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Hacia 1831, el arquitecto
alemán Carl Nebel (1805-1855) emprendió
desde la ciudad de México una expedición
a los densos bosques tropicales del Totonacapan, la cual
le implicó un gasto de 1 200 pesos y una terrible
enfermedad que lo dejaría inactivo durante varios
meses. Muy grande, sin embargo, fue la retribución
a sus esfuerzos, pues tuvo la oportunidad de documentar
gráficamente las ruinas veracruzanas de Mapilca,
El Tajín y Tuzapan. Al llegar al segundo de estos
sitios, Nebel ordenó cortar los árboles
que crecían en torno a la Pirámide de los
Nichos para delinear un boceto que, tiempo después,
serviría de base a la litografía más
espectacular de su álbum Voyage pittoresque et
archéologique..., publicado por primera vez en
París en 1836. Situándose frente a la fachada
oriental, trazó una reconstitución geométrica
–sin desplomes ni faltantes, aunque con las alfardas
figuradas como si fueran escalinatas laterales–
con el fin de que el interesado pudiera obtener medidas
exactas de cualquier elemento arquitectónico a
partir de la imagen. Es por ello que en la litografía
resultante los seis cuerpos y la capilla de lajas de arenisca
surgen intactos de la vegetación, superponiéndose
con elegancia hasta alcanzar unos 25 m de altura.
En el texto explicativo correspondiente, Nebel enfatiza
que se requiere de un “conocimiento local muy particular”
para ubicar estas ruinas y, sobre todo, de “una
voluntad muy decidida para vencer los obstáculos
que presentan la travesía de un monte virgen”.
Ahí mismo, el alemán se hace pasar como
el primer occidental que puso el pie en la bella pirámide:
“Aunque mencionada por el barón de Humboldt
y otros... nunca ha sido dibujada, ni aun se ha tenido
una relación exacta sobre ella. Conocida sólo
de reputación, nadie la ha visto, excepto algunos
indios de las inmediaciones”.
La
visita de Diego Ruiz
Lejos de lo afirmado, a fines del siglo xviii
El Tajín ya había recibido a dos visitantes
que nos dejaron testimonios de los monumentos más
insignes. Uno de ellos fue Diego Ruiz, quien en marzo
de 1785 se topó con la Pirámide de los Nichos
en el transcurso de una inspección en busca de
plantíos clandestinos de tabaco. La visita quedó
registrada en un artículo anónimo que apareció
en el número 42 de la Gazeta de México,
el martes 12 de julio de ese mismo año. Por su
gran trascendencia para la historia de la arqueología
mexicana, aquí se transcribe íntegramente
el artículo.
El texto fue acompañado por un grabado en cobre,
firmado en el ángulo inferior izquierdo por un
tal “García” y con la glosa “ORIENTE”
al pie de la escalinata. Se trata, en realidad, de una
reconstrucción del edificio. Curiosamente, nada
se observa de “los crecidos árboles”
y las raíces mencionadas en el texto, menos aún
de la broza y la hojarasca; la vegetación se limita
a un par de diminutas plantas.
Todo parece indicar que muy pronto tendremos nuevos datos
sobre esta visita pionera, pues, en su último libro
sobre El Tajín, Arturo Pascual nos informa acerca
del hallazgo y próxima publicación de importantes
documentos inéditos de Diego Ruiz. Por el momento,
contentémonos con señalar que el artículo
anónimo de la Gazeta de México tuvo una
repercusión inmediata en los círculos ilustrados
novohispanos y europeos de fines del siglo xviii.
Por ejemplo, los anticuarios José Antonio Alzate
(1737-1799) y Ciriaco González Carvajal (1745-ca.
1832) se refieren a este descubrimiento en sus respectivos
escritos.
José Pichardo (1748-1812), religioso de la orden
de San Felipe Neri, también supo reconocer su enorme
trascendencia. En 1803, envió a Roma un ejemplar
de la Gazeta de México de 1785 y otro del suplemento
de la Gazeta de Literatura de 1791, este último
con el famoso estudio de Alzate sobre las ruinas de Xochicalco.
El destinatario fue el jesuita e historiador exiliado
Andrés Cavo (1739-1803), quien justo antes de morir
turnó ambos documentos a otro miembro de la orden
que durante el destierro se había vuelto experto
en la arquitectura clásica romana: Pedro José
Márquez (1741-1820). Éste recibió
con tal beneplácito las publicaciones que en unos
cuantos meses compuso Due antichi monumenti di architettura
messicana, impreso en 1804 por Il Salomoni. En dicho ensayo
Márquez no se limita a elaborar “un extracto
para adaptar las noticias al talento de la docta nación
italiana”, sino que además se da a la tarea
de ir “agregando reflexiones” propias.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN
IMPRESA
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Leonardo López Luján. Doctor en arqueología
por la Université de Paris X-Nanterre. Director
del Proyecto Templo Mayor, inah.
Investiga los orígenes de la arqueología
mexicana en el siglo xviii.
Miembro del Comité Científico-Editorial
de esta revista. |