Es
probable que con la construcción de la laguna
y el convento de Yuriria, los agustinos buscaran crear
un espacio simbólico-litúrgico dentro
y fuera del edificio para el control y desempeño
de las diligencias religiosas y económicas de
la comunidad.
Después de nueve años
de trabajos, el convento de Yuriria quedó
terminado alrededor de 1560. Desde su primera
etapa constructiva tuvo dos claustros y varias
celdas-habitación para los frailes.
Foto: Martín Olmedo
Muñoz |
Entre
las principales obras arquitectónicas e hidráulicas
realizadas en el siglo xvi en la Nueva España,
resaltan por su grandeza el convento y la laguna construidos
en Yuririapúndaro, Guanajuato, lugar cuya etimología
quiere decir “laguna de sangre”. Durante
la época prehispánica la región
se encontraba situada entre los territorios chichimeca
y tarasco. Después de 1521 los gobernadores de
este segundo grupo llegaron a controlar el lugar junto
con esporádicos aliados otomíes. A partir
de 1528, una vez consolidada la conquista de Michoacán,
se creó la encomienda de Yuriria, que fue cedida
al conquistador Juan de Tovar. La vecina Acámbaro,
asignada a Gonzalo Riobó de Sotomayor y evangelizada
por los franciscanos, formaba con Yuriria y el presidio
o fortaleza de Celaya la denominada provincia de Celaya.
Alrededor de 1545, cuando el pueblo pasó a manos
de la corona, se fundó un corregimiento en Yuriria,
pero en 1571 éste fue absorbido por la alcaldía
mayor fundada en el presidio de Celaya.
Como consecuencia de los asentamientos españoles,
la región se convirtió en zona de guerra
debido a los continuos enfrentamientos con los grupos
chichimecas que habitaban del otro lado del río
Lerma. Para consolidar la ocupación o “pacificación”
de la zona, llegaron los agustinos en 1550, durante
uno de los periodos en que fray Alonso de la Veracruz
ocupó el provincialato de la orden. Este religioso
estaba interesado en afianzar la presencia agustina
en una región dominada por las fundaciones franciscanas.
Fue así que promovió la creación
de varios conventos de su orden tanto en la entrada
de la tierra caliente como en la frontera chichimeca.
Diego de Basalenque, cronista agustino del siglo XVII,
menciona que el provincial De la Veracruz fue quien
decidió colocar a fray Diego de Chávez
en el pueblo, pues ya conocía sus métodos
doctrinales y la ayuda que había prestado en
la creación de Tiripetío, la primera fundación
agustina en Michoacán.
Fray Diego de Chávez nació en Badajoz,
España. Hijo de García de Alvarado y Teresa
de Osma, llegó a México con sus tíos
Pedro y Jorge de Alvarado. En 1535 profesó el
hábito agustino en el convento de México
como Diego de San Miguel. Tuvo de maestro de novicios
a fray Juan de San Román, con quien comenzó
las primeras fundaciones agustinas en el occidente del
reino novohispano. El padre Chávez tuvo mucha
influencia dentro de la orden en el siglo XVI, fue prior
de los conventos de Tacámbaro, Tiripetío
y Yuriria. Le ofrecieron el obispado de Puebla pero
nunca accedió al cargo. En los últimos
días de su vida aceptó el obispado de
Michoacán. No obstante, no llegó a consagrarse,
pues murió en Valladolid de camino a México
el 14 de febrero de 1573.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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• Antonio Rubial García. Doctor en filosofía
y letras por la Universidad de Sevilla y en historia
por la UNAM. Se ha especializado en la historia social
y cultural del virreinato. Autor de varios trabajos
sobre los agustinos, la historia de la Iglesia novohispana
y la religiosidad.
• Martín Olmedo Muñoz. Maestro en
historia por la UNAM. Su especialidad es la historia
cultural del siglo XVI. Actualmente prepara su proyecto
de doctorado sobre la orden agustina novohispana en
el siglo XVI.