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Cenotes en el área maya

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DESCUBRIMIENTO: Hallazgo de lápida monumental, Tlaltecuhtli. Los huesos del Cenote Sagrado. Chichén Itzá, Yucatán

La diosa Tlaltecuhtli

Cementerios acuáticos mayas
DOSIER: Los cenotes en el área maya El cenote Ziiz Ha.
Los cenotes de la península de Yucatán Los cenotes en la actualidad
Cenotes y asentamientos humanos en Yucatán Guía de Viajeros. Cenotes en la península de Yucatán
Bolonchén, Campeche PIEZA: El Cascajal, Jaltipan, Veracruz
El cenote Xlacah. Dzibilchaltún, Yucatán ARQUEOLOGÍA: Artesanos y barro
El Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán DOCUMENTO: Códice de Huichapan

DOSIER

Los cenotes en la actualidad
Entre la veneración y la explotación
Luis Alberto Martos López

Los cenotes siguen teniendo una enorme importancia. Aunque subsisten ciertas prácticas de su antigua veneración, es claro que su significado dista mucho de lo que eran para los antiguos mayas. Hoy día, su valor está asociado al turismo, que florece en varias regiones, sin dejar de lado el abastecimiento de agua que proporcionan. Para cuidar estos mantos acuíferos se requiere del compromiso de autoridades, ciudadanos, empresas constructoras y turísticas, así como del propio turista.


Altar prehispánico en un abrigo del cenote Nohcabchen, Quintana Roo. Foto: Patricia Carrillo

El abastecimiento de agua en Yucatán fue y sigue siendo un grave problema para el hombre maya, pues aunque a lo largo de seis u ocho meses caen lluvias más o menos abundantes, el periodo de sequía suele ser severo y puede prolongarse por cuatro o seis meses. Por otra parte, la constitución geológica calcárea de la península es causa de que el agua difícilmente se conserve en la superficie y se filtre hasta los mantos freáticos, que suelen ser profundos. Por ello, los cenotes fueron para los antiguos mayas de Yucatán fuente primordial de agua y de vida, razón y corazón de los asentamientos, notables elementos de la geografía sagrada, escenarios simbólicos y espacios para el desarrollo de rituales de lluvia, de vida, de muerte, de renacimiento y de fertilidad.
Las dinastías divinas de gobernantes mayas sabían que el control práctico y simbólico de los cenotes significaba el control político y social sobre la vida y la muerte; de ahí su profunda y antigua veneración, claramente demostrada por los altares y adoratorios erigidos junto a ellos y por las abundantes ofrendas que yacen en el fondo de sus profundas aguas azules.

IMPORTANCIA DE LOS CENOTES
Tras la conquista de Yucatán, los padres franciscanos aprendieron pronto la vieja lección sobre el control del agua y la vida, y edificaron grandes conventos en los lugares más densamente poblados, en donde había cenotes que aseguraban el adecuado aprovisionamiento del vital líquido. En muchos casos, los pozos y las norias se construyeron justo encima, como menciona fray Diego de Landa en el capítulo XLIV de su Relación de las cosas de Yucatán: “Estos zenotes son de muy lindas aguas y muy de ver, que hay algunos de peña tajada hasta el agua y otros con algunas bocas que les creó Dios […] Los que éstos alcanzaban bebían de ellos; los que no, hacían pozos […] Pero ya no sólo les hemos dado industria para hacer buenos pozos sino muy lindas norias con estanques de donde, como en fuentes, toman agua”.
En la actualidad los cenotes aún constituyen la fuente primordial para el aprovisionamiento de agua de las poblaciones de la península; aun las pujantes ciudades de Mérida, Cancún o Playa del Carmen dependen de los mantos acuíferos para su desarrollo. De igual modo, subsisten ciertas prácticas de la antigua veneración de los cenotes, pues los campesinos mayas suelen realizar rituales en estos espectaculares escenarios naturales.
Para los mayas de Yucatán, los chacs o chaces, dioses de la lluvia, habitan en el fondo de los cenotes, y por ello son objeto de culto y veneración. En algunas comunidades creen que los traviesos aluxes, espíritus o duendecillos de los montes, habitan en las cavernas y en los cenotes, y por lo tanto, es necesario procurarlos con ofrendas; de igual manera, está muy generalizada la creencia de que ahí viven ciertos seres míticos, como la sukan, serpiente gigante que guarda los mantos de la vital sustancia. Esta idea, en apariencia fundada en la existencia de una singular anguila que habita en aguas cavernosas, parece ser una reminiscencia de la antigua serpiente celeste, relacionada con la lluvia, y de la terrestre, asociada a las corrientes de agua superficiales y que son conocidas como chicchán por los actuales mayas chortí.

LUGARES DE CULTO
Hoy día, como parte de los rituales en los cenotes se extrae agua de las cavernas más profundas: la sagrada zuhuy-ha, es decir, el agua virgen, sin contaminación, pues no ha sido vista por mujer alguna y ni tocada siquiera por la luz. Esta agua virgen sirve en diversos rituales, entre los que destaca el de la célebre ceremonia del ch’a-chak, evocación de un culto ancestral con evidente significación agrícola, pues se trata de una petición de lluvias. En esta ceremonia, que suele realizarse durante los periodos de sequía, el h-men o “hacedor” maya levanta un altar de madera precedido por una cruz, ante el cual presenta la ofrenda, quema incienso y eleva plegarias al cielo, mientras cuatro hombres, apostados en las esquinas, producen sonidos que imitan al trueno y arrojan el agua sagrada sobre las ofrendas; de igual modo, cuatro niños, acurrucados en las esquinas del altar, imitan el croar de las ranas.
En numerosas poblaciones, la ceremonia del ch’a-chak suele realizarse junto a la boca de un cenote, como ocurre en la población de Tres Reyes, Quintana Roo, en donde el ritual se lleva a cabo a un lado de una enorme “rejoyada” o dolina, gran depresión natural en cuyo fondo hay un pequeño cenote. Lo mismo sucede en Punta Laguna, Quintana Roo, en donde a un costado de la boca del célebre Cenote Calaveras hay un altar de cruces vestidas con hipil, vestido tradicional femenino maya.

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Luis Alberto Martos López. Arqueólogo por la ENAH y candidato a doctor en antropología por la misma escuela. Director de estudios arqueológicos del INAH y del proyecto arqueológico Plan de Ayutla, en Chiapas.

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Los mexicas ante el cosmos
Alfredo López Austin
La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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