En la
naturaleza del fenómeno volcánico
destacan tres factores: la distribución
espacial de los volcanes, la distribución
temporal, y la naturaleza e intensidad de la
actividad volcánica.

La erupción del volcán
El Chichón fue de tipo pliniano, que
se caracteriza por la emisión de potentes
columnas eruptivas de las que, por gravedad,
se desprenden piroclastos, rocas ígneas
de tamaño variable, como la que se ve
en la mano de esta persona. Las elevadas temperaturas
de las columnas eruptivas provocan fuertes lluvias
que remueven y arrastran el suelo. Foto:
Guillermo Aldana
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Las
relaciones e interacciones entre entidades tan disímiles
como las sociedades y los volcanes son sumamente complejas
y obedecen a diversos factores. Algunos de ellos son
inherentes a las particularidades culturales e históricas
de las sociedades; otros, a los que haremos referencia
aquí, se refieren a la naturaleza del fenómeno
volcánico. Entre los factores de mayor relevancia
se cuentan los relacionados con la exposición
a la actividad volcánica que en el espacio y
en el tiempo pueda tener una determinada sociedad, lo
que nos lleva a considerar la distribución espacial
y la temporal de los volcanes. De igual importancia
es un tercer factor: la naturaleza e intensidad de la
actividad volcánica, que por su variedad puede
influir de formas muy diferentes (positiva y negativamente)
en la evolución de una sociedad. Aquí
examinaremos brevemente estos tres aspectos, con el
propósito de establecer un marco de referencia
para los estudios del impacto e influencia que el vulcanismo
ha ejercido sobre las sociedades en el pasado.
Distribución
espacial
Los volcanes activos no se encuentran dispersos arbitrariamente
sobre la superficie de la Tierra, sino que se distribuyen
en diferentes regiones definidas por procesos tectónicos
globales, como las interacciones de las placas tectónicas
que conforman la corteza y las corrientes convectivas
del manto terrestre que las mueve. México es
una de esas regiones tectónicamente activas y
los volcanes resultantes de esos procesos son parte
característica del paisaje de muchas regiones
del país, especialmente en la faja central que
se extiende desde Nayarit hasta Veracruz. También
existen zonas volcánicas importantes en Baja
California y en Chiapas. ¿Es coincidencia que
algunas de esas zonas se hallen densamente pobladas?
No lo es. Si bien la actividad volcánica puede
tener efectos destructivos, éstos pueden ser
sobrepasados por sus efectos benéficos. Las tierras
de origen volcánico son fértiles, por
lo general altas, de buen clima, y ello explica el crecimiento
de los centros de población en esos sitios.
Una sociedad asentada en un sitio donde el suelo se
renueva y remineraliza repetidamente por efecto de las
caídas de ceniza que provoca la actividad volcánica,
necesariamente debe adquirir una conciencia de la relación
de beneficio y riesgo que esa actividad representa.
Distribución
temporal
Aparece entonces el segundo factor, que es la frecuencia
de las erupciones, especialmente la de las más
grandes y destructivas. Este segundo factor no es independiente
del primero, ya que la frecuencia de la actividad eruptiva
puede estar relacionada con la intensidad de los procesos
tectónicos en determinada región. Cómo
se distribuyen las erupciones de un volcán o
de un grupo de volcanes en el tiempo es uno de los problemas
fundamentales del análisis del riesgo volcánico.
En términos generales, puede decirse que una
secuencia de erupciones está lejos de ser un
proceso periódico, pues no ocurre en ciclos de
duración definida, y se encuentra más
cerca de un proceso aleatorio. Esto se debe a la gran
cantidad de factores independientes que contribuyen
a generar una erupción. El azar implícito
en las erupciones contribuye en gran medida a que la
percepción del riesgo dependa del predominio
de erupciones menores o de que la tasa en que ocurren
erupciones mayores sea relativamente alta.
Naturaleza
e intensidad de la actividad volcánica
Esos argumentos nos llevan al tercer factor. Es evidente
que una región donde predomina una actividad
volcánica de baja intensidad, que eventualmente
produce erupciones menores cuyo principal efecto son
emisiones moderadas de ceniza que tienden a mejorar
la calidad del suelo, favorecerá el desarrollo
de cualquier sociedad. En contraste, en una región
donde la actividad volcánica se ha manifestado
en intensas erupciones explosivas y devastadoras, será
la causa de graves desastres. La explosividad de las
erupciones, esto es su capacidad destructiva, depende
como todos los procesos volcánicos de una multitud
de parámetros, entre los que destacan cuatro:
la composición del magma; la cantidad de volátiles
como agua, CO2, SO2
y otros gases que lleve en solución; su viscosidad,
que depende de los parámetros anteriores y de
la temperatura, y la velocidad a la que ascienden y
se emiten en la superficie.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
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• Servando de la Cruz Reyna.
Físico por la Facultad de Ciencias de la UNAM.
Maestro en ciencias por la Universidad de Toronto, Canadá,
y doctor en ciencias por la Universidad de Kyoto, Japón.
Investigador del Instituto de Geofísica, UNAM.
Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y del SNI.
Especialista en vulcanología, física del
interior de la Tierra, dinámica de fluidos y
riesgos geológicos.