arqueología mexicana
los huastecos


El Adolescente, Tamohi San Luis Potosí. MNA

ÍNDICE 79 Erotismo y sexualidad entre los huastecos
Los huastecos ARTÏCULO GENERAL: Mesoamérica: una civilización originaria

La Huasteca: historia y cultura

REGIONES MESOAMERICANAS: La arqueología de El Salvador
Tamohi, San Luis Potosí DOCUMENTO: Códice Laud
La escultura huaxteca CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO: Periplos
Trabajos huastecos en concha GUÍA DE VIAJEROS: La región huasteca





DOSIER

Tamohi, San Luis Potosí
Diana Zaragoza Ocaña, Patricio Dávila Cabrera


Detalle de una pintura mural en un altar de Tamohi, descubierto por Wilfrido Du Solier. Se ven unos personajes en procesión, probablemente dioses y guerreros, delineados en rojo y negro sobre el color natural del aplanado.
Dibujo: Magda Juárez / Raíces

Tamohi es una ciudad prehispánica de la Huasteca potosina en la que se conjuntan la belleza del paisaje y los logros culturales. Además de palacios y edificios, en el sitio se encuentran altares ornamentados con extraordinarias pinturas murales, en las cuales los antiguos habitantes plasmaron parte de su pensamiento simbólico.

La extensa ciudad de Tamohi es conocida en la literatura antropológica simplemente como Tamuín, e incluso con el nombre del rancho donde se encuentra: El Consuelo, en el municipio de Tamuín, San Luis Potosí. Fue construida apenas unos dos o tres siglos antes de la llegada de los españoles, por lo que tuvo un breve desarrollo, hasta su repentino abandono en el siglo XVI. Se localiza en la ribera derecha del río Tampaón, que es parte del sistema hidráulico del río Pánuco. Ocupa una extensión de alrededor de 210 ha y posee una intrincada traza urbana; sus construcciones se encuentran tanto sobre prominencias naturales como sobre grandes plataformas que sirven de basamento a varios conjuntos con funciones cívicas, religiosas y habitacionales. Por sus dimensiones y características, se puede afirmar que Tamohi fue uno de los centros huastecos más importantes en el último periodo prehispánico.
La distribución de este centro urbano estaba en función de grandes plataformas multifuncionales muy elevadas, pues las periódicas inundaciones, que renovaban la fertilidad de los suelos, limitaron los lugares en los que se podía construir. Por ello, las casas de la gente común se encuentran en las laderas altas aledañas a las plataformas y sobre otras lomas vecinas, donde se construyeron pequeñas terrazas que albergaban habitaciones y huertos.
Por hallarse a la orilla del río, el comercio fluvial adquirió una enorme trascendencia. Tamohi contaba con varios atracaderos y, así, desde el río, los mercaderes, los visitantes y los mismos pobladores ascendían por medio de rampas y bancales a espacios sucesivamente más restringidos, que lo mismo funcionaban como mercado que para realizar reuniones religiosas e incluso de carácter político-administrativo. De esta forma, en determinados días en las plazas se efectuaban ritos públicos, mientras que en otros se congregaba a los moradores locales y aledaños para eventos cívicos y, de igual modo, en otros se intercambiaban mercancías locales por las que procedían de remotas comarcas.

ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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• Diana Zaragoza Ocaña. Doctora en antropología por la UNAM, con especialidad en arqueología. Trabaja en la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH y realiza investigaciones en la región Huasteca.
• Patricio Dávila Cabrera. Maestro en ciencias antropológicas, con especialidad en arqueología. Trabaja en la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH y estudia la cronología de la región Huasteca.




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