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El
Vaso de Princeton
Un
ejemplo del estilo códice
Erik Velásquez García
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Una
de las tradiciones pictóricas con mayor
virtuosismo en el arte del periodo Clásico
es el estilo códice, que fue plasmado
sobre vasijas de cerámica entre 672 y
731 d.C. Se trata de una técnica caracterizada
por dibujos sobre fondo claro, que se utilizaba
en la cuenca de El Mirador, Guatemala, y la
región de Calakmul, Campeche. Las escenas
y textos mitológicos plasmados en ese
estilo constituyen una rica fuente de información
sobre la narrativa y el panteón sagrado
de los mayas. Entre sus máximos ejemplos
se encuentra el Vaso de Princeton, obra destacada
del arte pictórico mesoamericano.
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Vaso de Princeton, también conocido como
Vaso Widenmann, es una de las obras maestras del
estilo códice y del arte pictórico
maya; fue restaurado por Robert Sonin. Mildred
F. y William Kaplan, de Nueva York, fueron sus
propietarios. En 1975 fue donado al Museo de Arte
de la Universidad de Princeton por la Fundación
Hans y Dorothy Widenmann. Para celebrar la adquisición
de esta pieza, el museo organizó en 1978
la exposición “Lords of the Underworld:
Masterpieces of Classic Maya Ceramics”,
cuyo catálogo fue escrito por Michael D.
Coe. Vaso de Princeton. Altura: 21.5 cm; diámetro
16.6 cm. Procedencia desconocida. Museo de Arte
de la Universidad de Princeton. Foto:
© Justin Kerr K511 |
A
principios de la década de los setenta la comunidad
académica tuvo conocimiento de diversos vasos
mayas de procedencia incierta. Al cabo de poco tiempo,
los estudiosos reconocieron en esas obras un estilo
peculiar que se caracteriza por escenas y textos jeroglíficos
ejecutados con líneas oscuras, plasmadas sobre
un fondo crema. El espacio pictórico solía
enmarcarse entre bandas rojas, ubicadas en los bordes
de las vasijas, atributos semejantes a los de los manuscritos
mayas conocidos del Posclásico Tardío.
Debido a lo anterior, Michael D. Coe conjeturó
que los pintores de esas vasijas eran también
autores de los códices, razón por la que
acuñó el término de “estilo
códice” para designar a esas vasijas cuyo
origen se desconocía.
De acuerdo con Dorie J. Reents-Budet, esa tradición
cerámica fue elaborada entre 672 y 731 d.C. Por
su tipo y variedad se agrupan bajo la categoría
Policromo Crema Zacatal, que se distribuye en diferentes
lugares del Petén y en el extremo sur de Campeche.
Las vasijas estilo códice se caracterizan por
la buena calidad de sus arcillas y técnicas de
cocción, así como por el uso de desgrasantes
(arenas minerales que se agregan al barro para darle
una consistencia y poder modelarlo) de carbonato. El
color blanquecino de sus paredes se debe a que están
bañadas por un engobe (solución fina de
agua y barro con que se recubre la vasija) de arcilla
fina, cremosa, mate y sin bruñir. Algunas piezas
presentan un tono amarillo muy ligero, pues el baño
contiene pequeñas cantidades de hierro. En Calakmul
han aparecido ejemplos de vasijas estilo códice
tanto con fondo amarillo como crema, mientras que en
el Petén guatemalteco, en sitios como El Mirador,
La Muerta, La Muralla, Nakbé, Pacaya, Porvenir,
Tintal y Zacatal, sólo se han encontrado tiestos
y vasijas con fondo crema. Las imágenes, textos
y bandas rojas fueron pintadas sobre el engobe, antes
de la cocción, misma que alcanzaba entre 800
y 900 °C. Algunas piezas presentan restos de bandas
de estuco que fueron aplicadas sobre los labios de las
vasijas después del horneado y que están
pintadas de azul.
En las escenas plasmadas se observa un claro predominio
del dibujo a línea sobre la aplicación
de áreas de color. Es propio del estilo códice
el uso de líneas negras o café oscuro
ejecutadas con destreza, firmeza y claridad; en algunas
ocasiones se acentuaban ciertas figuras o cartuchos
jeroglíficos por medio de discretas líneas
rojas o baños diluidos de color ocre. Típicas
del estilo son las mencionadas bandas rojas que se extienden
por los bordes superior o inferior de los vasos, o a
lo largo de la circunferencia de los platos. Las bandas
pueden estar delimitadas por finas líneas negras
que en ocasiones son dobles o triples.
El repertorio de formas incluye platos extendidos o
lak, platos hondos o trípodes (jawante’),
diversas escudillas de paredes divergentes y vasos cilíndricos
(uch’ib’ o uk’ib’). Con menos
frecuencia encontramos vasos de superficies acanaladas,
jarras, copas o tazas con asa y botellas de cuellos
angostos llamadas “frascos veneneros”, pero
que en realidad servían para guardar tabaco en
polvo.
Diversas modalidades en el grosor de la línea
y variedades en la composición química
de las pastas atestiguan el trabajo de distintos artistas
y talleres. Algunas obras se caracterizan por su homogeneidad
en el grosor de la línea, mientras que otras
combinan trazos gruesos y delgados. Hay pintores que
aprovechan todas las posibilidades del pincel al adelgazar
o engrosar segmentos de una sola línea, logrando
un efecto caligráfico. Algunos usan el recurso
de líneas extremadamente finas, a manera de cabello,
mientras que otros aplican pigmento negro sobre algunas
áreas de fondo crema, logrando la sensación
de pintura al negativo.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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Erik Velásquez García. Maestro en historia
del arte y candidato a doctor en la misma especialidad.
Investigador en el Instituto de Investigaciones Estéticas,
UNAM. Se especializa en arte y escritura jeroglífica
maya, ámbito en el que imparte clases en la Facultad
de Filosofía y Letras, UNAM, y en los Maya Meetings,
Universidad de Texas, Austin.
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ESPECIAL
29
VIGENTE
CÓDICE NUTTALL
Segunda parte
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