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En tiempos prehispánicos, la sexualidad culturalmente
exacerbada y formalizada tenía una importancia
vital. Contenida por diques socio-éticos que
las leyes y la moral vigentes establecían para
la vida cotidiana, era ritualmente canalizada para
lograr efectos mágico-religiosos o se desparramaba
más espontáneamente en espacios y momentos
socialmente definidos.
Numerosas son las culturas mesoamericanas cuyas manifestaciones
artísticas revelan un verdadero culto a distintas
partes erógenas del cuerpo. Entre las distintas
etnias en las que la sexualidad fue culturalmente
manifiesta (figs. 1 y 2) destaca la huasteca, cuyos
aparentes “excesos” fueron denunciados
tanto por los conquistadores como por algunos pueblos
indígenas del Centro de México, quizá
influidos en su juicio por los españoles.
LA MALA FAMA DE LOS
HUASTECOS
Como en otros aspectos de las culturas mesoamericanas,
la visión de los conquistadores y la interpretación
de los hechos que ven (o creen ver) están distorsionados
por una mala percepción y por la incomprensión.
Bernal Díaz del Castillo expresa en estos términos
lo que le contaron sus compañeros y algunos
informantes indígenas:
Eran todos sométicos, en especial los que vivían
en la costa y tierra caliente. [...] tenían
excesos carnales hijos con madres y hermanos con hermanas
y tíos con sobrinas, halláronse muchos
que tenían este vicio de esta torpedad; pues
de borrachos no les sé decir de tantas suciedades
que entre ellos pasaban (Díaz del Castillo,
t. III, p. 230).
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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• Patrick Johansson K. Doctor en letras por
la Universidad de París (Sorbona). Investigador
del Instituto de Investigaciones Históricas
y profesor de literatura náhuatl en la Facultad
de Filosofía y Letras, ambos en la UNAM. |