La poética arquitectónica
de Agustín Hernández nace de un
gran amor por nuestra cultura enterrada de más
de tres mil años de antigüedad,
según relata el hombre cuya tesis de 1954
elogiaron ampliamente Diego Rivera y el Dr. Atl
por su interés en el México antiguo.
El apoyo de estos artistas motivó a Agustín
Hernández para buscar en esa fuente aquello
que pudiera aplicar a una obra contemporánea.
Hoy su arquitectura se distingue por su acentuado
carácter prehispánico, con frecuentes
alusiones a símbolos y dioses como la serpiente,
Tláloc, el ik maya e incluso el Chac Mool,
cuya figura ha reelaborado Hernández como
parte de la labor escultórica paralela
a su obra como arquitecto. El origen del polémico
Chac Mool ha sido discutido por numerosos investigadores,
quienes lo han considerado un guerrero divinizado,
un hombre-dios, una víctima sacrificial
en honor del agua, un sacerdote o bien una deidad
particular. Incluso estudiosos como Patricia Sierra
Longega han lanzado la premisa de que el Chac
Mool no sólo podría estar relacionado
con el agua y la lluvia sino también con
el pulque y la embriaguez.
A su vez, Alfredo López Austin y Leonardo
López Luján han establecido que
la forma y el significado del Chac Mool
se modifican dependiendo de la ubicación
geográfica, cronológica y cultural.
De acuerdo con ellos la morfología de esta
imagen es ideal para la realización de
al menos tres usos rituales evidentes: ofrenda,
recipiente para los corazones sacrificados y piedra
de sacrificios.
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Magali Tercero. Cronista y editora. Obtuvo el
premio 2005 del Primer Concurso Nacional de Crónica
Urbana de la Universidad Autónoma de la
Ciudad de México. Fue jefa de redacción
de Artes de México (1989-1998) y ha colaborado
en El País, Milenio, La Tempestad, Fahrenheit,
Confabulario (de El Universal) y Arquine.