arqueología mexicana
DE LA CRóNICA A LA ARQUEoLOGíA

ÍNDICE 99  
Del cronista al arqueólogo CELEBRACIÓN: Visión de los vencidos…
Cempoala, Veracruz ARQUEOLOGÍA: El oro en el área mesoamericana
Tenochtitlan y Tlatelolco La momia de la Sierra Gorda de Querétaro
Tzintzuntzan, Michoacán ETNOLOGÍA: El píib maya
Viajeros y cronistas, Mitla, Oaxaca HISTORIA DE LOS CÓDICES: Códice Ixtlilxóchitl
Reencuentro con la Mérida ancestral DOCUMENTO: Códice Aubin

Visión de los vencidos…
o la palabra de la otredad

Eduardo Matos Moctezuma


Foto: Melitón Tapia / DMC, INAH

Durante la celebración del 50 aniversario de la primera edición de Visión de los vencidos (1959) –realizada en el Auditorio Jaime Torres Bodet del MNA–, el INAH entregó al doctor Miguel León-Portilla, El Caballero Águila, escultura que representa a un guerrero mexica y que es la máxima distinción que otorga la institución a catedráticos y académicos que han hecho grandes contribuciones al conocimiento de la historia nacional. En esa ocasión, Eduardo Matos Moctezuma dirigió unas palabras al Dr. Miguel León-Portilla.

No ha pasado mucho tiempo que en el seno de la Universidad Nacional Autónoma de México se realizó un homenaje por los 50 años de la primera edición de la tesis de Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl. Tuve el privilegio de ser invitado a participar junto con un grupo destacado de académicos que se dieron a la tarea de rememorar las diversas facetas del autor y su enorme trascendencia en el conocimiento del México antiguo y colonial. Colaboré en aquel acto con la ponencia titulada “Voces que fueron, voces que son…” (en Vivir la historia. Homenaje a Miguel León-Portilla, UNAM, México, pp. 109-115, 2008), en donde rememoraba a quienes, en el pasado, habían dejado sentir su parecer en defensa del indio sojuzgado y también a relevar la importancia de la edición de La filosofía náhuatl la que, no me cabe la menor duda, se constituye, junto con Visión de los vencidos, en dos pilares insubstituibles de las palabras negadas que cobran presencia y fuerza en la vasta producción del autor.
Hoy, una vez más, me siento honrado de estar aquí frente a ustedes para recordar 50 años de la primera edición de Visión de los vencidos. Empecemos…

I

¡Cuán difícil resulta para el vencido en guerra poder dar su versión de lo ocurrido…! Y es que el vencedor, que todo lo avasalla, no abre el menor resquicio por medio del cual el denostado pueda, siquiera por un momento, erguir la cabeza para contar la tragedia que sufre en carne propia. A la humillación de la derrota se une la imposición de todo tipo que lo deja en un plano de inferioridad que difícilmente puede sortear para tratar de encauzar su vida por otros derroteros, pues la libertad se ausenta de manera irremediable. ¡Ay de los vencidos…!, dijo Breno, jefe galo, quien para levantar el sitio de Roma pidió cierta cantidad de oro la cual le fue entregada, pero pronto se dieron cuenta los cónsules romanos encargados de entregar el rescate por su ciudad que las balanzas en que se pesaba el oro estaban manipuladas, por lo que elevaron su protesta ante Breno. Éste dejó caer su pesada espada sobre las balanzas y espetó la terrible frase que ha pasado a ser proverbio pleno de realidad: Vae victis.

Las anteriores palabras sirvieron como introito a la edición que preparé del Relato de la Conquista, escrito en 1528 por un indígena anónimo de Tlatelolco, que da su propia versión de los hechos ocurridos desde la llegada de los españoles hasta la derrota mexica el 13 de agosto de 1521 (UNAM, México, 2006, pp. 7-19). Y es precisamente esta fecha en la que nace el infortunio de los conquistados, que ven cómo su ciudad de Tenochtitlan es sistemáticamente destruida y sus dioses mutilados.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA


La Expulsión

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