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San Lorenzo, Veracruz, al igual que muchas capitales
antiguas y actuales del mundo, dominó un punto
estratégico, lo que le permitió controlar
la comunicación y el transporte terrestre y acuático.
Antaño, esta temprana capital olmeca se extendió
sobre una gran “isla” tropical, delimitada
por ríos navegables y grandes llanuras de inundación
en la cuenca baja del río Coatzacoalcos. Este entorno,
fuente de abundantes recursos alimenticios para su creciente
población, fue parte de los factores que facilitaron
su destacado desarrollo sociopolítico.
La ocupación más antigua de San Lorenzo
abarca dos fases: 1) la fase Ojochi, designada a partir
del gran árbol conocido como ojoche (Brosimum alicastrum),
que lamentablemente ya no existe pero hasta hace pocos
años fue el ser viviente más antiguo del
sitio; 2) y la fase Bajío. Desde estas fases, que
van de 1500 a 1200 a.C., los fundadores buscaron un terreno
elevado y seguro para construir sus viviendas y protegerse
de las inundaciones anuales. En el lomerío bajo
que cruza la isla en sentido norte-sur, los primeros olmecas
fundaron en un punto alto y céntrico una aldea
importante, San Lorenzo, la cual llegó a tener
entre 100 y 200 habitantes antes de 1200 a.C. La región
en que se hizo el re-conocimiento de superficie, que abarca
400 km2, contaba con pocos habitantes, entre 426 y 1 017
personas.
Por ese tiempo los olmecas emprendieron la construcción
de montículos bajos en las grandes llanuras húmedas
alrededor del sitio, con el propósito de explotar
intensivamente los recursos. En cada uno de los 47 montículos
bajos, que llamamos islotes, se llevaban a cabo actividades
como la pesca, la caza, la recolección y la agricultura
de inundación o recesión. El control exclusivo
por parte de las familias fundadoras de los recursos de
las llanuras mediante los islotes, pudo ser uno de los
detonantes de la complejidad social. La temprana coordinación
de la mano de obra para crear islotes quizá haya
tenido un trasfondo cosmo-lógico, pues las “islas”–las
pequeñas islas-islotes dentro de una isla de mayor
tamaño– recuerdan uno de los conceptos cosmológicos
más duraderos de Mesoamérica, el del “cerro
sagrado”, que se concibe como un cerro rodeado por
agua.
Entre 1200 y 850 a.C., se disparó el crecimiento
poblacional y se intensificaron las actividades productivas
y de subsistencia, con un progresivo interés en
el cultivo de maíz. Una de las más notables
actividades constructivas fue la modificación del
terreno donde se encuentra San Lorenzo. Mediante millones
de metros cúbicos de rellenos sedimentarios se
le dio una nueva forma al sitio y se crearon distintos
niveles de terrazas habitacionales alrededor de la cima
de la loma. Este magno esfuerzo es testimonio de una planificación
que no tiene paralelo en otros sitios de la misma época.
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EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Ann Cyphers. Doctora por
la UNAM. Investigadora del Instituto de Investigaciones
Antropológicas (IIA), UNAM. Miembro del Comité
Científico-Editorial de esta revista. |