hemos podido avanzar en el conocimiento
del pensamiento mágico-religioso de la
población serrana, pues no han llegado
hasta nosotros los elementos iconográficos
que permitan identificar cuáles eran
sus deidades más importantes, su calendario
religioso, sus festividades, etc. Sin embargo,
se observa en el sistema funerario de los serranos
el concepto de la vida más allá
de la muerte. Algunos de los entierros se encuentran
asociados a elementos constructivos: al interior
de casas habitación, a los templos, como
ofrenda a la construcción en los muros
de contención de grandes plataformas,
asociados a las estructuras de juego de pelota,
etc. Los individuos, algunos de ellos sacrificados,
eran amortajados en posición flexionada
(fetal), con los brazos por debajo de las rodillas
o cruzados sobre el pecho. Los bultos mortuorios
eran depositados sobre el terreno acompañados
por una vasija que posiblemente contenía
algún alimento; después eran cubiertos
de tierra y encima se colocaba una cubierta
de piedras y más tierra, para sellar
el piso. La mayor parte de los enterramientos
localizados hasta ahora son entierros múltiples.
La fluctuación de la frontera norte
de Mesoamérica
Hacia el siglo XI de nuestra era, la Sierra
Gorda experimentó el colapso que puso
fin al desarrollo serrano. En el desplome de
la Sierra Gorda debió intervenir una
acumulación de factores, que a lo largo
de los siguientes 350 años afectó
a todos los pueblos de la frontera norte. Pedro
Armillas atribuye la contracción de la
frontera a cambios climáticos al final
del primer milenio, mientras que Enrique Nalda
señala que se debió a fenómenos
sociales por modificaciones en las estructuras
internas de la sociedad, esto en la parte sur
del Bajío. La Sierra Gorda sufrió
el embate de los cambios y el efecto de ello
fue el abandono de la región, lo que
posiblemente ocurrió de forma gradual.
Las evidencias arqueológicas en Ranas
y Toluquilla muestran un abandono ordenado,
sin violencia por parte de la elite gobernante,
mientras que los agricultores y mineros estuvieron
arraigados en la región algún
tiempo más, hasta el avance de los pueblos
cazadores-recolectores que merodeaban por la
Sierra y que se adueñaron de las tierras
de los antiguos agricultores y lograron desplazarlos.
Se cierra así un capítulo de la
historia serrana. A los nuevos pobladores de
la Sierra Gorda y sus contornos se les conoce
en las fuentes históricas coloniales
como chichimecas, término
genérico dado a los grupos de cazadores-recolectores
del norte. En el caso de la población
chichimeca de la Sierra Gorda, las fuentes mencionan
a los ximpeces, pames y jonaces. Los pames y
jonaces eran pueblos otomianos (quizá
también los ximpeces) pertenecientes
al tronco lingüístico otomangue;
según los estudios lingüísticos,
tanto la lengua pame y sus dialectos como el
chichimeco-jonaz están estrechamen-te
emparentados, aunque culturalmente presentaban
diferencias. Para los siglos XVII y XVIII los
pames ocupaban el sector oriental de la sierra
y los jonaces se distribuían por la parte
occidental.
Conquista y evangelización
Luego del sometimiento de los pueblos del centro
de México por los conquistadores hispanos,
se desarrolló un creciente interés
por conocer el potencial económico de
las tierras del norte, vista como una promesa
de fama y fortuna para las oleadas de nuevos
colonos que arribaban a la Nueva España.
Sin embargo, nunca se imaginaron el desgaste
que significaría enfrentarse a las aguerridas
naciones del norte, pueblos de cazadores-recolectores
nómadas, las tribus chichimecas. Durante
la segunda mitad del siglo XVI se forjó
el camino de la plata, que conducía
a las minas de plata de Zacatecas, y a la par
se desarrolló el conflicto de la Guerra
Chichimeca, la cual puso de manifiesto la capacidad
guerrera de los norteños para defender
su territorio, que significó 40 años
de conflicto bélico. Al final se firmó
la paz; el altiplano norte quedó en manos
de los españoles y una parte de los chichimecas
terminó sufriendo el yugo hispano y otra
continuó defendiendo su libertad en las
montañas.
Durante el siglo XVI la Sierra Gorda o Cerro
Gordo, como también se le llama,
era un territorio poco conocido; los poblados
fundados en sus contornos formaban un cerco
desde donde partían los colonos en busca
de tierras para asentarse, metales que explotar
y pastos para sus ganados; asimismo, los militares
buscaban resguardar los intereses de la corona
y los misioneros ejercer su labor evangelizadora.
Todos tuvieron dificultades para llevar a cabo
su propósito. Los chichimecas pames y
jonaces darían la batalla para evitar
ser sometidos y despojados de sus tierras desde
la segunda mitad del siglo XVI hasta mediados
del XVIII.
Los primeros intentos misionales por evangelizar
la Sierra Gorda comenzaron con los franciscanos
por la parte occidental y los agustinos por
la oriental; para finales del siglo XVII franciscanos
y dominicos continuaban tratando de establecerse
en la región con la ayuda de escoltas
militares, sin lograrlo. Para el siglo XVIII,
los rebeldes chichimecas seguían alzados,
defendiendo su territorio, sin embargo, el interés
de los españoles establecidos en torno
a la Sierra Gorda era mantener la guerra ya
que faltaban tierras y la guerra daba una ocupación,
dinero y títulos. La situación
no podía continuar indefinidamente; el
virreinato estaba decidido a terminar con ese
manchón de gentilidad tan
próximo a la capital. A partir de 1740,
las fuerzas militares encabezadas por el coronel
José de Escandón quien un
año después sería nombrado
capitán general de la Sierra Gorda
y fray José Ortés de Velasco del
colegio de Propaganda Fide de San Fernando de
México, nombrado comisario de las misiones
para la reconquista espiritual de la Sierra
Gorda juntaron sus fuerzas para
dar paso a una nueva etapa en la historia serrana:
el control de la región y la sumisión
de los pueblos pames y jonaces.
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Margarita Velasco Mireles. Pasante de la maestría
en arqueología. Investigadora en la Dirección
de Estudios Arqueológicos del INAH. Directora
del Proyecto Arqueológico-Minero de Sierra
Gorda. |
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En este
mapa del siglo XVI se ejemplifican las tensas
relaciones entre esos grupos nómadas
y los colonizadores españoles. San
Miguel y San Felipe de los Chichimecas.
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Presidio
de la provincia de Pánuco en Jalpan.
Durante el siglo XVI, en las zonas de conflicto
entre españoles y chichimecas se establecieron
guarniciones defensivas, conocidas como presidios.
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ESPECIAL
30
VIGENTE
LA RELIGIÓN MEXICA
Catálogo de dioses
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