arqueología mexicana
LOS DIOSES DE LA LLUVIA

ÍNDICE 96  
Los dioses de la lluvia en Mesoamérica El culto a la lluvia en la Colonia
El dios de la lluvia olmeca El culto a las deidades de la lluvia, Guerrero
Personajes enmascarados, Oaxaca Ch’a Cháak. Plegaria por la lluvia
Chaac, la sacralidad del agua Imágenes de Tláloc en el muralismo
Tláloc, dios de la lluvia y de la Tierra ARQUEOLOGÍA: Ocotelulco a 19 años
Tláloc en El Tajín, Veracruz ARQUEOLOGÍA HISTÓRICA: Las páteras virreinales
Tláloc y las metáforas para hacer llover DOCUMENTOS: Primeros Memoriales
Aguas petrificadas, Tenochtitlán HISTORIAS DE LOS CÓDICES: El Códice Muro
Las fiestas del Posclásico a los dioses CUENTO HISTÓRICO : Águila perseguida

Tláloc, el antiguo
dios de la lluvia y
de la Tierra en el
Centro de México

Guilhem Olivier

 

 

 

 

En distintos sitios arqueológicos, que abarcan desde el Preclásico hasta la conquista española, se han encontrado ollas Tláloc enterradas en muchas ofrendas. Algunas de esas ollas estaban llenas de piedras de jade que simbolizan el agua. A menudo, la posición acostada de esos recipientes parece aludir a la actuación de los tlaloque, que vertían con estas ollas el vital líquido sobre la Tierra. Olla Tláloc. Tula, Hidalgo. MNA.
Foto: Boris de Swan / Raíces

Según el Códice Aubin, un relato en lengua náhuatl del siglo XVI, después de la aparición portentosa del águila sobre el nopal que señaló ante los mexicas el sitio de la fundación de Mexico-Tenochtitlan, un sacerdote llamado Axolohua fue sumergido en la laguna. Al día siguiente Axolohua volvió a aparecer y contó lo siguiente: “Fuí a ver a Tláloc, porque me llamó, dijo: Ha llegado mi hijo Huitzilopochtli, pues aquí será su casa. Pues él la dedicará porque aquí viviremos unidos sobre la tierra”. De esta manera Tláloc, una de las deidades más antiguas de Mesoamérica, recibió a “su hijo” Huitzilopochtli, dios joven de los mexicas recién llegados, y anunció que ambos compartirían el dominio sobre la nueva capital. Aquí y en otros contextos como la caída de Tollan, Tláloc actúa como una deidad que otorga “el valor, el mando”, es decir, el poder, una función del dios de la lluvia que ha sido destacada por José Contel (2008). Por lo anterior, el Templo Mayor de Tenochtitlan estaría compuesto por una gran pirámide doble, con dos “capillas” en su cúspide: una del lado sur, dedicada a Huitzilopochtli, y otra del lado norte, dedicada a Tláloc.
Ahora bien, conviene detenernos sobre la antigüedad de este dios en el Centro de México. Un hallazgo reciente en el sitio de La Laguna (Tlaxcala) es un fragmento de una máscara o de un incensario que representa el dios de la tormenta, antecedente del Preclásico (600-400 a.C.) de Tláloc (Carballo, 2007). Se encontraron en el sitio de Tlapacoya, también del Preclásico (en la Cuenca de México), botellones antropomorfos de cerámica que podrían ser los prototipos de las famosas ollas Tláloc que aparecieron en Teotihuacan. La gran difusión hasta el Posclásico de este tipo de ollas a lo largo y ancho
de Mesoamérica ha sido estudiada por Leonardo López Luján (2006, I, pp. 140-143). Esos recipientes han sido hallados en los grandes sitios del México central como Teotihuacan, Tula y Xochicalco, pero también en lugares donde había manantiales, como Chapultepec, y en la cumbre de importantes montañas como el Cerro Tláloc, destacado santuario dedicado a esta deidad.

La iconografía de Tláloc
Además de las numerosas ollas Tláloc mencionadas, el dios de la lluvia fue representado en Mesoamérica también en pinturas murales (por ejemplo en Teotihuacan, en esculturas, en bajorrelieves y en códices. Los círculos alrededor de los ojos y los grandes colmillos constituyen rasgos característicos de Tláloc. A partir del estudio de una estatua que se conserva en la colección Uhde en Berlín, Eduard Seler (1963) demostró que esos motivos se originaron a partir de dos serpientes enroscadas
–que formaron los círculos de los ojos– cuyas fauces encontradas crearon la boca de Tláloc. En los códices, su cuerpo está pintado de negro, de amarillo o de verde, lleva atavíos de papel salpicado de hule y su tocado se compone de ojos estelares, así como de plumas de quetzal y de garza. Tláloc ostenta muchos atavíos de jade –del cual se decía que era “el cuerpo de los tlaloque”–, símbolo del agua, como orejeras, collar, y también lleva un pectoral de oro. Entre los elementos que carga el dios destaca un palo serpentiforme, a menudo pintado de azul, que representa al rayo.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Guilhem Olivier. Doctor en historia, Investigador del IIH de la UNAM. Autor de Tezcatlipoca. Burlas y metamorfosis de un dios azteca (FCE, México, 2004) y coordinador de Símbolos de poder en Mesoamérica (IIH, IIA, UNAM, 2008).




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